Señales.

No existen las casualidades, existe la sincronicidad.

Esas coincidencias extrañas que nos han ocurrido alguna vez (o muchas veces) que no hubieran salido tan bien o tan exactas si las hubiéramos planeado nosotros mismos, que para algunos parecen haber sido atraídas por nuestros pensamientos o deseos más profundos… Tengo que decir esto: realmente han sido atraídas por nosotros mismos de una manera inconsciente.

Seguro les ha pasado que un tema que antes no tenía ninguna relevancia en sus vidas, de repente comienza a aparecer en todos lados, programas de radio, canciones que escuchan, anuncios publicitarios, películas, pláticas con amigos, familiares, etc. Que se han encontrado con una persona que hace mucho que no veían en un lugar en el que nunca pensaron que la fueran a encontrar.  Que se han topado con un desconocido que los ayudó justo en el momento que más lo necesitaban. Que su mascota murió justo la semana que hablaron con alguien sobre tener que sacrificarla. Que realmente no querían estar en algún lugar y por una u otra cosa no hubo manera de llegar ahí. O que las personas con las que se juntan en cierto momento resultan con los mismos conflictos de vida que los de ustedes.

Es claro para muchos que cosas como éstas no son casualidades, son mensajes del universo, de un poder más grande, como lo quieran llamar. Y esto también me hace confiar plenamente en que las cosas en verdad pasaron tal como tenían que pasar, en el momento exacto que tenían que pasar y que es así por algo.

El psicólogo Carl Jung fue quien comenzó a utilizar el término de sincronicidad, mencionándola como “la simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido pero de manera no causal”. Él sabía que había una conexión entre las personas y su entorno, y que lo que hacía posible la sincronicidad era la atracción que se creaba al rededor de éstos. La ciencia moderna también ha establecido la naturaleza electroquímica de nuestros cuerpos. Somos seres de energía y por lo tanto podemos vibrar en diferentes frecuencias dependiendo de lo que pensamos y cómo vivimos. Todo esto hace posible la atracción y conexión entre nosotros mismos y todo lo que nos rodea. Sí, nosotros podemos atraer algo con nuestros pensamientos. No es casualidad que un día te encuentres sin planearlo a esa persona que estuviste pensando los últimos días, ni que en un mismo mes o semana te topes varias veces con la misma persona que tenías años sin ver.

Estos sucesos con los que sincronizamos suelen traernos algunas respuestas o recordatorios sobre algo que aún no resolvíamos dentro de nosotros, algo que no habíamos querido o podido ver, pero que en efecto estaba guardado dentro de nosotros.

No todos creen en esto, pues para algunos es mucho más difícil estar abiertos a su intuición porque están acostumbrados a razonar todo. Yo era una de esas personas, totalmente bloqueada a sentir, pero fui trabajando en desarrollar mi intuición y poco a poco pude darme permiso de ser más sensible. Ahora se que todo lo que sucede en nuestra vida tiene un ritmo y una misión, se que todo se va acomodando en su lugar, sin que tengamos que luchar.

El universo nos manda señales, si ponemos atención, estamos con una mente abierta y dejamos de presionar para que las cosas salgan tal como queremos, permitiéndonos el fluir con la vida, podemos ir haciéndonos más sensibles a poder verlas y seguir nuestro instinto. Las señales están por todos lados… hasta en las cosas más mínimas.

Pon atención.

Lucía Victoria.

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