Si yo escribiera un libro, sería algo así…

Ésta NO es mi historia, son sólo palabras.

Así es. Hubo un momento de mi vida en el que tomé malas decisiones por dejar de pensar en lo que pasaría después… y cómo sufrí, y cómo ofendí aún sin tener la intención. Inmediatamente después me sentía mal e intentaba dar justificaciones, más adelante incluso culpé a los demás por no entenderme y “hacerme sentir mal”… a veces para sentirme un poco mejor pensaba para mí misma: ¡qué fácil para ellos es juzgarme por lo que me ha salido mal, nunca he hecho algo con la intención de hacerle daño a alguien! ¿cómo van a entenderme si ellos no tuvieron los mismos problemas que yo?… no saben lo que yo sé de mi, que soy tan insegura, que me cuesta tanto decirle NO a la gente, decir lo que realmente quiero… ellos no saben cómo es tener una familia como la mía, crecer con una mamá más preocupada por que hagas las cosas bien que porque realmente estés bien (eso pensaba yo), tener un papá que ni siquiera estuvo aquí, no platicar las cosas importantes con nadie y acostumbrarme a que era más fácil no hablar de los problemas y ser la “buena” de la historia… no saben lo que es ser mamá a los 16 y todo lo que implica, no saben las decisiones que he tenido que tomar, las culpas que he tenido que cargar, las tristezas que he vivido, las decepciones y las confusiones que he pasado… no entienden que por todo eso yo soy así…

Claro, sólo son excusas para justificar mis errores, muchas veces lo hice; pero un día llegó el momento de la verdadera crisis, en el que no me quedó de otra mas que detenerme a pensar en lo que me pasaba… para poder abrir bien los ojos y entenderme… entender porqué hice cosas que nunca imaginé que pudiera hacer, entendí que todas esas malas decisiones e incluso estúpidas para las que ni siquiera yo misma tenía explicación, sucedieron por querer siempre agradarle a los demás, por mi incapacidad de decir algo que pudiera hacer sentir el más mínimo sentimiento negativo o de rechazo a otras personas (que después se convertiría en rechazo hacia mi), tal vez todo se resumía en mi inseguridad, mi necesidad de aceptación y la dificultad para expresar lo que realmente siento… ahora me explicaba por qué había ganado en la secundaria el premio a la persona más querida de la generación sin que yo tuviera idea de que podría ganar algo así jaja realmente ahora que lo veo siempre quise ser “alguien agradable”… y eso a veces me hacía depender de otros, no de mí. Entendí entonces que por diferentes circunstancias a lo largo de mi vida YO era quien era, una persona con buenas intenciones, pero también con todas esas características “no tan agradables”… qué irónico.

¿Que si pensé en culpar a alguien por haber llegado a ser como era? Sí, lo pensé… pero demasiado rápido me di cuenta que CULPA era una palabra totalmente inútil en éste caso, del modo que sea nuestros padres hacen lo mejor que pueden para criarnos, sería injusto culparlos. (Sólo puedo agradecerles). Y acerca de todas las demás personas que se cruzan en el camino… cada quien hace lo que cree mejor para sí mismo, ahora sé que no debemos tomarnos como personales las decisiones de los demás, pues así como yo tengo mi historia de vida, todos las tienen, familias, problemas, necesidades diferentes y lo que hacen, aunque para algunas personas sea incorrecto o malo, lo hacen por ellos, no por mi. Todos están allá fuera luchando sus propias batallas.

Es algo que nunca termina, pero en el transcurso de todo éste proceso, entendí que no era necesario decir que sí a todo, agradarles a todos para estar bien, supe que así ese vacío nunca se iba a llenar, entendí también a las personas que he permitido que me lastimaran, cómo se sintieron las personas a las que lastimé… (realmente busqué entender a cada persona que me hacía reflexionar un poco, de ahí acepté esa idea que escuché en esa película: “todos los que se cruzan por tu vida pueden ser tus maestros”, pues la verdad es que todos te enseñan algo, algo bueno si así quieres verlo… entendí que no hay personas buenas ni malas, solo hay personas buscando sentirse mejor de maneras equivocadas… y dejé de tomarme las cosas como ofensas hacia mí tomándolas como simples decisiones de la gente). Me di cuenta que todo lo que me ha sucedido antes tiene una razón de ser. Como dicen, de los errores se aprende, obviamente algunos errores con consecuencias más graves que otros, pero al final, el que quiere hacer algo con la crisis que viene después, es el que sale ganando. Si miro atrás veo que he tenido una vida complicada; bueno… he complicado mucho mi vida. El choque entre el querer complacer a los demás y la conciencia moral que siempre pensé debía seguir me llevó a olvidarme que las decisiones las debía tomar por mi y para mi, pero gracias a todos los errores que he cometido he podido aprender muchas cosas. Si no hubiera sido mamá adolescente no sería la misma persona que soy ahora; no hubiera aprendido que hay razones más importantes por las hay que luchar, que por sólo un drama social preparatoriano. Si no hubiera estado varias veces en medio de un caos en mi vida por el hecho de no atreverme a decir que no, tal vez no me hubiera dado cuenta de lo codependiente que era. Si no hubiera estado tan triste tantas veces no hubiera podido darme cuenta de qué es lo que realmente me hacía feliz.

Hubo un momento en que supe que tenía que dejar de poner excusas, sentí que ya había sido suficiente tiempo para “aprender la lección”, tenía que dejar de culpar y hacerme cargo, sólo así podría concentrarme en la solución… yo era esa persona, así crecí, pero eso no significaba que tuviera que seguir siendo igual, y la primera parte, que era conocer mi verdad, ya la tenía, ahora venía lo bueno: CAMBIAR.

Lucía Victoria.

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Yo no soy mejor ni peor que otros.

¿Cuántas veces han escuchado a alguien hablando de lo que los demás suben a sus redes sociales? ¿Cuántas veces han escuchado algo como “¿terminaron? pero si se veían tan felices en sus fotos…” o “nunca sube foto con ella, seguro está tratando de ocultar algo”? ¿Cuántas veces han escuchado juicios en base sólo a lo que hay en una red social?

Esos que creen que los que suben muchas fotos a Facebook están desesperados por llamar la atención, o los que creen que las personas que comparten todo lo que hacen en pareja están fingiendo, o los que por no compartir tantas cosas como alguien más se sienten mejores personas que ese otro… todos pueden estar equivocados y todos pueden estar en lo correcto.

Todos llegamos a lo mismo, juzgar o suponer de los demás por medio de las redes, al final de cuentas, todos estamos metidos en el mismo círculo, una manera de pensar que adoptamos gracias a que empezamos a usar esto. Algunos piensan que alguien está pasándola mal porque no ha compartido nada en mucho tiempo, algunos piensan todo lo contrario. La verdad es que una persona que comparte muchas fotos con su pareja puede estar muy feliz en su vida real o puede estar muy triste pero hay momentos en su día en que esas fotos le dan algo de luz… puede estar trantando de demostrarle algo a alguien o solo quiere compartir su felicidad… puede sentirse segura o insegura… puede estar en un momento bonito de su relación o puede estar en la peor crisis… no lo podemos saber a menos que nos acerquemos de verdad.

No se olviden que las redes sociales están llenas de momentos, solo instantes dentro de los días y de las vidas de las personas. Entre una foto y otra puede haber mucho más. Las redes sociales no son vidas. Las redes sociales no sustituyen el contacto humano.

Juzgar menos, acercarnos más.

Lucía Victoria.

 

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Humildad.

Ser humilde no es sencillo, pareciera que se tratara solamente de no demostrar que nos sentimos superiores o más importantes que otros pero la realidad es que va mucho más allá. Es un trabajo constante, de estar alerta a nuestros propios sentimientos, pensamientos y acciones.

Es reconocer que todos tenemos derecho de pertenecer a éste mundo; reconocer que no somos cómo nos vemos, lo que tenemos, ni siquiera lo que sabemos; aceptar que no tenemos la razón; entender que algunas veces es más sabio callar; respetar el destino de cada persona, respetar que tiene derecho de pensar como lo hace y que la forma en la que siente tiene una razón que puede ir más allá de nuestra comprensión; es reconocer en otros las virtudes y en nosotros mismos lo que aún podemos mejorar sin sentir que eso nos hace menos, sino tomándolo como parte de la vida y permaneciendo abiertos al aprendizaje. La humildad nos permite no necesitar llamar la atención, no sentirnos tranquilos sólo cuando alguien más nos ve, sentirnos en paz a pesar de pensar que alguien más nos juzga en ese momento; nos permite saber que todos tenemos historias que nadie conoce y momentos diferentes en que abrimos los ojos.

Quien cree que ya lo sabe todo no aprenderá más. Quien cree que merece todo vivirá en disgusto. Quien se reconoce como uno igual a los demás en un todo vivirá agradecido.

Sólo a través de la humildad podremos conocer el amor verdadero, el amor a todo tal como es, porque después de sentir que todo tiene razón de existir, descubrimos el amor puro hacia nosotros mismos, formando parte del todo.

Lucía Victoria.

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Sentir lo que tengamos que sentir

A veces es necesario pasar por tu propia oscuridad para volver a tomar el ritmo.

Si bien es cierto que el tiempo no perdona, que no hay que perderlo en cosas que no nos hacen bien, que es bueno centrarnos en las cosas positivas de nuestra vida y agradecer, también creo que es importante no negar nuestras realidades. Quiero decir, así como podemos ser muy resilientes, aprender de los errores y tomar fuerza de los episodios difíciles que nos toque vivir, también necesitamos esos momentos en los que vivimos nuestro lado más oscuro. Creo que necesitamos darnos algo de tiempo para sentir la tristeza, el dolor, la decepción, el coraje, la frustración, lo que sea que algo nos evoque.

No podemos sólo saltarnos eso. No tenemos que fingir que no está.

Muchas personas tienen miedo de sentir demasiado, le tienen miedo a la tristeza, a la decepción. Yo creo que es algo que es normal vivir en algún momento. Me refiero a que ¿si no fuera bueno llorar cuando estamos tristes o felices, por qué venimos al mundo con unos ojos listos para llorar?, ¿acaso puede alguien vivir alegre todo el tiempo?, ¿si no sintiéramos la tristeza y el dolor podríamos valorar la alegría y la paz?, ¿por qué si hay tantas posibilidades en cuanto a emociones y sentimientos que podemos vivir, tendríamos que experimentar sólo algunos pocos?

En base a mis propias respuestas me atrevería a decir que sentir TODO es necesario.

Y para poder atravesar todo, primero es necesario asumir lo que sentimos, reconocerlo, dejar que se quede el tiempo que tenga que quedarse… y darnos permiso de vivirlo completamente (y de una manera responsable).

A veces además del dolor llega también el sufrimiento, que es diferente. También creo que podemos vivirlo, pero aquí hay que ser más cuidadosos pues hay que saber cuánto tiempo tomarlo. Puede durar el tiempo que queramos, hay personas que lo viven unos días y otras que lo viven hasta que mueren… A veces comenzamos a cambiar nuestros pensamientos, eligimos pensar lo más negativo posible, cargamos rencores, nos sentimos víctimas de todo y de todos, sólo nos centramos en lo oscuro… y podemos seguir así hasta el momento que lo decidamos. Puede llegar un día en el que sintamos que estamos peor que nunca y desde ahí, desde ese hartazgo, desde ese aburrimiento, desde ese como lo quieran llamar, tomar la decisión de dejar de sufrir, por que lo único que nos queda después de bajar hasta el fondo es volver a subir. Puede llegar el día en el que logremos deshacernos de toda esa bola de sentimientos y que al mismo tiempo eso nos haga entendernos y hacernos cargo para poder continuar.

Darnos permiso de sentir y de sacar a nuestro ritmo esos sentimientos es importante para poder seguir; elegir cuánto tiempo vamos a sufrir también.

A ésto es a lo que me refiero cuando hablo de sentir lo que tengamos que sentir…

 

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No todo lo bueno que termina tiene que convertirse en malo.

No todo lo bueno que termina tiene que convertirse en malo. A veces nos gusta sufrir o se nos hace más facil quejarnos cuando algo bueno que teníamos en nuestra vida ya no está, cuando una amistad de muchos años se aleja, cuando termina una relación de pareja, cuando algún familiar se va o cuando simplemente perdemos algo que considerábamos importante. A veces convertimos lo bueno en algo trágico y dramático instantáneamente, incluso algunos pareciera que quisieran borrar lo bueno que sí pasó sólo por que ya terminó; dañan al otro con palabras, borran fotos, eliminan contactos, hablan de todo lo malo que hubo en esa relación de amistad o de pareja, le dan más fuerza a los recuerdos tristes que a los momentos bonitos o felices; prefieren negar lo que disfrutaron que permitirse sentir la nostalgia o el dolor que viene después. Pero esa no es la única opción…

Cuando algo acaba, después de sentir la pérdida, también podemos elegir recordar lo bueno y dar las gracias por lo que sí pasó, por el tiempo que duró, por lo que nos dejó… Con el tiempo aprendes que perdiendo también se gana, que todo final es un nuevo comienzo y que lo bueno que hemos vivido puede siempre seguir en nuestra historia como algo bonito para recordar. Con el tiempo aprendes que agradecer por lo que sí pasó te hace vivir mejor.

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Lucía Victoria.

Yo elijo darle vuelta a la página.

Muchas cosas han pasado antes y a veces puede ser difícil dejar ir algunas de ellas, pareciera que mientras más nos aferramos al pasado es más sencillo no tener que esforzarnos por mover un dedo o por cambiar una idea.

Hay gente que pasa toda una vida sintiéndose mal por lo que los demás “les han hecho sufrir”, por el daño que se les ha causado. Toda una vida de martirios y autocompasión. Lo cierto es que, como lo he escrito antes, todo tiene un lado luminoso y uno oscuro, por lo tanto cuando buscamos la ganancia de vivir fijándonos en “todo lo malo que nos han hecho” podremos encontrar esa comodidad de sentarnos a esperar a que nuestro alrededor cambie… algo que probablemente no pasará.

Aunque con esa cierta comodidad también venga una incapacidad de hacernos responsables como adultos. Esa responsabilidad de retirarnos de lugares que no nos hacen bien, de tomar decisiones por muy difíciles que sean, de cargar las consecuencias de esas decisiones, de cambiar un pensamiento o manera de ver las cosas que sólo nos están haciendo daño, de ver hacia dentro de nosotros y aceptar los miedos más grandes que tenemos.

Y es que muchas veces no es fácil dejar ir…

Dejar ir es para valientes, para los que se atreven a quitarse el traje de víctima, para los que pueden hacerse responsables de sus decisiones, para los que pueden encargarse y tomar fuerza para comenzar a vivir desde el adulto en vez de seguir viviendo como niños que dependen de alguien más para cubrir sus necesidades emocionales.

También creo que el dejar ir está relacionado con la capacidad para ser humilde. Para dejar ir se requiere de cierta apertura del corazón, de un alma en paz con el universo, de esa sencillez que nos permite ver que todos somos personas imperfectas con historias que nos han marcado y que nadie es menos o más que nadie.

Creo que dejar ir es para los fuertes. Ojalá cada vez haya más gente en el mundo que se permita buscar y encontrar su propia fuerza.

Mientras tanto yo hago lo mío; elijo darle vuelta a la página.

 

Lucía Victoria.

Hablando conmigo

Mientras manejo a casa veo un conductor metiéndose a la fila y desobedeciendo las señales de tránsito.

Dentro de mi:

Ello: ¡Ahí va otro pen…! ¡No se meta! ¡Espere haciendo fila como todos los demás! Seguro es un señor que siempre hace lo que se le da la gana… ¿Por qué hay gente así?

Yo: Tú siempre hablando como si tu fueras mejor que todos.

Super yo: Acuérdate de no juzgar a la ligera, realmente no sabes por qué hacen las cosas los demás.

Yo: Sí, tienes razón ¿qué tal si lleva mucha prisa porque tiene una emergencia, un familiar grave o algo así?

Ello: ¡Ay sí! seguramente todos tienen algo urgente, entonces media ciudad tiene gente muriéndosele porque todos manejan como unos idiotas.

Super yo: Bueno ya, tu puedes mantener la calma, tienes cierta consciencia.

Yo: Pfff… ¿Y si dejas de perder el tiempo en hacer corajes por lo que hacen los demás? Ya analizaste demasiado. A otra cosa… súbele a la música.

Comienzo a cantar y relajarme, mientras las otras personas me ven.

Ello: Todos me ven con cara de loca, debe ser porque ellos no saben divertirse. Si yo quiero bailar mientras manejo, ¡bailo!

Super yo: ¿Cómo sabes que te ven y piensan eso? ¡Deja de creerte que sabes todo!

Yo: Parece que se te olvida ser más humilde. Para eso estoy aquí, para recordártelo.

Ello: También podrías sólo dejar de pensar tanto… ¡Qué aburrida! Deja eso ya…

Yo: Ok yaaaaaaaaaaaaaaa. ¡Mente en blanco!

Canto mientras pienso algunas otras cosas.

Llego a la casa, pongo música y sólo bailo. Apago la mente y empiezo a sentir.

Y después de un buen rato… volvemos a empezar. Y así todas las veces que quepa ésto en un día.cropped-overthinking_wallpaper_by_pipa10-d5v8nri2.jpg

Vivir completo

Desde pequeños, viendo a los grandes, aprendemos que no podemos o debemos estar tranquilos hasta que tengamos todo bajo control. Los grandes queremos controlar el comportamiento de nuestros hijos, controlar la forma en la que aprenden, controlar que pase lento o rápido el tiempo, controlar la forma en la que nuestra pareja nos demuestra su amor, controlar nuestros sentimientos, controlar lo que hacen o deciden los demás, controlar incluso lo que piensan los demás de nosotros ¿qué loco no?

¿Por qué queremos controlar todo? ¿A qué le tenemos tanto miedo?

Parece que le tememos a vivir, a sentir lo que podemos que sentir, a sufrir lo que podemos sufrir, a amar lo que podemos amar, a emocionarnos con algo, a hacernos ilusiones porque tememos que lo bueno vaya a terminar. La realidad es que no queremos sentir, preferimos vivir a medias que aprender a vivir completo, preferimos “cuidarnos” a nosotros mismos poniendo una barrera, antes que aprender a disfrutar las cosas aún sabiendo que pueden terminar en algún momento.

Hemos aprendido a complicarlo todo. Tenemos voz y no la usamos siempre que podemos, tenemos ojos y no los usamos para expresar sin hablar, tenemos brazos y no los usamos para abrazar todas las veces que podríamos. Es un maldito desperdicio. Una manera de protegernos a nosotros mismos de lo que sea que sintamos como amenazante.

Pero ¿realmente vale la pena? Puede ser que para algunos así sea… y está bien. Sólo detengámonos a poner las cosas en la balanza, después de hacer consciencia, cada quien es responsable de hacer lo suyo.

¿Por qué es importante lo que los demás piensan de nosotros? Si alguien piensa que soy una loca, inmadura, puta o lo que sea, ¿que más da? ¿es necesario que alguien que no tiene relevancia en nuestra vida, piense algo positivo de nosotros? ¿por qué tendríamos que estar preocupándonos por los miles de conceptos diferentes que tienen de nosotros las demás personas? ¡Eso no importa!

¿Es mejor evitar encontrarnos a una persona que decirle todo lo que le queremos decir a la cara? ¿Es mejor no entregar el corazón completo a algo o alguien por si acaso después eso acaba? ¿Es preferible quedarnos con las ganas de hacer algo con tal de que no vayan a pensar algo equivocado de nosotros?

La vida no se detiene, si hacemos o no planes para el futuro, si volteamos o no demasiado al pasado, como sea, la vida continúa. Las cosas pasaron como pasaron, esa es la realidad, no se puede cambiar, unas veces viviremos situaciones incómodas, intensas, duras, tristes; otra veces pasaremos por momentos alegres, bonitos o agradables… Es parte de vivir. Si vamos a sentirnos tristes, pues estemos tristes, no pasa nada. Si vamos a sentirnos incómodos, pues estemos incómodos, si vamos a amar, amemos, sintiéndolo con todo nuestro cuerpo, pues por algo sentimos lo que sentimos. ¿Por qué tanto miedo de sentir? Si precisamente estamos diseñados para eso, ¡SENTIR! ¡Qué bueno que no somos robots!

Entonces, ¿para qué pasar tanto tiempo evitando lo inevitable?

Si alguien tiene algo que decir, que lo diga. Si alguien tiene que confrontar a otra persona, que lo haga. Si alguien necesita ayuda, que pida ayuda. Si alguien tiene dudas o no sabe qué hacer, que pregunte. Si alguien se siente tan mal que necesite llorar, que llore. Ninguno de éstos sentimientos va a durar para siempre.

¿Es mejor vivir a medias que darnos permiso de sentir todo?

Vive lo que es. Disfruta lo que hay. Deja que la vida siga… No te detengas.

Lucía Victoria.

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“Disfruta del pánico que te provoca tener la vida por delante. Vívela intensamente sin mediocridad”

Walt Whitman