reflexiones, relaciones, vida

Ya no estamos para morir de miedo…

Afortunadamente llega un momento en la vida en la que nos damos cuenta que ya no estamos como para seguir teniendo miedo… que ya no estamos para engañarnos a nosotros mismos… que ya no estamos para seguir pensando que los demás pueden adivinar lo que sentimos o para esperar a que el otro diga algo primero, que ya no estamos para preocuparnos por andar bien peinados, que ya no estamos para pretender, para disimular algo que no es o para preocuparnos por el qué dirán, que ya no estamos para aguantarnos lo que no nos hace bien, ni convivir con personas que no queremos ver más, para posponer planes, decisiones, palabras, besos o abrazos…

Ese momento en el que entendemos que el tiempo sigue pasando y que ya no estamos para seguir perdiendo vida.

Lucía Victoria.

 

ya no estamos

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reflexiones, vida

…y seguir.

Llega un momento en la vida en que te das cuenta que sólo te queda una opción, dejar de voltear al pasado, dejar ir las ilusiones y los planes que tenías hace años y que no salieron como esperabas, y ver sólo al frente.

Sabes que si sigues pensando en lo que hubieras podido hacer diferente, nada va a cambiar. Que esa pequeñísima esperanza de que “algo” pase te mantiene paralizado allá. Parece más fácil seguir pensando en esto ya conocido que dar el salto a lo que no sabes cómo va a ser, vivir sin ese sueño cumplido, sin esa persona en tu vida, sin esa parte de tu forma de ser que ya no te sirve.

Llega un momento en la vida en el que sólo queda despedirte de lo que pudo ser pero no fue… y seguir, con nuevos sueños, con nuevas personas, con nuevas ideas, con nuevos ojos.

Lucía Victoria.

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Lo que sentimos con las redes sociales.

¿Cuántas veces han escuchado a alguien hablando de lo que los demás suben a sus redes sociales? ¿Cuántas veces han escuchado algo como “¿terminaron? pero si se veían tan felices en sus fotos…” o “nunca sube foto con ella, seguro está tratando de ocultar algo”? ¿Cuántas veces han escuchado juicios en base sólo a lo que hay en una red social?

Esos que creen que los que suben muchas fotos a Facebook están desesperados por llamar la atención, o los que creen que las personas que comparten todo lo que hacen en pareja están fingiendo, o los que por no compartir tantas cosas como alguien más se sienten mejores personas que ese otro… todos pueden estar equivocados y todos pueden estar en lo correcto.

Todos llegamos a lo mismo, juzgar o suponer de los demás por medio de las redes, al final de cuentas, todos estamos metidos en el mismo círculo, una manera de pensar que adoptamos gracias a que empezamos a usar esto. Algunos piensan que alguien está pasándola mal porque no ha compartido nada en mucho tiempo, algunos piensan todo lo contrario. La verdad es que una persona que comparte muchas fotos con su pareja puede estar muy feliz en su vida real o puede estar muy triste pero hay momentos en su día en que esas fotos le dan algo de luz… puede estar trantando de demostrarle algo a alguien o solo quiere compartir su felicidad… puede sentirse segura o insegura… puede estar en un momento bonito de su relación o puede estar en la peor crisis… no lo podemos saber a menos que nos acerquemos de verdad.

No se olviden que las redes sociales están llenas de momentos, solo instantes dentro de los días y de las vidas de las personas. Entre una foto y otra puede haber mucho más. Las redes sociales no son vidas. Las redes sociales no sustituyen el contacto humano.

Juzgar menos, acercarnos más.

Lucía Victoria.

 

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Humildad.

Ser humilde no es sencillo, pareciera que se tratara solamente de no demostrar que nos sentimos superiores o más importantes que otros pero la realidad es que va mucho más allá. Es un trabajo constante, de estar alerta a nuestros propios sentimientos, pensamientos y acciones.

Es reconocer que todos tenemos derecho de pertenecer a éste mundo; reconocer que no somos cómo nos vemos, lo que tenemos, ni siquiera lo que sabemos; aceptar que no tenemos la razón; entender que algunas veces es más sabio callar; respetar el destino de cada persona, respetar que tiene derecho de pensar como lo hace y que la forma en la que siente tiene una razón que puede ir más allá de nuestra comprensión; es reconocer en otros las virtudes y en nosotros mismos lo que aún podemos mejorar sin sentir que eso nos hace menos, sino tomándolo como parte de la vida y permaneciendo abiertos al aprendizaje. La humildad nos permite no necesitar llamar la atención, no sentirnos tranquilos sólo cuando alguien más nos ve, sentirnos en paz a pesar de pensar que alguien más nos juzga en ese momento; nos permite saber que todos tenemos historias que nadie conoce y momentos diferentes en que abrimos los ojos.

Quien cree que ya lo sabe todo no aprenderá más. Quien cree que merece todo vivirá en disgusto. Quien se reconoce como uno igual a los demás en un todo vivirá agradecido.

Sólo a través de la humildad podremos conocer el amor verdadero, el amor a todo tal como es, porque después de sentir que todo tiene razón de existir, descubrimos el amor puro hacia nosotros mismos, formando parte del todo.

Lucía Victoria.

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No todo lo bueno que termina tiene que convertirse en malo.

No todo lo bueno que termina tiene que convertirse en malo. A veces nos gusta sufrir o se nos hace más facil quejarnos cuando algo bueno que teníamos en nuestra vida ya no está, cuando una amistad de muchos años se aleja, cuando termina una relación de pareja, cuando algún familiar se va o cuando simplemente perdemos algo que considerábamos importante. A veces convertimos lo bueno en algo trágico y dramático instantáneamente, incluso algunos pareciera que quisieran borrar lo bueno que sí pasó sólo por que ya terminó; dañan al otro con palabras, borran fotos, eliminan contactos, hablan de todo lo malo que hubo en esa relación de amistad o de pareja, le dan más fuerza a los recuerdos tristes que a los momentos bonitos o felices; prefieren negar lo que disfrutaron que permitirse sentir la nostalgia o el dolor que viene después. Pero esa no es la única opción…

Cuando algo acaba, después de sentir la pérdida, también podemos elegir recordar lo bueno y dar las gracias por lo que sí pasó, por el tiempo que duró, por lo que nos dejó… Con el tiempo aprendes que perdiendo también se gana, que todo final es un nuevo comienzo y que lo bueno que hemos vivido puede siempre seguir en nuestra historia como algo bonito para recordar. Con el tiempo aprendes que agradecer por lo que sí pasó te hace vivir mejor.

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Lucía Victoria.

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Yo elijo darle vuelta a la página.

Muchas cosas han pasado antes y a veces puede ser difícil dejar ir algunas de ellas, pareciera que mientras más nos aferramos al pasado es más sencillo no tener que esforzarnos por mover un dedo o por cambiar una idea.

Hay gente que pasa toda una vida sintiéndose mal por lo que los demás “les han hecho sufrir”, por el daño que se les ha causado. Toda una vida de martirios y autocompasión. Lo cierto es que, como lo he escrito antes, todo tiene un lado luminoso y uno oscuro, por lo tanto cuando buscamos la ganancia de vivir fijándonos en “todo lo malo que nos han hecho” podremos encontrar esa comodidad de sentarnos a esperar a que nuestro alrededor cambie… algo que probablemente no pasará.

Aunque con esa cierta comodidad también venga una incapacidad de hacernos responsables como adultos. Esa responsabilidad de retirarnos de lugares que no nos hacen bien, de tomar decisiones por muy difíciles que sean, de cargar las consecuencias de esas decisiones, de cambiar un pensamiento o manera de ver las cosas que sólo nos están haciendo daño, de ver hacia dentro de nosotros y aceptar los miedos más grandes que tenemos.

Y es que muchas veces no es fácil dejar ir…

Dejar ir es para valientes, para los que se atreven a quitarse el traje de víctima, para los que pueden hacerse responsables de sus decisiones, para los que pueden encargarse y tomar fuerza para comenzar a vivir desde el adulto en vez de seguir viviendo como niños que dependen de alguien más para cubrir sus necesidades emocionales.

También creo que el dejar ir está relacionado con la capacidad para ser humilde. Para dejar ir se requiere de cierta apertura del corazón, de un alma en paz con el universo, de esa sencillez que nos permite ver que todos somos personas imperfectas con historias que nos han marcado y que nadie es menos o más que nadie.

Creo que dejar ir es para los fuertes. Ojalá cada vez haya más gente en el mundo que se permita buscar y encontrar su propia fuerza.

Mientras tanto yo hago lo mío; elijo darle vuelta a la página.

 

Lucía Victoria.

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Vivir completo

Desde pequeños, viendo a los grandes, aprendemos que no podemos o debemos estar tranquilos hasta que tengamos todo bajo control. Los grandes queremos controlar el comportamiento de nuestros hijos, controlar la forma en la que aprenden, controlar que pase lento o rápido el tiempo, controlar la forma en la que nuestra pareja nos demuestra su amor, controlar nuestros sentimientos, controlar lo que hacen o deciden los demás, controlar incluso lo que piensan los demás de nosotros ¿qué loco no?

Las personas complicamos todo. Lo complicamos para no tener que enfrentarnos a nuestros miedos. Cuando hay conflictos evitamos hablarlos como si así desaparecieran, cuando sentimos algo lo callamos hasta que no podemos más, cuando alguien piensa diferente o vive diferente algún asunto preferimos señalarlo como un error en lugar de hacernos más flexibles y adoptar nuevas posturas o pensamientos que atenten contra lo que nos hace sentirnos seguros (lo que ya conocemos); preferimos vivir como se nos enseñó en lugar de probar nuevas formas, preferimos vivir a medias que aprender a vivir todo lo que podemos, preferimos “cuidarnos” a nosotros mismos poniendo una barrera, antes que aprender a disfrutar las cosas aún sabiendo que pueden terminar en algún momento. Tenemos voz y no la usamos siempre que podemos, tenemos ojos y no los usamos para expresar sin hablar, tenemos brazos y no los usamos para abrazar todas las veces que podríamos. Es un desperdicio. Una manera de protegernos a nosotros mismos de lo que sea que sintamos como amenazante.

¿Por qué queremos controlar todo? ¿A qué le tenemos tanto miedo?

Parece que le tememos a vivir, a sentir lo que podemos que sentir, a sufrir lo que podemos sufrir, a amar lo que podemos amar, a emocionarnos con algo, a hacernos ilusiones porque tememos que lo bueno vaya a terminar. Tenemos miedo de que vaya a doler…

¿Realmente vale la pena seguir toda la vida pensando igual, sintiendo igual, haciendo lo mismo? ¿Es mejor evitar encontrarnos a una persona que decirle todo lo que le queremos decir a la cara? ¿Es mejor no entregar el corazón completo a algo o alguien por si acaso después eso acaba? ¿Es preferible quedarnos con las ganas de hacer algo con tal de que no vayan a pensar algo equivocado de nosotros? ¿Por qué es importante lo que los demás piensan de nosotros?

¿Por qué no darnos permiso de cambiar nuestros esquemas mentales? ¿Por qué no cuestionar y refutar nuestras propias ideas?

La vida no se detiene, algunas veces viviremos situaciones incómodas, intensas, duras, tristes; otra veces pasaremos por momentos alegres, bonitos o agradables… Es parte de vivir. Pero no podemos experimentar muchas cosas si seguimos anclados por miedo. Al fin y al cabo, si vamos a sentirnos tristes, pues estemos tristes un tiempo. Si vamos a sentirnos incómodos, pues estemos incómodos, si vamos a amar, amemos, sintiéndolo con todo nuestro cuerpo, pues por algo sentimos lo que sentimos. Si vamos a darnos cuenta de que estábamos equivocados, podemos reconocerlo y seguir aprendiendo. ¡Es normal que sintamos muchas cosas! ¡Estamos vivos! No podemos evitarlo… ¿por qué queremos evitarlo?

Si alguien tiene algo que decir, que lo diga. Si alguien tiene que confrontar a otra persona, que lo haga. Si alguien necesita ayuda, que pida ayuda. Si alguien tiene dudas o no sabe qué hacer, que pregunte. Si alguien se siente tan mal que necesite llorar, que llore. Ninguno de éstos sentimientos va a durar para siempre.

Las creencias irracionales se encuentran en la mayoría de nuestros problemas. Buscar la creencia irracional que tenemos y cambiarla puede hacer un gran cambio en nuestra vida. Empezar a decir ‘Sí’ a lo que siempre hemos dicho que no, es un buen comienzo.

Eso que no quieres sentir, siéntelo y deja que la vida siga…

 

Lucía Victoria.

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“Disfruta del pánico que te provoca tener la vida por delante. Vívela intensamente sin mediocridad”

Walt Whitman