Llora.

¿Por qué no?good-cry

Llora todo lo que tengas que llorar, hasta que se vacíe tu cuerpo de esos sentimientos para que quepan otros.

Siente todo el dolor que necesites sentir dentro de ti, vívelo completo, siéntelo en el cuerpo y date cuenta que si le das permiso de estar, en lugar de tratar de evitarlo, ese dolor también va a pasar.

Deja llorar a tu niño interior herido. Date permiso.

Siente cómo esas lágrimas purifican todo y te dejan el camino libre para seguir.

Llora todo lo que tengas que llorar sin limitarte, una hora, un día o dos semanas, pues muchas veces eso es lo único que necesita tu alma para volver a empezar.

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Y después toma responsabilidad por lo tuyo; haz lo que tengas que hacer contigo para estar mejor.

Lucía Victoria.

 

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Buscar ayuda no es para los débiles.

Cuando las personas cometemos errores sufrimos, nos avergonzamos, tenemos pérdidas y nos vemos obligados a buscar el cambio si es que queremos no vivir siempre con los mismos conflictos o dificultades. Hay personas que viven creyendo que no han cometido errores tan graves, y eso está bien, mientras eso no les impida ver que siempre hay algo que mejorar. Sin las crisis que se nos presentan no necesitaríamos buscar algo más, por eso son necesarias, para que no continuemos eternamente en la misma postura que nos mantenga estancados.

Cuando somos honestos con nosotros mismos, tenemos el suficiente valor para reconocer nuestra propia vulnerabilidad y nos atrevemos a pedir ayuda podemos obtener muchísimos beneficios. También creo que no todos los psicólogos son para toda la gente; así como todos tenemos diferentes gustos, lo mismo puede pasar con los profesionales a los que recurrimos. Tal vez la primera vez que fui con un terapeuta no me encantó, pero cuando fui con otra(o) me sentí mejor. Tal vez no me gustó porque no me dijo lo que quería escuchar (lo cual es parte de enfrentarte con tu realidad y con tu disposición para hacer cambios) o por que simplemente no me sentí en confianza. Si no es con una persona puedes buscar otra, no tienes que generalizar en base a una experiencia…

Yo creo en el cambio, creo en los niveles de consciencia, creo en que se puede ser mejor cada día. Doy gracias porque a pesar de la vergüenza, el dolor, la decepción, que me han traído mis errores, también me han traído ganas de buscar algo más, sin esas malditas tonterías que me obligaron a buscar comprenderme realmente no hubiera encontrado lo que he encontrado hasta ahora. Si no hubiera estado tan confundida antes no habría buscado en la historia de mi familia, no habría conocido lo que me llevaba inconscientemente a hacer las cosas, no habría experimentado ésta nueva manera de ver hacia dentro de mi. Hoy puedo decir que estoy orgullosa de que mi vida años atrás estuvo llena de altibajos, pues puedo confirmar ese dicho: Un mar en calma nunca hizo marineros expertos. Me encanta ser “la buscadora” de mi familia porque me he encontrado con un mundo maravilloso y he podido despertar a ver el amor de muchas maneras.

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El punto es que en una terapia (y a veces con otro tipo de situaciones) puedes no hacer ningún cambio y sentir que sólo perdiste tu tiempo o puedes encontrar más de lo que algún día pudiste imaginar, todo depende de qué tanta apertura y humildad tengas para recibir. En una terapia puedes desahogarte, sentirte escuchado(a), puedes conocerte y conocer tu sistema familiar, puedes entender qué hay en tu inconsciente que te lleva a hacer las cosas de cierta manera o que te lleva a pensar y sentir de cierta manera, puedes sanar heridas infantiles que ni siquiera te imaginabas que tenías, puedes experimentar una manera de vivir totalmente distinta, puedes aprender a relacionarte contigo, con los demás y con el mundo o el universo de una manera hermosa.

La terapia no es sólo para “los locos”, para “los malos”, para los que les ha ido mal en algo ni para los que no pueden solos. La terapia puede ser para todos, para los que están pasando por crisis, para los que no quieren repetir historias, para los que no tienen nunca con quien platicar, para los que tienen con quién platicar pero algo no les permite hacerlo, para los que se sienten estancados, para los que quieren conocerse más o para los que simplemente quieren mejorar en algún aspecto.

No nos engañemos a nosotros sí mismos, es bueno perder el miedo a pedir ayuda. Así como cuando nos enfermamos vamos a un especialista y le pagamos por sus servicios, también cuando nos enfermamos emocionalmente tenemos la responsabilidad de cuidarnos a nosotros mismos. Soltar un poco el ego y darnos permiso de sentirnos vulnerables sin que sea algo negativo sino para pedirle ayuda a alguien definitivamente vale la pena.

Lucía Victoria.

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28

28 de Julio

“Pasé mi cumpleaños en la playa, muy tranquila y descansando de tanto trabajo. Fui a cenar con mi mamá, José, mi tía Martha y Diana, la amiga de mi mamá, a La bodeguita de en medio, donde había una música cubana contagiosa que me encanta.

Hoy junto con las felicitaciones me han dicho varias veces que sus 28 años fueron unos de los mejores años, mi tía me dijo que a esa edad viajó y que había sido un buen año para ella… siempre he tenido el deseo de viajar a muchos lugares, pero ahora, después de escuchar esas experiencias, fue como un switch que se activó; éste año sería un año muy diferente, en el que empezaría una vida de viajes, de independencia, de disfrutar más… lo dije e instantáneamente lo comencé a sentir así, me sentía como una persona diferente, como si hubiera tomado cierto poder de algún lado sólo por el hecho de cumplir un año más. De inmediato comencé a planear el primer viaje del año, algo apresurado pero que resultó ser riquísimo en experiencias.”

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Antes de cualquier viaje planeado, en agosto se presentó una oportunidad, una pequeña salida, acompañando a mi novio a tomar fotos a un evento en una hacienda cerca de General Cepeda, Coahuila. Un lugar muy cercano, pero ese verde, los viñedos, el cielo azul y esas nubes son cosas que no se ven todos los días, por lo menos no todas juntas. Fue cansado ir a “trabajar” pero valió la pena con esas maravillas. Apenas era el principio…

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Para éste año que había decretado, me empeñé en que siguiera en pie la ida a Puebla, aunque fuera algo apresurado… terminé yendo con una amiga que me quiso acompañar (luego dándome cuenta que sin ella no se qué hubiera sido de mi jaja), sintiéndome como una adolescente que viaja por primera vez sin compañía de alguien mayor. No me había dado cuenta de lo dependiente que aún era de mi mamá, era algo realmente vergonzoso jaja. Fue un buen viaje, aprendí muchas cosas, me divertí, pasé una noche extraña y divertida junto con alguien con quien pensé que nunca iba a tener que convivir más después de la prepa, y no fue una obligación, realmente sentí que quería hacerlo para dejar todo atrás. Se sintió bien, por lo menos para mi.

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Jamás pensé que ese día que cumplía 28 estaba decretando con tanta fuerza algo así de grande… en septiembre empecé otro viaje, no como los que se nos vienen a la cabeza al decir esa palabra, no con aviones, playas, nuevas ciudades… un viaje distinto que le dio y le sigue dando un giro a mi vida; y que ahora que recuerdo, yo decretaba desde años atrás, cuando decía que me gustaría casarme y tener otro hijo a los 28. No sabía que lo que decía podría ser tan fuerte, ni siquiera imaginaba en qué circunstancias estaría a esa edad, pero definitivamente lo estaba atrayendo de la manera que fuera. A final de cuentas la vida no deja de sorprendernos con cosas que tal vez nunca creímos que nos iba a tocar vivir, entre noticias alegres y noticias tristes… para el siguiente mes mis planes habían cambiado bastante.

En diciembre comencé a compartir mi vida más de cerca con esa persona que me ayudaba a ser más yo cada día. Sin entrar en detalles… una montaña rusa… que no cambiaría. ❤

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Para noviembre surgió una oportunidad de visitar a mi familia en Querétaro, fue algo que me hizo sentirme más cerca a mis raíces. En esos pocos días escuché más sobre mis tíos, mis primos, mis abuelos… algo que me unía más al clan. Visitamos a una tía que ha estado en cama y aún no se comunicaba verbalmente con nosotros, a decir verdad, me fui de ahí un poco triste.

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En marzo que volvíamos a Querétaro la vi mucho mejor. En éstas dos visitas a Querétaro me sentía como otra persona, diferente a la que hace muchos años había convivido con ellos. Probablemente por la diferencia de edad, pero era como si antes viviera en una burbuja y ahora estuviera mucho más consciente de lo realmente importante. Entonces se sentía como un mundo totalmente diferente. Le agradecí a Dios por permitirme despertar.

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En junio pude ir a la playa, gracias a los primos de mi esposo que se casaron allá. Disfruté tanto esos días… descansé todo lo que quise, hice todo lo que quise, sólo estaba ahí sin límites de tiempo, sin horarios, como hacía mucho tiempo no estaba. La boda estuvo hermosa, todos relajados, bailamos muchísimo, sudamos muchísimo jajaja y a nadie le importó. No había pretensiones. Por lo menos yo no las sentí. Tal vez la que había cambiado era yo… quien sabe.

En esa misma ocasión pude conocer Sayulita, esa playa de surfers de la que me habían hablado tanto. Después de años de imaginármela, por fin estaba ahí.

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Sin fecha porque fue un proceso… asistí durante meses a un diplomado hermoso que me ayudó a ver cómo cuando era una niña había aprendido que era mejor no sentir para no hacer problemas y que era más importante complacer a otros que lo que yo pudiera querer (no porque me lo hayan dicho así sino que así lo sentí). Después de hacer esto consciente pude comenzar a darme yo misma permiso de volver a sentir TODO y de darme gusto a mi. Para mi ese fue un viajesote.

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Para la última semana de mis 28 años fui a Monterrey a visitar a mi papá, mis tíos, primos y mi abuela, entre carcajadas festejamos por adelantado mi cumpleaños. Al día siguiente mi mamá me concedió el deseo de conocer Cuatro ciénegas, nos llevó de paseo, a mis abuelos, mi hijo y mi esposo. Conocimos lugares hermosos y a mí me encantó cómo mis abuelos estuvieron ahí disfrutando junto a nosotros a pesar de tanto calor.

Si hablara de todo lo que consideré “viaje” durante éste año sería una lista muy larga.

Lo importante es que en los últimos meses me he dado cuenta, lo mío no es hacer planes a largo plazo, lo mío más bien es hacer las cosas… digamos que… inesperadamente. Si yo hubiera planeado todos estos viajes creo que no habrían salido tan bien.

Y lo logré, entre pequeños o grandes proyectos y salidas que no se concretaron y otros que sí, definitivamente éste año fue en el que más viajé, en el que hice más cosas nuevas y en el que me he dado más permiso de ser únicamente yo, de hacer lo que realmente quiero y de sentir todo lo que antes no pude sentir. Nunca subestimen el poder de sus pensamientos.

Después de todo esto no me queda más que ser agradecida. Definitivamente, en el camino para llegar hasta lo que soy hoy, toda la gente que me rodea ha tenido parte, de manera directa o indirecta, hasta con el más mínimo detalle que puedan imaginar. Cuando vi alguna frase que compartieron, alguna foto familiar, algún comentario que hicieron… las posibilidades son infinitas. GRACIAS a todos por ser mis maestros.

Así es como todos somos uno.

Lucía Victoria.

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Mirar(se) en los ojos del otro.

Mirar a los ojos a otra persona es ir más allá. Me atrevería a decir que es una de las pocas cosas que realmente necesitamos y que nos hace mucha falta, el mundo sería diferente si nos diéramos esa oportunidad, de no sólo ver, de no quedarnos en lo superficial.

Y es que hay tanto que mirar… podemos hablar con los ojos, podemos agradecer con los ojos, podemos honrar con los ojos, podemos sentir con los ojos, podemos compadecer con los ojos, podemos apoyar, gozar y hasta tener una conversación profunda que nos lleve a sentir paz sólo con los ojos.

Para algunos puede ser difícil, son los miedos, las inseguridades, los pensamientos que no nos dejan abrir el corazón para permitirnos practicar esto. Hace años no podía mantener la mirada en los ojos de alguien que me estuviera hablando, ni por dos segundos. Hacerlo no fue nada fácil pero con el tiempo fui acostumbrándome (primero) y luego fui dándome cuenta de lo maravilloso que era y de todo lo que los demás y yo podíamos recibir con ésta práctica. Es algo que sin duda debo recomendar.

Si nos miramos a los ojos podemos romper barreras, podemos ver el alma de quien está en frente, podemos ir tan profundo que podemos encontrar el amor que hay dentro de cada persona e incluso encontrar el amor que está dentro de nosotros mismos. Podemos vernos a nosotros mismos en esos ojos. Si buscas bien, te das cuenta que detrás de cada mirada siempre hay una gran historia.

Lucía Victoria.

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Hay que aprender a ser feliz.

Dios/la vida/el universo… quien sea, me ha dado la oportunidad hasta hoy de despertar cada mañana, poder abrir los ojos y ver el cielo, escuchar cantar a los pájaros, ver atardeceres y amaneceres, oler aromas deliciosos, poder bañarme con agua caliente, tener algo que comer en mi casa, tener un trabajo, tener salud, tener un hijo sano, una familia que me da su amor, estar rodeada de gente que me quiere y me apoya, poder reírme hasta llorar, llorar tanto como he querido y hasta que me duela la cabeza, tener una consciencia que me hace disfrutar fácilmente, poder seguir aprendiendo todos los días…

También hay días que me he deprimido, que me he dado de topes al ver mis errores, que me ha dado miedo enfrentar las cosas, que no he querido ni levantarme de la cama…

Pero, ¿por qué habría de poner más atención a las pocas cosas que no resultan como yo quisiera?

La vida es así, no todo va como queremos, pero ese es el chiste, hay que fluir como un río entre las rocas.

Hay que saber ser feliz, lo demás es lo de menos…

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Lucía Victoria.

Cuando te veo, también me veo.

Que nadie te robe la paz; ni quien pudieras criticar, ni quien pudieras sentir que te quiso hacer daño. Que no te robe la paz, que puedas ver al otro como igual, como una persona que vale tanto como tú pero que tiene diferentes problemas de vida o maneras de actuar, que veas que no es que te haya hecho algo a ti sino que tú te lo tomaste personal, y por lo tanto puedas dejar de juzgar. Que su mirada y su actuar, en lugar de llevarte a arrojar tiempo y energía hacia otros, te inviten siempre a ver dentro de ti para DARTE CUENTA, pues reconociendo al otro en uno mismo es como realmente podemos estar en paz.

“Cuando te veo, me veo.”

Lucía Victoria.

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Agradecer.

 

Agradecer. Así, sólo esa palabra. Porque es tan importante que se merece un espacio sólo para ella. Agradecer lo que tenemos y hemos tenido hasta hoy, sea lo que sea. Incluso las pequeñas cosas que al final realmente no son tan pequeñas; las sonrisas, las carcajadas, los golpes de la vida que nos obligan a reflexionar, los gestos amables de la gente, la rica comida que hemos tenido todos los días, los amaneceres y atardeceres hermosos, despertar un nuevo día, el aire fresco en una tarde calurosa, etc.

Quien no lo haya vivido no sabe lo que se pierde, quien aún no llegue a tener esta apertura, fresca, distinta, fluida de la vida, espero que lo puedan ver pronto, todo lo que tenemos que agradecer, todos los días, en cada detalle. Les deseo una vida llena de días simples (como queremos creer que son), llenos de situaciones y circunstancias diversas que hagan de su existencia una experiencia mejor cada día.

Lucía Victoria.

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