opiniones, reflexiones, relaciones, respeto, vida

¿Te eres fiel?

La infidelidad que más fácilmente cometemos y de la que menos nos damos cuenta es la infidelidad hacia nosotros mismos.

El no escucharnos y no darle prioridad a nuestras necesidades hace mucho más fácil que ni siquiera identifiquemos lo que realmente queremos. Y por eso nos resulta más fácil o conocido basar nuestras decisiones en lo que pensamos, en la idea que tenemos de lo que es adecuado para nosotros mismos, según lo que es considerado correcto o incorrecto. Si ponemos atención con más conciencia en lo que sentimos podríamos detectar cuándo estamos siendo infieles a lo que sentimos: cuando hacemos algo que no nos gusta sólo por agradar a alguien más, cuando seguimos soportando una situación por miedo, por vergüenza, por no atrevernos a decidir otra cosa, cuando no somos capaces de decir que no a lo que no queremos, cuando anteponemos los deseos o el bienestar de otra persona por encima del nuestro, cuando no le damos valor a lo que sentimos u opinamos, cuando repetimos automáticamente lo que se hace en nuestra familia aunque eso no nos esté haciendo bien o simplemente cuando tenemos ganas de llorar y nos aguantamos “para no hacer un drama”.

¿Por qué aprendimos a reprimirnos así?
¿Por qué aprendimos a no escucharnos?

Pudo ser simplemente un día en que siendo niños alguien dijo algo que nosotros interpretamos o sentimos como una idea de éstas. “No es importante lo que digas”, “no importa lo que sientas, tienes que hacer lo que te dicen que hagas”, “así se hace en esta familia y así debes hacerlo”, “no puedes cambiar de opinión”, “no está bien llorar”, etc.

Es bueno identificar lo que sentimos y quitarnos ideas que ya no nos funcionan. Si escuchamos con sinceridad lo que sentimos y hacemos lo necesario para cuidarnos a nosotros mismos estaremos alcanzando una manera de vivir mucho más ligera y amorosa.

Lucía Victoria

pensamientos, reflexiones

Lo lamento.

Si hace tiempo hice algo que te hizo daño… si algo que hice o no hice te hizo a ti sentir agredida(o), humillada(o), desvalorizada(o), ridiculizada(o)… hoy te digo que realmente lo siento.

Puede ser que sin haber tenido intención te hiciera daño, entiendo que pude no haber hecho las cosas de la mejor manera, que en ese momento no sabía algunas cosas que ahora sé, que no tenía las mismas herramientas que tengo ahora y que no había visto algunas cosas que ahora puedo ver, y entiendo que ese no era tu problema en ese momento; era mío. Hoy tomo responsabilidad por lo que hice, por lo que no supe hacer diferente. Me hago responsable de las consecuencias que eso trajo a mi vida y a la tuya. De la culpa que eso me trajo me hago cargo; de lo que viví después de hacerlo me hago cargo. Entiendo que tú tampoco reaccionaste de la mejor manera en algún momento pues te sentías agredida(o). Te dejo la responsabilidad de lo tuyo a ti. No soy la misma persona que en ese momento; tengo otras ideas, otra perspectiva, veo a las personas de otra manera cada vez que aprendo algo de alguien. Hoy te miro diferente y te agradezco lo que me enseñas.

El tiempo me ha permitido ver la vida de otra manera y me ha llevado a desear haber dicho lo siento de otra forma. Por eso, hoy, desde lo más profundo de mi corazón y con toda mi humildad te digo:
Lo lamento. Estoy aprendiendo a hacerlo diferente.

Lucía Victoria

opiniones, pensamientos, vida

¿Tú también aprendiste que “está mal” decir NO?

Muchas personas hemos sido educadas desde la culpa. No estoy diciendo que esté bien o que esté mal, de hecho evito (cuando puedo) calificar con algunas de estas dos palabras cualquier cosa. Prefiero enfocarme en los resultados que nos traen las cosas como las hacemos para luego preguntarnos si queremos seguir haciéndolo igual o mejor cambiamos la manera.

El asunto es que si nos ponemos a recordar cómo se solían relacionar los adultos con los niños, muchas veces podemos identificar situaciones en las que se hacía a través de la culpa. Hay muchas personas que cuando los hijos no hacen caso se enojan, les dicen cosas como “tú tienes la culpa de que ___(te grite, me enoje, te pegue, etc.)”; cuando llega visita y el niño o niña saluda pero no quiere dar beso le dicen cosas como “¿no le vas a dar beso a tu tía?, ¡qué feo!, ¡pobrecita de tu tía, va a llorar!”, a veces hasta fingen que están llorando 😳🙄… (el objetivo pareciera ser que el niño se sienta culpable y que los adultos logren lo que quieren). A muchos se les ha educado de manera que el mensaje recibido es que hay que complacer a los mayores, hay que hacerles caso, no hay que decirles que no porque eso los hace ser groseros o malos. O se les ha hecho sentir rechazados o no queridos como castigo por no haber permitido que se transgredieran sus límites personales. (Quiero recalcar que esto de lo que hablo es diferente a los límites que tienen que ver con la disciplina y educación, por ejemplo cuando un niño no quiere levantarse temprano pero hay que levantarse temprano para ir a la escuela y entonces ponemos límites y consecuencias; no estoy hablando de dejarlos hacer lo que quieran siempre). Y entonces, en lugar de recibir el mensaje que los papás desearían realmente para sus hijos, los hijos reciben el mensaje de que hay que ser complacientes, de que a veces hay que dejar que traspasen sus límites e incluso que para ser queridos y aceptados es necesario hacer cosas aunque no les gusten tanto.

Es a esto a lo que le llamo cultura de la culpa. Esto que en algún momento a todos nos hace más difícil poder decir “NO QUIERO” cuando alguien nos ofrece algo que no queremos, cuando nos piden un favor que se nos dificulta por cualquier razón o cuando nos invitan a algún lugar que no queremos ir, y solemos sustituir por la frase “NO PUEDO por…”.

– Quiero invitarte a tomar un café para conocernos mejor.

– Hmm, gracias pero no puedo porque tengo otro compromiso… (Cuando realmente simplemente ¡no queremos!; ¡y si no queremos pues no queremos!)

De hecho, ¿quién no ha hecho un favor que no quería hacer pero terminó haciéndolo porque no fue capaz de decir que no?, aunque haya representado verse en un apuro o batallar con alguna cosa o incluso haber dejado de hacer algo que tenía programado en ese momento con tal de que la otra persona no se enojara o “se sintiera”.

¡La culpa!

Que el otro no se enoje, que no piense que no lo quiero, que no se siente mal… que no lo malinterprete. (Como si realmente pudiéramos controlar lo que los demás piensan y sienten 🤷🏻‍♀️)

¡Qué pesada la culpa!

Y así vamos creciendo, sintiendo que somos culpables de algunas cosas, de no hacerle algún favor a un conocido, de no hacer sentir bien a alguien, de haberle roto el corazón a alguien por haber tomado una decisión que necesitábamos tomar por nuestro bien… y hasta pensando que por eso merecemos castigos (divinos o de cualquier tipo), que no merecemos cosas buenas, que no merecemos ser nuestra prioridad y cuidarnos a nosotros mismos de las cosas que no nos hacen bien.

Y yendo un poco más lejos, luego nos preguntamos por qué una niña no es capaz de decir que no quiere algo que le parece incómodo o incorrecto, cuando alguien está abusando de su confianza o cuando quieren aprovecharse de su inseguridad, esa inseguridad y confusión que se le ha creado a raíz de que nadie le dijo que estaba bien decir que no cuando no quería (nadie le enseñó a expresar lo que sentía, a entender que lo que siente sí es importante y que también es importante poner sus límites). Entonces, si el tío o amigo de la familia que es muy querido está pasando el límite abrazando a la niña de una manera indebida, la niña siente incomodidad, pero no es capaz de decirle a nadie porque duda si eso está bien o no, duda si debe ser complaciente y evitar conflictos, duda incluso si sólo se lo está imaginando o ella lo está malinterpretando. Cuando lo que debería saber es que si ella se siente incómoda (incluso aunque el tío no lo esté haciendo con una intención indebida) ella podría decir que no le gusta. ¿Por qué es tan difícil para ella decir que esa manera de abrazar le incomoda?, ¿es más importante lo que el tío sienta si se le pide no hacer algo específico?, ¿por qué?, ¿pueden ver lo incongruente?

Imaginen toda esta culpa junto con “los secretos” que hay en las familias; no es una sorpresa que en este país tengamos los índices más elevados en abuso sexual infantil.

Y bueno, tales consecuencias no sólo alcanzan a los niños, también a los adultos, como antes mencioné. No es raro encontrarme personas en terapia que comentan que les es muy difícil poner límites, poder decir que NO cuando no quieren hacer algo, etc. Hay muchos adultos que terminan haciendo cosas que realmente no quieren hacer porque el miedo de ser rechazados o no aceptados por alguien si no hacen cierta cosa es más grande que la lógica del momento.

No estoy proponiendo que no hagamos nunca favores o que nos volvamos personas enfocadas solamente en nosotros mismos, que hagamos todo lo que nos da nuestra gana sin importar los demás ni que seamos groseros. Lo que propongo es que seamos más conscientes sobre cómo nos relacionamos con las personas y cómo le enseñamos a los pequeños a relacionarse con las personas. La disciplina, la comunicación, los límites, las reglas y consecuencias congruentes y los acuerdos claro que son muy importantes siempre en nuestras relaciones humanas, entonces traería buenos resultados aprender nuevas maneras de relacionarnos con las personas sin necesidad de usar la culpa y el castigo como se ha usado ya. Aprender a relacionarnos tomando responsabilidad de nuestras propias emociones y sentimientos y dejándoles la responsabilidad de sus propios sentimientos a los demás, como adultos que pueden hacerse cargo de ellos (si no pueden hacerse cargo, es asunto de ellos buscar cómo manejarlo, [en terapia los recibimos con los brazos abiertos 👐]); luego comunicarnos de manera adecuada para llegar a acuerdos si es necesario.

Existe información sobre éstas nuevas maneras, los invito a documentarse al respecto y así crear relaciones más conscientes y sanas, en las que sí podemos marcar nuestros límites en todos los sentidos y no dudemos en ponerlos claros. Vale el esfuerzo aprender nuevas formas. Todos lo merecemos.

Lucía Victoria

pensamientos, reflexiones, vida

Lo que vemos afuera, está adentro.

Muchas veces puedo ser muy ingenua, confío mucho en las personas y creo que es por que mis pensamientos no son maliciosos. Si es verdad que lo que vemos en los demás es lo que poseemos entonces tiene sentido. Tengo buenas intenciones. Hago cosas extrañas a veces, con buenas intenciones. Y entonces entiendo, que cuando las personas no ven esa intención, pensando que mi intención es egoísta, negativa o haciendo cualquier otro juicio, están reflejando lo que hay dentro de ellas mismas. Sé que la gente ve lo que ve por alguna razón, es algo que comprendo después de haber escuchado tantas historias en cientos de consultas de terapia. Todos tenemos razones, para lo que hacemos queriendo y lo que hacemos sin querer. Simplemente así es.

Lo que vemos más en los demás, lo vemos porque lo reconocemos en nosotros mismos.

Lo entiendo y no lo juzgo, y porque no lo juzgo sigo eligiendo primero confiar.

Lucía Victoria

relaciones, vida

¿Desde qué lugar te relacionas con los demás?

Todos hemos crecido con necesidades no resueltas en la infancia, todos tenemos heridas, aunque a veces no las podamos ver o reconocer. Muchas veces nos relacionamos con las personas desde éstas heridas y con la persona que más reflejamos esto es con la pareja.

Nuestro niño interior y cómo se relaciona con la pareja también tiene que ver con cómo fue nuestro primer modelo de pareja: nuestra primera idea de la pareja se creó en la infancia al estar mirando a papá y mamá.

Si en nuestra familia hubo momentos de alegría, si la tristeza se vivía en pareja, si había buena comunicación, entonces es más probable que nuestro niño interior genere una idea armoniosa o sana de lo que es una pareja. Si nuestros padres se relacionaron como niños heridos, se exigían, se desvalorizaban, se reclamaban, se culpaban uno al otro, veían lo negativo sobre lo positivo o ni siquiera se veían… entonces es más probable que nosotros lo vivamos así con nuestra pareja. Puede ser que repitamos sólo algunas formas, algunas positivas y otras negativas.

 

 

niño herido

 

Lamentablemente necesitamos vivir o ver cosas muy tristes o impactantes para darnos cuenta que tal vez estamos haciendo algo que nos afecta y afecta a otros. Y hasta que podemos verlo podemos modificarlo.

 Y esto solamente podremos hacerlo si primero aprendemos a mirarnos a nosotros mismos.

Es importante para todos hacer consciente primero desde dónde nos hemos relacionado… y si nos hemos relacionado desde nuestro niño herido, es bueno comenzar a sanarlo. Cuando trabajamos en sanarnos, nuestras relaciones mejoran.

Por ejemplo, yo puedo platicar que pude darme cuenta que me relacionaba desde mis heridas y que además repetía patrones familiares hasta después de años en cursos y en terapia. Iban cayéndome veintes poco a poco. Antes veía más lo negativo de mi pareja que lo positivo (como lo hacían algunas mujeres de mi familia). Si no veía lo positivo, no podía agradecer ni valorar… Si nunca era suficiente lo que el otro hacía, yo me consideraba por encima de él… Y si yo me sentía más o mejor que el otro, inconscientemente buscaba esa atención en otro lugar (al principio era de una manera tan inconsciente que ni yo misma podía notarlo); no estaba viendo al otro, no podía ver lo que sentía (podía verlo y considerarlo pero era algo superficial, no había una real comprensión)… sólo me importaba lo que yo podía sentir. ¿Y qué creen que pasa cuando una persona percibe que su pareja se siente más que él o ella?, ¿qué creen que pasa cuando se percibe que la pareja está buscando a alguien más que llene un vacío?… Sí, es probable que también la otra persona busque en otro lugar a alguien que sí la mire (aunque sea por unos ratos)… Desde mi herida infantil, para mi era lo más importante que una pareja me hiciera sentir la única, su prioridad, la mejor; necesitaba sentirme vista. Lo que de niña no sentí recibir de mi padre (esto yo ni lo sabía tampoco, descubrí ese sentimiento en mi por sorpresa). Entonces, cuando la pareja no me hacía sentir eso, para mi era lo peor de la vida; ¡ahhh pero cómo sufría!, de verdad que dolía, me daba en mi herida más profunda que pusiera su atención en alguien más. Así entendí que quería que me demostraran el amor justo como yo quería, y si no era eso lo que recibía, entonces no podía sentir ningún amor (y mucho menos darlo). ¿Cómo podría alguien que siente desesperadamente que algo le falta, estar pendiente de lo que siente alguien más? (Es como un niño pequeño llorando desconsoladamente por no recibir lo que está pidiendo, patalea, grita, se tira al suelo, y no se da cuenta si está golpeando a quien está cerca, él sólo siente lo suyo, ¿lo han visto?)

Cuando pude entender todo esto y hacerme cargo de mis heridas emocionales conscientemente, mi vida prácticamente cambió. Ver las lealtades que tenía con mi sistema familiar paterno y materno me permitió liberarme de ellas y poder hacer las cosas diferente: ver a la pareja, valorar más lo bueno, tomar al otro tal como es, dar su lugar a los hombres, dejar de necesitar que alguien más llene una herida mía… en fin, de verdad que es ver (y vivir) la vida diferente.

 

Y es que realmente todos necesitamos sanar.
A todos nos duele algo en algún momento de la vida.
Todos necesitamos apoyo alguna vez.

No se trata de culpas, se trata de responsabilidad. Somos niños heridos que van por el mundo hiriendo a otros (sin querer) hasta que somos capaces de hacernos responsables de esas heridas y trabajarlas.

Nadie puede dar lo que no tiene, entonces volteémos primero a vernos a nosotros mismos, trabajemos en nosotros mismos, en esas cositas que creemos que no son tan importantes, pero que sin darnos cuenta nos desconectan, nos distraen de estar totalmente presentes y en nuestro lugar. No necesitamos tener un mega trauma para darnos tiempo yendo a terapia o para buscar algún tipo de ayuda. Es simple, aprendamos a vernos más a nosotros mismos… Y si no sabemos cómo ni por dónde empezar, es bueno pedir ayuda.

Puedes empezar por verte y abrazarte.
Luego podrás ver y abrazar a los demás.

Lucía Victoria

niño interior