Lo confieso…

Lo confieso: toda mi vida he tenido miedo…

Primero que nada, discúlpenme si he tenido demasiados errores o no he cumplido expectativas (en realidad sé que no venimos a cumplir expectativas de otros), y más si de manera indirecta mis errores los perjudicaron alguna vez , de verdad duele que algo que hagas, sin querer dañe de alguna manera a otros. Si alguna vez alguien se llegó a preguntar ¿cuál demonios era mi problema? porque no lograban entenderme; la única buena noticia que les puedo dar es que YO (la única persona que necesita saberlo) sí lo sé, yo sí sé cuál es mi problema. Y lo he sabido desde hace algún tiempo… el problema fue cómo traté de resolverlo, que al parecer no resultó… y todo por ese maldito miedo.

Toda la vida con miedo; miedo a las cosas más absurdas, a las que ni siquiera sabía que se les podía temer, un miedo que paraliza. Un miedo que muchos podrán no entender. No me había dado cuenta que por eso fue que llegué a equivocarme tanto. Odio todo esto. Odio equivocarme tanto.

He vivido luchando todos los días conmigo misma para atreverme a ser yo, animarme a ser la que iniciara esa conversación difícil, ser la primera en hablar, poder defender algo que quería, poder decir que sí cuando sí quería y no cuando no quería, hablar sin tener que pensarlo demasiado, dejar de analizar demasiado las cosas por miedo a hacerle daño a alguien más. Siempre buscaba “pensarlo lo suficiente” (para mí nunca era suficiente) y así no equivocarme tanto, lo que me llevaba a equivocarme el triple. Obviamente nadie nunca puede estar seguro de que todo va a salir bien después de tomar una decisión, pero no se por qué yo me aferraba a esa idea “tengo que estar segura de lo que voy a hacer”. Para algunos sonará fácil de vencer,  pero lo mío, a pesar de intentarlo, iba más allá de lo racional. 

Y hasta hoy, he metido tantas veces la pata que he pasado más vergüenzas de las que me hubiera gustado, he cometido más tonterías de las que hubiera querido, me he sentido terriblemente arrepentida más veces de las que hubiera querido, me he reclamado y juzgado a mí misma duramente más veces de las que me parecieran “suficientes” para aprender y me he sentido culpable por el sufrimiento de otras personas mucho más de lo que hubiera imaginado en mi vida… Siempre parecía que ya había sido suficiente… pero al final el miedo seguía siendo más grande que todos los pensamientos que me repitiera para darme valor.

Lo único positivo que puedo admitir a estas alturas es que gracias a todas esas caídas que casi logran acabar conmigo, sigo sabiendo cuál es mi problema y supongo que no puedo seguir esperando otros 10 o 20 años a que alguien me anime o me dé valor, no puedo seguir perdiendo y perdiendo oportunidades para avanzar, así que tengo que hacerlo…

Alguien me dijo que sólo son necesarios 20 segundos de valor (o coraje irracional) para aventarte, y que si no corres aunque sea un mínimo riesgo nunca lo vas a hacer. Creo que llegué demasiado lejos, hasta un punto en el que no me queda de otra, ya debo ELEGIR, lo que debía hacer hace mucho, elegir si voy a dejarme ganar por esto o si voy a empezar a vivir.

Quisiera poder gritarle al miedo ¡Adiós!, pero yo sé que no es tan sencillo, no puede desaparecer para siempre, sé que en cada paso puede volver. Hay que aceptar que ahí va a estar porque es parte del camino y la mejor manera de lidiar con él es negociar paso a paso para ir ganando batallas.

Cómo quisiera que mis decisiones no afectaran a los demás, cómo quisiera que el hecho de que yo dé este paso que me ayude a crecer, no dañara de ninguna forma a los que me rodean, pero tal vez eso es imposible, siempre que se gana también se pierde.

Mmmm… Y entonces, aquí voy… ¿Cómo voy hacerlo? Fácil (¡ja!). Deséenme suerte con esos 20 segundos.

 

Lucía Victoria.

decisión

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5 comentarios en “Lo confieso…

  1. No habia tenido ocasión de pasar a saludarte y agradecerte tus visitas a mi blog.
    Prometo venir con tiempo y sumergirme en tus escritos.
    muackissssssssss

  2. Dijo Mark Twain: Mi vida ha estado llena de grandes problemas la mayoría de los cuales nunca ocurrieron.

    Lo más triste del miedo es que normalmente es el sufrimiento al preveer una situación que luego no se da, siempre ocurre de otra manera…

    Osea que ese desgaste no ha servido ni tan solo como preparación…

    Ver su inutilidad quizá pueda ayudar a mitigarlo.

    Muchos ánimos.

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