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Yo elijo darle vuelta a la página.

Muchas cosas han pasado antes y a veces puede ser difícil dejar ir algunas de ellas, pareciera que mientras más nos aferramos al pasado es más sencillo no tener que esforzarnos por mover un dedo o por cambiar una idea.

Hay gente que pasa toda una vida sintiéndose mal por lo que los demás “les han hecho sufrir”, por el daño que se les ha causado. Toda una vida de martirios y autocompasión. Lo cierto es que, como lo he escrito antes, todo tiene un lado luminoso y uno oscuro, por lo tanto cuando buscamos la ganancia de vivir fijándonos en “todo lo malo que nos han hecho” podremos encontrar esa comodidad de sentarnos a esperar a que nuestro alrededor cambie… algo que probablemente no pasará.

Aunque con esa cierta comodidad también venga una incapacidad de hacernos responsables como adultos. Esa responsabilidad de retirarnos de lugares que no nos hacen bien, de tomar decisiones por muy difíciles que sean, de cargar las consecuencias de esas decisiones, de cambiar un pensamiento o manera de ver las cosas que sólo nos están haciendo daño, de ver hacia dentro de nosotros y aceptar los miedos más grandes que tenemos.

Y es que muchas veces no es fácil dejar ir…

Dejar ir es para valientes, para los que se atreven a quitarse el traje de víctima, para los que pueden hacerse responsables de sus decisiones, para los que pueden encargarse y tomar fuerza para comenzar a vivir desde el adulto en vez de seguir viviendo como niños que dependen de alguien más para cubrir sus necesidades emocionales.

También creo que el dejar ir está relacionado con la capacidad para ser humilde. Para dejar ir se requiere de cierta apertura del corazón, de un alma en paz con el universo, de esa sencillez que nos permite ver que todos somos personas imperfectas con historias que nos han marcado y que nadie es menos o más que nadie.

Creo que dejar ir es para los fuertes. Ojalá cada vez haya más gente en el mundo que se permita buscar y encontrar su propia fuerza.

Mientras tanto yo hago lo mío; elijo darle vuelta a la página.

 

Lucía Victoria.

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Hablando conmigo

Mientras manejo a casa veo un conductor metiéndose a la fila y desobedeciendo las señales de tránsito.

Dentro de mi:

Ello: ¡Ahí va otro pen…! ¡No se meta! ¡Espere haciendo fila como todos los demás! Seguro es un señor que siempre hace lo que se le da la gana… ¿Por qué hay gente así?

Yo: Tú siempre hablando como si tu fueras mejor que todos.

Super yo: Acuérdate de no juzgar a la ligera, realmente no sabes por qué hacen las cosas los demás.

Yo: Sí, tienes razón ¿qué tal si lleva mucha prisa porque tiene una emergencia, un familiar grave o algo así?

Ello: ¡Ay sí! seguramente todos tienen algo urgente, entonces media ciudad tiene gente muriéndosele porque todos manejan como unos idiotas.

Super yo: Bueno ya, tu puedes mantener la calma, tienes cierta consciencia.

Yo: Pfff… ¿Y si dejas de perder el tiempo en hacer corajes por lo que hacen los demás? Ya analizaste demasiado. A otra cosa… súbele a la música.

Comienzo a cantar y relajarme, mientras las otras personas me ven.

Ello: Todos me ven con cara de loca, debe ser porque ellos no saben divertirse. Si yo quiero bailar mientras manejo, ¡bailo!

Super yo: ¿Cómo sabes que te ven y piensan eso? ¡Deja de creerte que sabes todo!

Yo: Parece que se te olvida ser más humilde. Para eso estoy aquí, para recordártelo.

Ello: También podrías sólo dejar de pensar tanto… ¡Qué aburrida! Deja eso ya…

Yo: Ok yaaaaaaaaaaaaaaa. ¡Mente en blanco!

Canto mientras pienso algunas otras cosas.

Llego a la casa, pongo música y sólo bailo. Apago la mente y empiezo a sentir.

Y después de un buen rato… volvemos a empezar. Y así todas las veces que quepa ésto en un día.cropped-overthinking_wallpaper_by_pipa10-d5v8nri2.jpg

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Vivir completo

Desde pequeños, viendo a los grandes, aprendemos que no podemos o debemos estar tranquilos hasta que tengamos todo bajo control. Los grandes queremos controlar el comportamiento de nuestros hijos, controlar la forma en la que aprenden, controlar que pase lento o rápido el tiempo, controlar la forma en la que nuestra pareja nos demuestra su amor, controlar nuestros sentimientos, controlar lo que hacen o deciden los demás, controlar incluso lo que piensan los demás de nosotros ¿qué loco no?

Las personas complicamos todo. Lo complicamos para no tener que enfrentarnos a nuestros miedos. Cuando hay conflictos evitamos hablarlos como si así desaparecieran, cuando sentimos algo lo callamos hasta que no podemos más, cuando alguien piensa diferente o vive diferente algún asunto preferimos señalarlo como un error en lugar de hacernos más flexibles y adoptar nuevas posturas o pensamientos que atenten contra lo que nos hace sentirnos seguros (lo que ya conocemos); preferimos vivir como se nos enseñó en lugar de probar nuevas formas, preferimos vivir a medias que aprender a vivir todo lo que podemos, preferimos “cuidarnos” a nosotros mismos poniendo una barrera, antes que aprender a disfrutar las cosas aún sabiendo que pueden terminar en algún momento. Tenemos voz y no la usamos siempre que podemos, tenemos ojos y no los usamos para expresar sin hablar, tenemos brazos y no los usamos para abrazar todas las veces que podríamos. Es un desperdicio. Una manera de protegernos a nosotros mismos de lo que sea que sintamos como amenazante.

¿Por qué queremos controlar todo? ¿A qué le tenemos tanto miedo?

Parece que le tememos a vivir, a sentir lo que podemos que sentir, a sufrir lo que podemos sufrir, a amar lo que podemos amar, a emocionarnos con algo, a hacernos ilusiones porque tememos que lo bueno vaya a terminar. Tenemos miedo de que vaya a doler…

¿Realmente vale la pena seguir toda la vida pensando igual, sintiendo igual, haciendo lo mismo? ¿Es mejor evitar encontrarnos a una persona que decirle todo lo que le queremos decir a la cara? ¿Es mejor no entregar el corazón completo a algo o alguien por si acaso después eso acaba? ¿Es preferible quedarnos con las ganas de hacer algo con tal de que no vayan a pensar algo equivocado de nosotros? ¿Por qué es importante lo que los demás piensan de nosotros?

¿Por qué no darnos permiso de cambiar nuestros esquemas mentales? ¿Por qué no cuestionar y refutar nuestras propias ideas?

La vida no se detiene, algunas veces viviremos situaciones incómodas, intensas, duras, tristes; otra veces pasaremos por momentos alegres, bonitos o agradables… Es parte de vivir. Pero no podemos experimentar muchas cosas si seguimos anclados por miedo. Al fin y al cabo, si vamos a sentirnos tristes, pues estemos tristes un tiempo. Si vamos a sentirnos incómodos, pues estemos incómodos, si vamos a amar, amemos, sintiéndolo con todo nuestro cuerpo, pues por algo sentimos lo que sentimos. Si vamos a darnos cuenta de que estábamos equivocados, podemos reconocerlo y seguir aprendiendo. ¡Es normal que sintamos muchas cosas! ¡Estamos vivos! No podemos evitarlo… ¿por qué queremos evitarlo?

Si alguien tiene algo que decir, que lo diga. Si alguien tiene que confrontar a otra persona, que lo haga. Si alguien necesita ayuda, que pida ayuda. Si alguien tiene dudas o no sabe qué hacer, que pregunte. Si alguien se siente tan mal que necesite llorar, que llore. Ninguno de éstos sentimientos va a durar para siempre.

Las creencias irracionales se encuentran en la mayoría de nuestros problemas. Buscar la creencia irracional que tenemos y cambiarla puede hacer un gran cambio en nuestra vida. Empezar a decir ‘Sí’ a lo que siempre hemos dicho que no, es un buen comienzo.

Eso que no quieres sentir, siéntelo y deja que la vida siga…

 

Lucía Victoria.

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“Disfruta del pánico que te provoca tener la vida por delante. Vívela intensamente sin mediocridad”

Walt Whitman

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La vida da muchas vueltas

Hasta mis 29 años descubrí que los dichos populares, refranes y proverbios no son sólo palabras para leer y pensar; son las verdades más grandes del universo. O por lo menos, de mi universo.

 

Para mi es verdad que vemos el mundo como somos.

Que reconocemos en los demás lo que tenemos dentro.

Que la vida da muchas vueltas, a veces te toca estar en el lugar de la persona que menos pensaste. Algunas veces hablarás y juzgarás a alguien pero otras veces alguien te juzgará a ti. Algún día le ayudarás mucho a alguien y otras veces alguien te ayudará. Puede ser que un día te sorprendas haciendo lo mismo que esa persona que hace 5 años pensaste que estaba loca o tonta. Ser humilde ayuda a ver lo maravilloso que es esto.

Que el universo nos cumple lo que pensamos todos los días. He podido comprobar que ese alguien que está allá arriba te puede conceder a su manera algo que aunque dijeras que no querías, no te cansabas de pensar o decir.

Que tal vez no comprendas cómo alguien puede sufrir tanto por algo hasta que te toca vivir algo parecido a ti.

Que no se puede vivir en el pasado o en el futuro porque se te acaba el presente.

Que los ojos son la ventana del alma.

Que mucha gente si puede cambiar y que habrá también gente que siempre será igual.

Que todo lo que vale la pena vivir, trae consigo también una parte difícil. Y nosotros decidimos qué pesa más para nosotros en la balanza.

Que cuando no dejas salir una emoción probablemente vayas a enfermar.

Que somos tercos al tratar de cambiar lo que piensan los demás para que piensen como nosotros queremos.

Que nosotros elegimos todos los días de qué alimentamos nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestra alma.

Que nada se compara a estar en paz con papá y mamá.

Que si no renuncias a algo y te das el tiempo suficiente puedes disfrutar del aprendizaje que viene al final de la crisis. Que a veces valdrá la pena quedarse y otras veces será mejor irse, pero siempre verás con el tiempo las consecuencias.

Que para ser grande, primero tienes que aprender a ser pequeño. En muchos sentidos…

Que la locura a veces no está tan mal después de todo.

Que es mejor ocuparnos de entendernos a nosotros mismos antes de tratar de hacer que los demás nos comprendan.

Definitivamente la vida da muchas vueltas… y ahora trato de aprovechar cada una. Si no, ¿cuál sería el chiste?

Lucía Victoria.

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Él

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Ser su mamá es lo más  difícil que me ha pasado en la vida. Primero fue lo que más temía, sentir que no podría decirle a nadie por el miedo a lo que vendría después, estar ese día en el quirófano con esa luz que no me dejaba ver nada, no saber qué le iban a hacer a mi cuerpo para que él saliera de ahí; tener un hijo a los 16 años era algo que nunca hubiera planeado, tener que cuidarlo, bañarlo, darle de comer y hacer todo yo sola se veía como algo tan peligroso a pesar de que había gente que me pudiera ayudar. Fue lo más cansado que me haya pasado, desvelarme por ver si dormido aún respiraba, ver si necesitaba algo todo el tiempo, cuando iba creciendo seguirlo por toda la casa para que no fuera a lastimarse con algo. Fue lo más desconcertante que me haya pasado, empezar a repartir mis horas del día, una parte para estudiar y seguir siendo una adolescente y otra para darle lo mejor que podía. Fue lo más asombroso que me haya pasado, cómo una personita que antes no estaba ahora estaba ahí y había salido de mi cuerpo. Fue lo más amoroso que me haya pasado, nunca había sentido tanto amor por una sola persona, es como si en todo mi cuerpo no cupiera tanto… darme cuenta que era afortunada de tener a personas que me ayudaron a cuidarlo, me enseñaron como hacer todo, me acompañaron todo el tiempo. Hasta hoy, ser su mamá es lo más difícil que me ha pasado, el no poder protegerlo de todo y de todos, incluso no poder protegerlo de mi misma con todos mis errores; querer que siempre sea feliz es imposible y muchas veces dejar que la vida siga su curso y dejarlo aprender algunas cosas aunque le causen tristeza, duele en el alma.

Él es lo más difícil que me ha pasado, pero también es lo mejor que pudo haberme pasado. Es el que me enseña algo todos los días, el que me hace ver que mi amor es aún más grande que cualquier situación difícil, la razón más importante por la que no dejo de querer ser mejor persona, lo más bonito que he tenido en mi vida. ❤

Lucía Victoria.

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Disfruta LO QUE HAY

¿La música que había en la fiesta no era lo que esperabas? Disfruta que vas a escuchar algo diferente por primera vez, aprende a bailar ese tipo de música o ponte a platicar con alguien que acabas de conocer, yo que sé… como sea, la música no la van a cambiar por ti. Te quedas quejándote de eso, te vas de ahí o te quedas y aprovechas todo, tú decides cómo la vas a pasar.

¿Tenías planeado ir a algún lugar y tuviste que ir a otro? No te va a pasar nada por que las cosas no salieron como querías, tal vez debías estar en donde estás para aprender a apreciar otro tipo de cosas.

¿Tus amigos no pudieron ir a última hora y ya estás en ese lugar donde quedaron de verse? No necesariamente tienes que irte a tu casa molesto, puedes aprovechar tu tiempo y hacer lo que quieras.

¿Te tocó ir en el viaje al lado de una mujer 40 años mayor que tú o un hombre al que nunca hubieras pensado dirigirle la palabra? Si platicas con alguien desconocido puedes aprovechar mucho la experiencia, nunca sabes con las historias que te vas a topar.

La vida está en constante cambio, es común que las cosas no salgan tal como quisiéramos, y también es normal que a veces sintamos frustración… ¡pero es que hay personas que exageran! Teniendo muchísimas opciones eligen la de vivir quejándose o evitando las cosas “que no les gustan”, se quedan sentados viendo cómo se les va la vida, esperando que las cosas cambien. No digo que tengamos que hacer siempre cosas que no nos gustan, sólo creo que muchas veces podemos aprovechar lo que tenemos en frente en ese preciso momento. La vida es eso, fluir, estar en movimiento. Van a pasarnos cosas que queríamos y también van a pasarnos cosas que no queríamos, entonces ¿por qué no aprovecharlas todas al máximo?

Si vas a bailar, baila como te de la gana; si vas a sufrir, ¿quién te lo va a impedir?; si vas a fastidiarte de algo, fastídiate y sigue ahí o decide hacer otra cosa; si vas a estar en un lugar en cierto momento, ¡disfrútalo! Experiméntalo con todo tu ser.
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No estás en el pasado, no estás en el futuro, no puedes cambiar muchas cosas que no dependen de ti. No pierdas tanto tiempo en pensarlo.
Estás aquí, ahora y con lo que tienes enfrente: Disfruta lo que vives HOY.
Lucía Victoria.
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Llora.

¿Por qué no?good-cry

Llora todo lo que tengas que llorar, hasta que se vacíe tu cuerpo de esos sentimientos para que quepan otros.

Siente todo el dolor que necesites sentir dentro de ti, vívelo completo, siéntelo en el cuerpo y date cuenta que si le das permiso de estar, en lugar de tratar de evitarlo, ese dolor también va a pasar.

Deja llorar a tu niño interior herido. Date permiso.

Siente cómo esas lágrimas purifican todo y te dejan el camino libre para seguir.

Llora todo lo que tengas que llorar sin limitarte, una hora, un día o dos semanas, pues muchas veces eso es lo único que necesita tu alma para volver a empezar.

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Y después toma responsabilidad por lo tuyo; haz lo que tengas que hacer contigo para estar mejor.

Lucía Victoria.