reflexiones, relaciones

El silencio también es una respuesta.

El silencio también es una respuesta.

A veces no queda de otra, por más que quisieras que hubiera otra, esa es.

A veces puede ser decepcionante, pensar cómo es que alguien no puede simplemente decir algo… algo… ¡lo que sea!

Y a pesar de saber que si lo piensas mucho vas a terminar haciendo un desmadre de suposiciones, confusiones y caos, necesitas ponerle palabras.

A veces el silencio es claramente la respuesta que quieren darte, pero no te basta porque piensas que realmente no es suficiente, “¿eso es todo?, ¿en serio ya no hay más?… debe haber más…”

A veces no comprendes cómo las personas pueden elegir no decir algo, algo que aclare, que borre las dudas, que defina algo, no comprendes como es que prefieren dejarlo así, todo abierto, todo difuso. A veces sí lo comprendes.

A veces la calma llega sólo cuando lo decides así, cuando decides que el silencio sí es una respuesta… cuando la tomas, la integras y sigues.

Lucía Victoria

opiniones, reflexiones, relaciones, respeto, vida

¿Te eres fiel?

La infidelidad que más fácilmente cometemos y de la que menos nos damos cuenta es la infidelidad hacia nosotros mismos.

El no escucharnos y no darle prioridad a nuestras necesidades hace mucho más fácil que ni siquiera identifiquemos lo que realmente queremos. Y por eso nos resulta más fácil o conocido basar nuestras decisiones en lo que pensamos, en la idea que tenemos de lo que es adecuado para nosotros mismos, según lo que es considerado correcto o incorrecto. Si ponemos atención con más conciencia en lo que sentimos podríamos detectar cuándo estamos siendo infieles a lo que sentimos: cuando hacemos algo que no nos gusta sólo por agradar a alguien más, cuando seguimos soportando una situación por miedo, por vergüenza, por no atrevernos a decidir otra cosa, cuando no somos capaces de decir que no a lo que no queremos, cuando anteponemos los deseos o el bienestar de otra persona por encima del nuestro, cuando no le damos valor a lo que sentimos u opinamos, cuando repetimos automáticamente lo que se hace en nuestra familia aunque eso no nos esté haciendo bien o simplemente cuando tenemos ganas de llorar y nos aguantamos “para no hacer un drama”.

¿Por qué aprendimos a reprimirnos así?
¿Por qué aprendimos a no escucharnos?

Pudo ser simplemente un día en que siendo niños alguien dijo algo que nosotros interpretamos o sentimos como una idea de éstas. “No es importante lo que digas”, “no importa lo que sientas, tienes que hacer lo que te dicen que hagas”, “así se hace en esta familia y así debes hacerlo”, “no puedes cambiar de opinión”, “no está bien llorar”, etc.

Es bueno identificar lo que sentimos y quitarnos ideas que ya no nos funcionan. Si escuchamos con sinceridad lo que sentimos y hacemos lo necesario para cuidarnos a nosotros mismos estaremos alcanzando una manera de vivir mucho más ligera y amorosa.

Lucía Victoria

pensamientos, reflexiones

Lo lamento.

Si hace tiempo hice algo que te hizo daño… si algo que hice o no hice te hizo a ti sentir agredida(o), humillada(o), desvalorizada(o), ridiculizada(o)… hoy te digo que realmente lo siento.

Puede ser que sin haber tenido intención te hiciera daño, entiendo que pude no haber hecho las cosas de la mejor manera, que en ese momento no sabía algunas cosas que ahora sé, que no tenía las mismas herramientas que tengo ahora y que no había visto algunas cosas que ahora puedo ver, y entiendo que ese no era tu problema en ese momento; era mío. Hoy tomo responsabilidad por lo que hice, por lo que no supe hacer diferente. Me hago responsable de las consecuencias que eso trajo a mi vida y a la tuya. De la culpa que eso me trajo me hago cargo; de lo que viví después de hacerlo me hago cargo. Entiendo que tú tampoco reaccionaste de la mejor manera en algún momento pues te sentías agredida(o). Te dejo la responsabilidad de lo tuyo a ti. No soy la misma persona que en ese momento; tengo otras ideas, otra perspectiva, veo a las personas de otra manera cada vez que aprendo algo de alguien. Hoy te miro diferente y te agradezco lo que me enseñas.

El tiempo me ha permitido ver la vida de otra manera y me ha llevado a desear haber dicho lo siento de otra forma. Por eso, hoy, desde lo más profundo de mi corazón y con toda mi humildad te digo:
Lo lamento. Estoy aprendiendo a hacerlo diferente.

Lucía Victoria

opiniones, pensamientos, vida

¿Tú también aprendiste que “está mal” decir NO?

Muchas personas hemos sido educadas desde la culpa. No estoy diciendo que esté bien o que esté mal, de hecho evito (cuando puedo) calificar con algunas de estas dos palabras cualquier cosa. Prefiero enfocarme en los resultados que nos traen las cosas como las hacemos para luego preguntarnos si queremos seguir haciéndolo igual o mejor cambiamos la manera.

El asunto es que si nos ponemos a recordar cómo se solían relacionar los adultos con los niños, muchas veces podemos identificar situaciones en las que se hacía a través de la culpa. Hay muchas personas que cuando los hijos no hacen caso se enojan, les dicen cosas como “tú tienes la culpa de que ___(te grite, me enoje, te pegue, etc.)”; cuando llega visita y el niño o niña saluda pero no quiere dar beso le dicen cosas como “¿no le vas a dar beso a tu tía?, ¡qué feo!, ¡pobrecita de tu tía, va a llorar!”, a veces hasta fingen que están llorando 😳🙄… (el objetivo pareciera ser que el niño se sienta culpable y que los adultos logren lo que quieren). A muchos se les ha educado de manera que el mensaje recibido es que hay que complacer a los mayores, hay que hacerles caso, no hay que decirles que no porque eso los hace ser groseros o malos. O se les ha hecho sentir rechazados o no queridos como castigo por no haber permitido que se transgredieran sus límites personales. (Quiero recalcar que esto de lo que hablo es diferente a los límites que tienen que ver con la disciplina y educación, por ejemplo cuando un niño no quiere levantarse temprano pero hay que levantarse temprano para ir a la escuela y entonces ponemos límites y consecuencias; no estoy hablando de dejarlos hacer lo que quieran siempre). Y entonces, en lugar de recibir el mensaje que los papás desearían realmente para sus hijos, los hijos reciben el mensaje de que hay que ser complacientes, de que a veces hay que dejar que traspasen sus límites e incluso que para ser queridos y aceptados es necesario hacer cosas aunque no les gusten tanto.

Es a esto a lo que le llamo cultura de la culpa. Esto que en algún momento a todos nos hace más difícil poder decir “NO QUIERO” cuando alguien nos ofrece algo que no queremos, cuando nos piden un favor que se nos dificulta por cualquier razón o cuando nos invitan a algún lugar que no queremos ir, y solemos sustituir por la frase “NO PUEDO por…”.

– Quiero invitarte a tomar un café para conocernos mejor.

– Hmm, gracias pero no puedo porque tengo otro compromiso… (Cuando realmente simplemente ¡no queremos!; ¡y si no queremos pues no queremos!)

De hecho, ¿quién no ha hecho un favor que no quería hacer pero terminó haciéndolo porque no fue capaz de decir que no?, aunque haya representado verse en un apuro o batallar con alguna cosa o incluso haber dejado de hacer algo que tenía programado en ese momento con tal de que la otra persona no se enojara o “se sintiera”.

¡La culpa!

Que el otro no se enoje, que no piense que no lo quiero, que no se siente mal… que no lo malinterprete. (Como si realmente pudiéramos controlar lo que los demás piensan y sienten 🤷🏻‍♀️)

¡Qué pesada la culpa!

Y así vamos creciendo, sintiendo que somos culpables de algunas cosas, de no hacerle algún favor a un conocido, de no hacer sentir bien a alguien, de haberle roto el corazón a alguien por haber tomado una decisión que necesitábamos tomar por nuestro bien… y hasta pensando que por eso merecemos castigos (divinos o de cualquier tipo), que no merecemos cosas buenas, que no merecemos ser nuestra prioridad y cuidarnos a nosotros mismos de las cosas que no nos hacen bien.

Y yendo un poco más lejos, luego nos preguntamos por qué una niña no es capaz de decir que no quiere algo que le parece incómodo o incorrecto, cuando alguien está abusando de su confianza o cuando quieren aprovecharse de su inseguridad, esa inseguridad y confusión que se le ha creado a raíz de que nadie le dijo que estaba bien decir que no cuando no quería (nadie le enseñó a expresar lo que sentía, a entender que lo que siente sí es importante y que también es importante poner sus límites). Entonces, si el tío o amigo de la familia que es muy querido está pasando el límite abrazando a la niña de una manera indebida, la niña siente incomodidad, pero no es capaz de decirle a nadie porque duda si eso está bien o no, duda si debe ser complaciente y evitar conflictos, duda incluso si sólo se lo está imaginando o ella lo está malinterpretando. Cuando lo que debería saber es que si ella se siente incómoda (incluso aunque el tío no lo esté haciendo con una intención indebida) ella podría decir que no le gusta. ¿Por qué es tan difícil para ella decir que esa manera de abrazar le incomoda?, ¿es más importante lo que el tío sienta si se le pide no hacer algo específico?, ¿por qué?, ¿pueden ver lo incongruente?

Imaginen toda esta culpa junto con “los secretos” que hay en las familias; no es una sorpresa que en este país tengamos los índices más elevados en abuso sexual infantil.

Y bueno, tales consecuencias no sólo alcanzan a los niños, también a los adultos, como antes mencioné. No es raro encontrarme personas en terapia que comentan que les es muy difícil poner límites, poder decir que NO cuando no quieren hacer algo, etc. Hay muchos adultos que terminan haciendo cosas que realmente no quieren hacer porque el miedo de ser rechazados o no aceptados por alguien si no hacen cierta cosa es más grande que la lógica del momento.

No estoy proponiendo que no hagamos nunca favores o que nos volvamos personas enfocadas solamente en nosotros mismos, que hagamos todo lo que nos da nuestra gana sin importar los demás ni que seamos groseros. Lo que propongo es que seamos más conscientes sobre cómo nos relacionamos con las personas y cómo le enseñamos a los pequeños a relacionarse con las personas. La disciplina, la comunicación, los límites, las reglas y consecuencias congruentes y los acuerdos claro que son muy importantes siempre en nuestras relaciones humanas, entonces traería buenos resultados aprender nuevas maneras de relacionarnos con las personas sin necesidad de usar la culpa y el castigo como se ha usado ya. Aprender a relacionarnos tomando responsabilidad de nuestras propias emociones y sentimientos y dejándoles la responsabilidad de sus propios sentimientos a los demás, como adultos que pueden hacerse cargo de ellos (si no pueden hacerse cargo, es asunto de ellos buscar cómo manejarlo, [en terapia los recibimos con los brazos abiertos 👐]); luego comunicarnos de manera adecuada para llegar a acuerdos si es necesario.

Existe información sobre éstas nuevas maneras, los invito a documentarse al respecto y así crear relaciones más conscientes y sanas, en las que sí podemos marcar nuestros límites en todos los sentidos y no dudemos en ponerlos claros. Vale el esfuerzo aprender nuevas formas. Todos lo merecemos.

Lucía Victoria

pensamientos, reflexiones, vida

Lo que vemos afuera, está adentro.

Muchas veces puedo ser muy ingenua, confío mucho en las personas y creo que es por que mis pensamientos no son maliciosos. Si es verdad que lo que vemos en los demás es lo que poseemos entonces tiene sentido. Tengo buenas intenciones. Hago cosas extrañas a veces, con buenas intenciones. Y entonces entiendo, que cuando las personas no ven esa intención, pensando que mi intención es egoísta, negativa o haciendo cualquier otro juicio, están reflejando lo que hay dentro de ellas mismas. Sé que la gente ve lo que ve por alguna razón, es algo que comprendo después de haber escuchado tantas historias en cientos de consultas de terapia. Todos tenemos razones, para lo que hacemos queriendo y lo que hacemos sin querer. Simplemente así es.

Lo que vemos más en los demás, lo vemos porque lo reconocemos en nosotros mismos.

Lo entiendo y no lo juzgo, y porque no lo juzgo sigo eligiendo primero confiar.

Lucía Victoria