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Final de una novela

Después de más de un año de no verse, el destino los hizo coincidir. Se sonrieron desde lejos mientas caminaban uno hacia el otro, sentían como si no hubiera pasado el tiempo. Bailaron una canción abrazados y rodeados de toda esa gente, pero ellos se sentían como volando, juntos, solos en ese salón. Sus ojos cerrados, sus mejillas una junto a la otra, esa sensación de calidez, el olor que siempre tenían los dos… Era tan familiar, tan sereno… Era un sentimiento de amor infinito y pacífico. Ambos sabían que querían estar juntos para siempre, nunca dejaron de creerlo.

Cuando terminó la canción, ella le sonrió amorosamente, su rostro dejaba ver el inmenso amor que le tenía, le acarició la mejilla y mirándolo a los ojos le preguntó: “¿Algún día podrás serle fiel a una sola mujer?”

Él, asombrado por la pregunta, sólo sonrió expresando con su rostro lo difícil que eso sería. Entonces ella, nada asombrada, sin decirle más, le sonrió, le besó la frente y se fue. Sabía que siempre iba a amarlo pero también sabía que lejos estaban mejor.

“Tal vez en otra vida” – pensó. “Cuando no necesites tener a más de una mujer para sentirte completo. O cuando yo sepa amar sin medida.”

Lucía Victoria.