relaciones, vida

Papás

Después de investigar un poco con mi familia paterna, he visto que en mi árbol genealógico muchos padres no se quedan; murieron jóvenes, se iban a vivir lejos o simplemente no estaban disponibles emocionalmente.
También veo que a muchos de ellos no se les reconoce su lugar de hombres, sino que se les conoce por lo que no hicieron, por lo que les faltó dar, por lo que “no cumplieron”.
Entonces entiendo las cosas.

Hoy doy las gracias a todos los hombres, a todos los padres así como les tocó vivir y así como fueron. Sé que lo hicieron lo mejor que pudieron. Y reconozco su lugar en la familia, igual de importante que el de las mujeres.
Les doy las gracias por la vida, los honro, los respeto y les digo que ya empezamos a hacerlo diferente.

Gracias por lo que me han enseñado.

Lucía Victoria

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ocio, pensamientos, vida

¿Estás en paz?

Una mañana camino al trabajo.

En el semáforo me toca en rojo y al lado de mi camioneta está el señor que vende jugos de naranja.

Otras veces le he comprado. Hoy no traigo dinero, pero lo saludo y le doy los buenos días con una sonrisa.

Segundos después se acerca su esposa molesta a decirme que por qué le estoy coqueteando al señor.

– Yo sólo estoy siendo amable. No estoy haciendo nada para que se enoje.

– ¿Y quién te pidió que fueras amable?

– Nadie. Soy así porque me gusta.

– Y yo quiero ser celosa y enojona. Y me gusta ser así.

– Ok… Entonces cada quien que sea como quiera. No tengo que cambiar porque a alguien le molesta.

Me voy. Estamos de acuerdo en que cada quien puede ser lo que quiera ser y en que no vamos a cambiar algo sólo porque a otra persona le parece que estamos mal, somos adultos… Al menos concordamos en eso.

Y entonces pienso: lo importante aquí son todas las consecuencias de lo que elegimos ser.

A mi me deja tranquila ser amable con la gente.

¿Eso la dejará en paz?

 

Lucía Victoria.

P.d. Todo ésto pasó sólo en mi imaginación… después de darle los buenos días al señor que vende jugos de naranja.
reflexiones, relaciones, vida

No olvides verte.

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¿Alguna vez te has encontrado frente a alguna situación y en algún momento te das cuenta que estás sintiéndote como un niño y no como un adulto? Sintiendo todo de una manera desproporcionada… una tremenda tristeza, un dolor muy grande, una confusión terrible, un no saber ni siquiera qué hacer… como lo viviría un niño pequeño, desde su inexperiencia, desde su incomprensión de la vida que le rodea, con toda esa fragilidad que lo pone vulnerable y esa necesidad de que alguien más lo cuide.

¿A veces sientes que hablas y nadie te escucha, hace mucho que no te sientes bonita o guapo, te derrumbas por cosas sencillas, te estás sintiendo un peso en la vida de alguien, te quedas paralizado en algunas situaciones, sientes que no te mereces cosas mejores, piensas que lo estás haciendo todo mal, que los demás no te quieren, no sabes cómo relacionarte con los demás, continúas diciéndote adjetivos negativos y enjuiciándote, sientes y reaccionas de manera exagerada, descuidas tu salud, te sientes culpable cuando te va bien, te estancas en los errores…?

Todo esto es señal de que algo anda mal. Es señal de que dentro de ti hay un(a) niño(a) herido(a) queriendo ser visto(a) y tomado(a) en cuenta. Te está recordando que necesitas verte a tí mismo y hacerte cargo de él/ella.

Cuando eramos pequeños, aunque hayamos tenido una infancia feliz, vivimos situaciones que nos marcaron de cierta forma. Con algunas vivencias nos sentimos tristes, con otras confundidos, con otras preocupados, con otras castigados, con otras ignorados… y la lista podría seguir. Y cuando siendo adultos vivimos algo que nos hace sentir un poco como cuando éramos pequeños, podemos llegar a sentirlo tan fuerte como si regresáramos en el tiempo. A ésto podemos llamarlo: vivir desde el niño. Un niño que tal vez no recibió lo necesario para crecer y sentirse completo.

La parte más vulnerable que todos llevamos dentro desde la infancia, que está tan oculta y olvidada, se puede destapar en momentos de estrés; a veces el vivir un periodo difícil, una emoción fuerte o el convivir con situaciones o personas que nos remontan a algún sentimiento de la infancia puede abrir nuestras heridas de niño. Hay personas que están tan acostumbradas a no sentir que cuando comienzan a sentir desde su niño herido experimentan sentimientos tan fuertes y sorprendentes que no saben cómo manejarlos, teniendo reacciones irracionales e infantiles.

Es un llamado de ayuda de nuestro pequeño(a).

Por lo tanto, es bueno afrontar ésta situación acercándonos a él/ella y ayudándole a sanar sus heridas. De una manera amable, protectora, tranquila, como lo haríamos con un niño pequeño que tenemos que cuidar. Reconocer el sufrimiento que tuvo, el dolor y todo lo que ha experimentado, es un paso muy importante, pues hacerlo nos permite apreciarnos a nosotros mismos, ser buenos con nosotros mismos. Es entonces cuando nuestra parte adulta puede abrazar a ese niño interior y comenzar a hacerse cargo de él/ella. Así podemos dejar de depender de alguien más para sentirnos bien y sólo depender de nosotros mismos, pues cuando algo nos remonte a algún sentimiento de la infancia, tendremos la consciencia para que, desde el adulto, nos hagamos cargo del dolor de nuestro niño interno y lo acompañemos en todo momento.

En nuestra infancia está la clave para entender por qué somos como somos, qué cosas pensamos, sentimos y actuamos antes, y qué cosas seguimos repitiendo en la vida adulta. No es algo fácil, a veces nos da miedo voltear a ver hacia nuestro pasado, pero vale la pena. Y cuando no podemos solos es bueno pedir ayuda de alguien que también pueda ser amable con nosotros.

Mientras más integrado tengamos a nuestro niño interior con la consciencia de sus heridas, mejor podremos manejarlas. Así se hará más sencillo hacernos cargo de nosotros mismos.

Voltea a ver a tu niño, abrázalo y cuídalo. Voltea a verte a tí.

Lucía Victoria.

pensamientos, vida

No me malinterpretes.

32928247_10160266649515398_1424571713563131904_oÉsta soy.

No me mal entiendas; sí, a veces puedo estar en desacuerdo contigo en algunas cosas o sentirme mal por algo que hagas, a veces puede chocarme algo que haces por que me reflejas algo que no me gusta de mí, a veces puedo caerte mal o hasta hacerte enojar mucho… pero al mismo tiempo puedes seguir agradándome. Puede ser que hace tiempo hayamos tenido errores y las diferencias entre tu y yo hayan sido tan fuertes que dejamos de hablarnos, puede ser que hace años nos hayamos casi odiado… pero el tiempo ha pasado y he podido ver que las personas aprendemos y cambiamos.

Cuando te veo, te veo completa, sabiendo que, aunque no te comprenda aún, tú también tienes tu historia. Incluso puedo sentir amor por ti, como por cualquier persona que merece un lugar en éste mundo; puedo sentir unas auténticas ganas de abrazarte y sonreírte, sin necesidad de que hagas nada.
Cuando te veo, me veo.

No me malinterpretes, cuando te sonrío soy sincera, simplemente es mi forma de ser.

Lucía Victoria.

#ThisIsMe #LoveIsEverywhere #AmorUniversal

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pensamientos, reflexiones, relaciones, vida

Mi cuerpo se queda chico.

Mientras va pasando el tiempo vas siendo más consciente de lo importante que es disfrutar las cosas sencillas (estoy segura que no a toda la gente la pasa así, pero me alegra creer que a la mayoría sí), sabes que no hay que dejar las cosas para después, que no hay que perder mucho tiempo en enojos, que no hay que guardar vestidos bonitos para momentos especiales, que el peinado a veces no es tan importante, que hay que agradecer el tiempo que sea que puedes pasar jugando con tu hijo a lo que le gusta, que es un mega regalote tener oportunidad de viajar con tu familia a algún lugar, que tu vida no sería la misma sin tu mamá cerca, que vale muchísimo la pena desvelarte viendo cómo una tortuga enorme sale del mar, cava en la arena y entierra sus huevos, que cuando tu sobrino llorando te hace pipí en la cara por accidente (jajaja) lo que importa no es correr a limpiarte sino arrullarlo para que se calme, que si tienes ganas de cantar en el karaoke, cantas aunque desafines, que no hay que esperar a que las personas se acerquen a tí si tú quieres acercarte, que cuando una persona que quieres mucho muere puedes seguir hablando todos los días con ella y realmente te escucha, que no tiene caso enfocarse en lo que no tienes, que aunque las cosas no salgan como tú quisieras puedes elegir no pelearte con la realidad, que cuando tienes una de las pocas oportunidades de abrazar a tu papá no hay que pensarlo dos veces, que hay que valorar el tiempo que aún tienes con los que quieres, que hay que agradecer que puedes ver las maravillas que tiene la naturaleza… y no acabaría.

No puedo dejar de dar las gracias por poder saberlo, por permitirme darme cuenta… a quien tenga que agradecerle eso.

Por que aunque mi vida no es para nada perfecta y hay también muchos momentos en los que estoy muy triste, muy enojada o con pensamientos negativos, sé que es pasajero y es así como mi vida se equilibra. Entonces después viene el amor de nuevo, más grande que todo eso.

Hace pocos días soplé las velas de mi pastel improvisado de cumpleaños, rodeada de mi familia, casi al final de unas vacaciones con ellos, que hasta ahora han sido las mejores que he tenido. Lo que no sabían ellos era que mientras me cantaban, pensaba qué deseo pedir, y lo único que vino a mi mente es que ya tenía todo, entonces mientras apagaba las velas sólo di las gracias y deseé seguir teniéndolos.

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No sé si a alguien más le pasa pero hay veces, cada vez más seguido, que tengo ésta sensación de tener tanto amor dentro de mí que mi cuerpo se queda chico para contenerlo todo. Es una sensación que me llena totalmente físicamente, como una luz amarilla y otra roja más adentro que salen de mi cuerpo atravesando mi pecho y mi espalda.  A veces siento como si fuera a explotar. Y sólo puedo llorar de alegría. Y no se me ocurre otra cosa qué hacer con tanto, mas que repartir algo de eso a todos los que pueda.

Tal vez ésto explique el por qué de algunas de mis (extrañas) acciones.

En fin, así llegué a los 31.

GRACIAS.

Lucía Victoria.

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vida

Miércoles 18 de abril

Hace dos días que te fuiste… no esperaba que fuera tan pronto.

No tuve tiempo de despedirme, te vi un día antes pero tu no me viste porque estabas dormida, pienso que si hubiera sabido habría hecho algo diferente ese día… aunque también pienso que no había nada que no te hubiera dicho ya, tal vez sólo quería decírtelo una vez más viéndote a los ojos para confirmar que realmente lo creyeras. Quería decirte otra vez que te merecías todo el amor del mundo porque siempre diste todo el amor que tú tenías. Quería darte las gracias, por la vida que me llegó a través de ti, por tus cuidados, por tu comprensión. Siempre fuiste una luz abuelita. Y así lo confirmaron todas las personas que llenaron ayer la capilla para verte, pues a cada una le diste algo en algún momento.

Hace dos días que te fuiste y la vida sigue siendo buena también ahora… aunque me siento como si avanzara en cámara lenta… pero buena y tranquila… porque cuando viene a mi mente tu recuerdo pienso en tu carita con esa sonrisa amable para todos, en todas esas palabras amorosas que les dijiste a todos, tal como lo hiciste fue perfecto. Siempre pacífica, amable y cariñosa, atenta a quien estuviera a tu alrededor. Estoy en paz, porque siempre que pude te di lo que tu me dabas, como lo aprendí al verte, y porque ahora aunque no estés físicamente, lo que dejaste sigue aquí, igual lleno de amor e invitándonos a que lo sigamos haciendo así.

Siempre fuiste una luz para todos y lo sigues siendo. Sigues aquí con nosotros. ❤

Tu nieta Lucía Victoria.

reflexiones, relaciones, vida

Ya no estamos para morir de miedo…

Afortunadamente llega un momento en la vida en la que nos damos cuenta que ya no estamos como para seguir teniendo miedo… que ya no estamos para engañarnos a nosotros mismos… que ya no estamos para seguir pensando que los demás pueden adivinar lo que sentimos o para esperar a que el otro diga algo primero, que ya no estamos para preocuparnos por andar bien peinados, que ya no estamos para pretender, para disimular algo que no es o para preocuparnos por el qué dirán, que ya no estamos para aguantarnos lo que no nos hace bien, ni convivir con personas que no queremos ver más, para posponer planes, decisiones, palabras, besos o abrazos…

Ese momento en el que entendemos que el tiempo sigue pasando y que ya no estamos para seguir perdiendo vida.

Lucía Victoria.

 

ya no estamos