pensamientos, reflexiones, relaciones, vida

Cuando hablas de los demás también hablas de ti.

Cuando hablas de los demás también hablas de ti.

Bien lo dice el dicho que ya he compartido:

«Lo que Juan dice de Pedro dice más de Juan que de Pedro.»

Y es muy real. De algún modo, esta frase nos viene a decir que Pedro hace de espejo a Juan. Cuando hablamos de algo, inevitablemente ponemos pedazos de nosotros y de nuestra historia en esos juicios.

Por ejemplo, si una persona dice: «Qué mala madre es ella por salir un día con sus amigas y dejar a su hijo con una niñera», también está hablando sobre sus propias ideas sobre ser una buena o mala madre y lo que esas ideas le permiten hacer.

Si alguien dice: «Tal persona parece loca porque baila así», también está diciendo que ella no se permitiría a sí misma bailar libremente por temor a parecer loca o a que la gente piense que se ve mal.

Una manera sencilla de comprender esto sería mirar esta situación: dos personas pueden estar frente a una casa, una comenta que la casa le parece demasiado grande y la otra comenta que le parece una casa chica. ¿De dónde vienen éstas observaciones (juicios)? De sus propias experiencias, de lo que han vivido. Y para cada persona esa es su percepción, realmente habla de sus experiencias; eso no cambia lo que la casa es.

¿Recuerdas qué has dicho de ti cuando has hablado de alguien más?

Con cierta dosis de humildad podrás encontrar respuestas.

– Lucía Victoria

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Libre

A veces me gusta andar despeinada (aunque me sienta insegura si me encuentro con ciertas personas), me siento mucho más libre… yendo por ahí pensando por momentos en qué adjetivos me pondrá la gente… y teniendo esta conversación conmigo misma en la que pronto llego a la conclusión de que ese no es mi asunto. También me gusta pensar que realmente no soy tan importante para los demás desconocidos (y conocidos), que tal ves ni notarán mi presencia pues cada quien tendrá sus cosas que hacer, que no es como alguna vez me imaginé, pensando que su atención estaría sobre mi. También me gusta pensar que no cualquiera sale con pelo de loca jajaja, me siento auténtica y segura, pensando que no me importa mucho que los demás me juzguen. A veces pienso en que algunos me mirarán y que para otros no existiré en ese lugar… me hace sentir libre saber que en cualquiera de los casos yo sé que sí existo, y que existo como quiero ser, independientemente del concepto que tengan los demás de mi.😌

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Yo también estoy rota.

Yo también estoy rota.

Aunque a veces no lo recuerde o actúe como si no.

La verdad es a que veces siento que no sirvo para ciertas cosas, que no soy tan buena persona, que no voy a poder dejar de repetir lo mismo una y otra vez, que no logro entenderme, que no puedo controlar un miedo estúpido, a veces me caigo mal y a veces siento que ya no puedo más…

Lamento si actuar como si no sintiera lo que siento nos aleja, haciéndote pensar que eres la única persona rota aquí.

Yo también estoy rota.

Y cuando me hablas de tus heridas, de las cosas que no entiendes de ti, de lo que sientes que está mal ahí dentro, me es más fácil admitirlo, yo también soy así… Y nos volvemos iguales, ya no estamos solos.

Podríamos simplemente no hablarlo e ignorarlo, fingir que no hay más que lo que mostramos, como muchos lo hacen; como si al no hablarlo fuera a desaparecer ese universo desordenado que sentimos dentro… y probablemente eso nos haría sentir miserables.

Pero también podríamos tratar, de mirarnos de verdad, de contarnos lo peor y lo mejor. Podemos intentar… aunque no sea fácil

Gracias por tratar de mostrarme tu universo y por hacerme ver que no soy la única.

pensamientos, reflexiones

Lo lamento.

Si hace tiempo hice algo que te hizo daño… si algo que hice o no hice te hizo a ti sentir agredida(o), humillada(o), desvalorizada(o), ridiculizada(o)… hoy te digo que realmente lo siento.

Puede ser que sin haber tenido intención te hiciera daño, entiendo que pude no haber hecho las cosas de la mejor manera, que en ese momento no sabía algunas cosas que ahora sé, que no tenía las mismas herramientas que tengo ahora y que no había visto algunas cosas que ahora puedo ver, y entiendo que ese no era tu problema en ese momento; era mío. Hoy tomo responsabilidad por lo que hice, por lo que no supe hacer diferente. Me hago responsable de las consecuencias que eso trajo a mi vida y a la tuya. De la culpa que eso me trajo me hago cargo; de lo que viví después de hacerlo me hago cargo. Entiendo que tú tampoco reaccionaste de la mejor manera en algún momento pues te sentías agredida(o). Te dejo la responsabilidad de lo tuyo a ti. No soy la misma persona que en ese momento; tengo otras ideas, otra perspectiva, veo a las personas de otra manera cada vez que aprendo algo de alguien. Hoy te miro diferente y te agradezco lo que me enseñas.

El tiempo me ha permitido ver la vida de otra manera y me ha llevado a desear haber dicho lo siento de otra forma. Por eso, hoy, desde lo más profundo de mi corazón y con toda mi humildad te digo:
Lo lamento. Estoy aprendiendo a hacerlo diferente.

Lucía Victoria

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¿Tú también aprendiste que «está mal» decir NO?

Muchas personas hemos sido educadas desde la culpa. No estoy diciendo que esté bien o que esté mal, de hecho evito (cuando puedo) calificar con algunas de estas dos palabras cualquier cosa. Prefiero enfocarme en los resultados que nos traen las cosas como las hacemos para luego preguntarnos si queremos seguir haciéndolo igual o mejor cambiamos la manera.

El asunto es que si nos ponemos a recordar cómo se solían relacionar los adultos con los niños, muchas veces podemos identificar situaciones en las que se hacía a través de la culpa. Hay muchas personas que cuando los hijos no hacen caso se enojan, les dicen cosas como “tú tienes la culpa de que ___(te grite, me enoje, te pegue, etc.)”; cuando llega visita y el niño o niña saluda pero no quiere dar beso le dicen cosas como “¿no le vas a dar beso a tu tía?, ¡qué feo!, ¡pobrecita de tu tía, va a llorar!”, a veces hasta fingen que están llorando 😳🙄… (el objetivo pareciera ser que el niño se sienta culpable y que los adultos logren lo que quieren). A muchos se les ha educado de manera que el mensaje recibido es que hay que complacer a los mayores, hay que hacerles caso, no hay que decirles que no porque eso los hace ser groseros o malos. O se les ha hecho sentir rechazados o no queridos como castigo por no haber permitido que se transgredieran sus límites personales. (Quiero recalcar que esto de lo que hablo es diferente a los límites que tienen que ver con la disciplina y educación, por ejemplo cuando un niño no quiere levantarse temprano pero hay que levantarse temprano para ir a la escuela y entonces ponemos límites y consecuencias; no estoy hablando de dejarlos hacer lo que quieran siempre). Y entonces, en lugar de recibir el mensaje que los papás desearían realmente para sus hijos, los hijos reciben el mensaje de que hay que ser complacientes, de que a veces hay que dejar que traspasen sus límites e incluso que para ser queridos y aceptados es necesario hacer cosas aunque no les gusten tanto.

Es a esto a lo que le llamo cultura de la culpa. Esto que en algún momento a todos nos hace más difícil poder decir “NO QUIERO” cuando alguien nos ofrece algo que no queremos, cuando nos piden un favor que se nos dificulta por cualquier razón o cuando nos invitan a algún lugar que no queremos ir, y solemos sustituir por la frase “NO PUEDO por…”.

– Quiero invitarte a tomar un café para conocernos mejor.

– Hmm, gracias pero no puedo porque tengo otro compromiso… (Cuando realmente simplemente ¡no queremos!; ¡y si no queremos pues no queremos!)

De hecho, ¿quién no ha hecho un favor que no quería hacer pero terminó haciéndolo porque no fue capaz de decir que no?, aunque haya representado verse en un apuro o batallar con alguna cosa o incluso haber dejado de hacer algo que tenía programado en ese momento con tal de que la otra persona no se enojara o «se sintiera».

¡La culpa!

Que el otro no se enoje, que no piense que no lo quiero, que no se siente mal… que no lo malinterprete. (Como si realmente pudiéramos controlar lo que los demás piensan y sienten 🤷🏻‍♀️)

¡Qué pesada la culpa!

Y así vamos creciendo, sintiendo que somos culpables de algunas cosas, de no hacerle algún favor a un conocido, de no hacer sentir bien a alguien, de haberle roto el corazón a alguien por haber tomado una decisión que necesitábamos tomar por nuestro bien… y hasta pensando que por eso merecemos castigos (divinos o de cualquier tipo), que no merecemos cosas buenas, que no merecemos ser nuestra prioridad y cuidarnos a nosotros mismos de las cosas que no nos hacen bien.

Y yendo un poco más lejos, luego nos preguntamos por qué una niña no es capaz de decir que no quiere algo que le parece incómodo o incorrecto, cuando alguien está abusando de su confianza o cuando quieren aprovecharse de su inseguridad, esa inseguridad y confusión que se le ha creado a raíz de que nadie le dijo que estaba bien decir que no cuando no quería (nadie le enseñó a expresar lo que sentía, a entender que lo que siente sí es importante y que también es importante poner sus límites). Entonces, si el tío o amigo de la familia que es muy querido está pasando el límite abrazando a la niña de una manera indebida, la niña siente incomodidad, pero no es capaz de decirle a nadie porque duda si eso está bien o no, duda si debe ser complaciente y evitar conflictos, duda incluso si sólo se lo está imaginando o ella lo está malinterpretando. Cuando lo que debería saber es que si ella se siente incómoda (incluso aunque el tío no lo esté haciendo con una intención indebida) ella podría decir que no le gusta. ¿Por qué es tan difícil para ella decir que esa manera de abrazar le incomoda?, ¿es más importante lo que el tío sienta si se le pide no hacer algo específico?, ¿por qué?, ¿pueden ver lo incongruente?

Imaginen toda esta culpa junto con «los secretos» que hay en las familias; no es una sorpresa que en este país tengamos los índices más elevados en abuso sexual infantil.

Y bueno, tales consecuencias no sólo alcanzan a los niños, también a los adultos, como antes mencioné. No es raro encontrarme personas en terapia que comentan que les es muy difícil poner límites, poder decir que NO cuando no quieren hacer algo, etc. Hay muchos adultos que terminan haciendo cosas que realmente no quieren hacer porque el miedo de ser rechazados o no aceptados por alguien si no hacen cierta cosa es más grande que la lógica del momento.

No estoy proponiendo que no hagamos nunca favores o que nos volvamos personas enfocadas solamente en nosotros mismos, que hagamos todo lo que nos da nuestra gana sin importar los demás ni que seamos groseros. Lo que propongo es que seamos más conscientes sobre cómo nos relacionamos con las personas y cómo le enseñamos a los pequeños a relacionarse con las personas. La disciplina, la comunicación, los límites, las reglas y consecuencias congruentes y los acuerdos claro que son muy importantes siempre en nuestras relaciones humanas, entonces traería buenos resultados aprender nuevas maneras de relacionarnos con las personas sin necesidad de usar la culpa y el castigo como se ha usado ya. Aprender a relacionarnos tomando responsabilidad de nuestras propias emociones y sentimientos y dejándoles la responsabilidad de sus propios sentimientos a los demás, como adultos que pueden hacerse cargo de ellos (si no pueden hacerse cargo, es asunto de ellos buscar cómo manejarlo, [en terapia los recibimos con los brazos abiertos 👐]); luego comunicarnos de manera adecuada para llegar a acuerdos si es necesario.

Existe información sobre éstas nuevas maneras, los invito a documentarse al respecto y así crear relaciones más conscientes y sanas, en las que sí podemos marcar nuestros límites en todos los sentidos y no dudemos en ponerlos claros. Vale el esfuerzo aprender nuevas formas. Todos lo merecemos.

Lucía Victoria