Ahí la llevo…

Hace un año escribí una nota en la que hablaba de cómo me había dado cuenta de las cosas que debía cambiar en mi vida; decía que no podía responsabilizar de mis errores a nadie más que a mí y terminaba con una palabra significativa: CAMBIAR. La leo de vez en cuando para reflexionar sobre mi vida, al parecer no tenía idea de lo difícil que iba a ser ese segundo paso. Algunos amigos comentaron y me animaron a hacer las cosas diferentes y creí que iba a ser fácil: tomar decisiones, defender lo que yo creo sin importar lo que pasara y cambiar el rumbo de las cosas. No sabía lo difícil que me resultaría intentar cambiar cosas a las que estuve acostumbrada desde niña, algo así como intentar animar a un pez que vivió toda su vida en la seguridad de una pequeña pecera a salir a vivir a la libertad y el peligro del océano. Porque además de cambiar comportamientos, tendría que tomar decisiones que iban contra la conciencia de toda mi familia. He escuchado que es más fácil seguir sufriendo en una situación que decidir cambiar, y así lo creo, pues a veces se paga un precio muy alto en las familias por hacer las cosas “diferentes”. Entonces, estaba atrapada entre el deber complacer a los demás, mis decisiones distintas a lo que la familia esperaba y la conciencia moral que siempre pensé que debía seguir, lo que me llevó a una indecisión al parecer sin límites, y a muchas grandes confusiones. He pensado que estoy a muy poco de cruzar la línea hacia lo neurótico. Más veces que antes estoy de mal humor y a veces me desconecto de todo por pensar y pensar. Desearía poder dejar de pensar y analizar tanto las cosas. Pff, incluso mientras escribo ésto, una vez más pienso que si todos leyeran ésto pensarían algo como: ella debería ir a terapia o algo, jajaja… ya lo hago.

Pero bueno, ha sido difícil tomar decisiones y aún así lo he hecho, poco a poco, supongo que si sigo siendo positiva tendría que aceptar que todo lo que he estado haciendo últimamente ha servido de algo y que debo seguir aferrándome a esa frasecita que me encontré y me da un poco de esperanza: No importa cuántos errores tengas o cuan lento sea tu progreso. Aún así estás por delante de todos los que ni lo están intentando.

Lucía Victoria.

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