pensamientos, vida

¿Y si todos nos volvemos locos?

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Estoy empezando a creer que la locura es una de las mejores cosas que podemos practicar.

Que los que creemos locos son realmente los únicos que no están tan locos.

Que si ni una sola persona te ha etiquetado de LOCO, tal vez resultas ser sólo uno más del rebaño haciendo lo que se supone que debes hacer.

Después de todo, sin algo de locura no podríamos arriesgarnos, aventarnos a vivir, crear recuerdos que nunca se borran. Sin ese algo de locura nos moriríamos de miedo y por miedo a equivocarnos dejaríamos pasar tantas oportunidades de las que después nos arrepentiríamos más.

Estoy empezando a creer que para cambiar al mundo no bastan muchos hombres cuerdos, sino alguien que tenga un poco de locura y valentía para hacer las cosas diferentes. Que un poco de locura es lo que nos ayuda a pasar por lo que tengamos que pasar en ésta vida sin perder ese toque de positivismo que nos permite divertirnos en el proceso. Estoy empezando a entender que vivir con esa locura es la decisión más sabia que podemos tomar para ser felices.

Lucía Victoria.
pensamientos, reflexiones, respeto, vida

Si realmente llegáramos a comprender no podríamos juzgar.

otra perspectiva

Siempre me ha interesado éste tema, durante años he estado trabajando con mis ideas irracionales y evitando mis propias suposiciones sobre el concepto que tienen los demás de mi. Sí, para algunas personas es más fácil vivir despreocupadas; supongo que mi historia familiar no me dejó ésta tarea tan fácil, puesto que es una de mis más grandes debilidades, a pesar de que si me detengo a pensarlo sólo un momento regreso pronto a la idea de que no puedo tomar en cuenta todo lo que piensan de mi para sentirme tranquila.

Todos los días lo escucho de las personas que vienen conmigo a consulta, en especial de niños y adolescentes a los que molestan en la escuela o secundaria, «es que me molestan», «me da mucho coraje que me digan cosas, yo no me dejo…», «me da pena pasar al frente porque se van a reír de mi»; pequeños, no saben lo que les espera si siguen preocupándose por todo lo que piensen los demás… pueden acabar como yo jajaja.

En mi trabajo y con las situaciones que vivo a diario he aprendido a ser paciente, a escuchar primero y a no juzgar a la gente sólo teniendo 2 o 3 datos del caso, aunque a veces resulte difícil deslindarse de ciertos prejuicios. Entiendo que para algunas personas no es fácil pensar más allá de lo que quieren ver o suponer, así como comprendo también que la mayoría de ellas son inconscientes del alcance que tienen sus palabras y los graves problemas que pueden crearse a partir de una simple suposición.

Por mi parte, he entendido que siempre hay una explicación, que siempre hay una historia detrás de cada persona, hay una razón por la que actúa así (por horrendo que nos pueda parecer lo que algunas personas hacen). A veces nos atrevemos a decir: «yo nunca hubiera hecho algo así, ¿qué le pasa?, ¿por qué no pensó…?» pero difícilmente podremos saber lo que pasan los demás realmente porque no estamos en sus zapatos; y con ésto me refiero no sólo a estar en la misma situación, sino a que no estamos en su mundo mental, no fuimos criados por las mismas personas, con las mismas costumbres, con esas ideas, miedos, cultura, principios y creencias que le inculcaron desde niño. Solemos pensar que no haríamos «tal o cual cosa» que hacen los demás y a veces terminamos sorprendidos de las decisiones que tomamos ante diversas situaciones.

Hablando de entender para no juzgar, por ejemplo, cuando los hijos nos atrevemos a juzgar a nuestros padres. Un gran número de circunstancias en la vida de las familias pueden llevar a los hijos a crear un concepto negativo de uno de los padres («mi papá fue un irresponsable, nunca se hizo cargo y se fue», «mi mamá no tiene perdón», «mi padre no se merece ni las gracias», “por culpa de mi mamá no pude vivir con mi papá” y podría seguir la lista). Algo parecido pudo haberme pasado, de hecho alguna vez en mi vida llegaron a pasar por mi cabeza pensamientos similares. Con el tiempo fui dándome cuenta que un padre o una madre que podríamos considerar como «malos» llevan cargando historias de vida muy difíciles (lo que no justifica sus actos, aclaro). Ahora he conocido un poco más sobre la vida de mi papá, cómo fue su infancia y adolescencia, lo que me hacía entender mucho acerca de sus decisiones y actitudes; entendí por qué no se pudo quedar. A mi edad y con ayuda de buenos maestros, sé que una de las peores decisiones que podemos tomar es la de juzgar a nuestros padres y lo mejor que podemos hacer es agradecerles, ellos nos dieron la vida y hayan hecho lo que hayan hecho después, nunca podremos saldar esa deuda con ellos. Lo mejor es nosotros mismos acercarnos a ellos con humildad.

Podría decirse entonces que no existen las personas malas, sólo existen personas intentando sentirse bien de maneras equivocadas. A fin de cuentas todos lidiamos nuestras propias batallas, luchamos para salir adelante haciendo lo mejor que podemos, enfrentamos dolor, renuncias, desilusiones, miedos, etc. Cuando recibo gente en el consultorio primero escucho las «terribles» cosas que han hecho y después tengo la oportunidad de conocer su historia de vida; cuando me encuentro con personas que fueron abandonadas, rechazadas, maltratadas en la infancia, puedo ver por un momento frente a mi a ese niño indefenso que se siente desprotegido y que toma decisiones equivocadas para tratar de llenar ese vacío. Entonces en lugar de ver una mujer con sobrepeso puedo ver a una niña que después de sufrir un abuso trató de protegerse de otro ataque escondiéndose detrás de esa gran figura; en lugar de ver a un hombre violento puedo ver a un niño humillado y temeroso que busca protegerse de los supuestos ataques de los otros; en lugar de ver a una mujer que busca muchos hombres puedo ver a una niña abandonada buscando la aprobación de una figura masculina; en lugar de ver a un adicto que no quiere cambiar veo a un niño que piensa que ni su propio padre lo quiso;  la lista podría seguir…

No se trata de justificar todos los horrores humanos, sino de entender. Hay una diferencia muy grande entre éstas dos palabras, y lo que nos pudiera ayudar a comprender un poco a la humanidad (y a no vivir frustrados preguntándonos porqué la gente está tan «loca», «mal», «tonta», etc.) es precisamente tener en mente que no conocemos su historia, pero que debe haber una razón por la que esa persona es lo que es. Si es posible ayudar a hacer un cambio necesario, hacerlo; pero si no, simplemente respetar su vida y continuar con la nuestra.

El estar continuamente juzgando, evaluando, interpretando, suponiendo y creando historias «noveleras» en nuestra mente nos genera inseguridad, rencores y hasta puede llegar a deteriorar nuestras relaciones interpersonales porque cambiamos de actitudes a partir de nuestras suposiciones, y aunque después conozcamos la verdadera historia, esos sentimientos negativos ¡ya los generamos!

Cuando tomamos la decisión de no juzgar, nos estamos dando la oportunidad de encontrar la calma en nuestra conciencia. Además, comprender a los demás no solo nos ayuda a relacionarnos mejor, sino que nos deja con mucha más libertad. Cuando nos acostumbramos a no tomarnos nada personalmente y a soltar personas, cosas o situaciones, no necesitamos depositar nuestra confianza en lo que hacen o dicen los demás como manera de evaluarnos, por lo que estaremos más cerca de ser verdaderamente auténticos.

Lucía Victoria.

«Para juzgar cosas grandes y nobles, es necesario poseer un alma igual de grande y noble.» – Michel Eyquem de Montaigne.

never judge

pensamientos, reflexiones, vida

Lo que te choca, te checa… aunque no lo quieras ver.

Nunca le di crédito a esa frase de “Lo que te choca, te checa”, siempre había una parte de mi que no aceptaba, como muchas otras personas, que yo tenía algo qué ver con todas esas cosas que me molestaban de los demás sin razón. La gente suele criticar éste dicho, pues dicen que si les molesta que alguien sea tan gritón no es porque ellos mismos sean gritones; si les choca alguien que consideran superficial o tonto no es porque ellos mismos sean superficiales o tontos. De hecho no, no funciona así, no es tan simple como eso. Va más allá y no se puede llegar a ver si no se es completamente sincero.

A mi me pasó con ésta chica (quien nunca fue de mi agrado porque tuve conflictos personales con ella en la adolescencia y además siempre la consideré tonta, superficial y otras cosas…), hasta hace pocos meses, cuando alguien me platicaba de sus publicaciones, sus fotos, sus comentarios, yo pensaba: “¡Ash, qué molesta!, escribe como si su esposo fuera lo mejor del mundo cuando todo mundo sabe que no está cerca de serlo, parece que su vida entera es eso, sólo eso, seguramente va a terminar lastimada cuando se les acabe la luna de miel y no le va a quedar más remedio que seguir en esa relación porque no tiene nada más en su vida… Prefiero no estar casada aún en lugar de apresurarme a tener una vida como la de ella y tener qué esforzarme en parecer feliz…”

Suena duro, lo sé. Ahora que lo leo, es un fuerte prejuicio, de los más grandes que anduve cargando durante años, creo que nunca hablé de eso con alguien, sólo lo cargaba para mi por todos lados. Veía a las personas que se entregaban demasiado (“demasiado” a mi modo de ver las cosas) como personas débiles, dependientes, necesitadas… desesperadas, como si ellas necesitaran llenar un vacío, y automáticamente pensaba: “¡Qué mal está…!”

Hasta que un día lo hice consciente… no creo que haya sido cosa de un solo día como “¡pum! me di cuenta”. Creo que fueron pequeños sucesos que fui hilando poco a poco hasta llegar al increíble DARME CUENTA. Me di cuenta de que sí, ¡sí había una razón por la que eso me molestaba, y por la que yo criticaba tan fríamente a éstas mujeres! En el fondo, (y vaya que me costó reconocerlo) yo quería una relación en la que pudiera entregarme así, con total confianza, sin dudar de que lo que estaba haciendo era lo mejor que podía y QUERIA hacer.

Al recriminar y rechazar esos defectos en otras personas, parecería que yo veía esas actitudes como lo más ajeno a mí. Pero no era que esas actitudes me molestaran porque yo era igual, sino que el preguntarme porqué me molestaba algo que ni siquiera me afectaba a mí, examinándome muy detenidamente, me llevaba a la verdadera razón: eso me molestaba porque yo tenía algo pendiente con ese tema, algo qué trabajar y qué resolver relacionado con eso. Realmente lo que nos choca, nos choca como una manera de defensa psicológica ante lo que no nos permitimos a nosotros mismos.

Empecé a ver las cosas un poco diferentes, comencé a mirar el lado luminoso de todo eso que me parecía “enfermo”, lo transformaba poco a poco en mi cabeza, de negativo a positivo, de debilidad a confianza, de dependencia a entrega, de necesidad a amor… Me di cuenta que yo había aprendido sin darme cuenta que había qué esperar un hombre casi perfecto, que veía las relaciones de pareja como algo desequilibrado, de hecho un poco egoísta. Entonces supe que tal vez ellas habían visto algo que yo no había podido ver, tal vez ellas sí habían crecido viendo a sus padres juntos y entendieron algo que yo no conocía, se permitían sentir algo que yo no me permitía a mí misma, ver el amor desde esa otra perspectiva; vi que lo mejor que podía hacer la gente enamorada, era confiar, confiar plenamente en su pareja, sin ver más allá, sin preocuparse por lo que sucedería en los próximos años; tampoco esperaban tener una pareja perfecta, sabían que no tenían un novio o esposo sin defectos pero no se preocupaban por cómo iban a enfrentar los problemas que obviamente aún no se presentaban.

Empezó a resultarme más ilógico lo que yo creía antes; el detenerme a pensar demasiado, el miedo a darlo todo, el esperar que el otro hiciera…, el “no te muestres así porque qué tal si luego pasa…”, ¡era una bola de prejuicios que no me dejaban vivir en el ahora! Y ¿cómo me di cuenta? ¿Gracias a “esa” que tanto me chocaba? Así fue… Y no significaba que entonces ahora sería igual que ella en mi relación de pareja, pero por lo menos había mirado hacia mi lado oscuro y de ahí podría sacar lo que me sirviera.

En ese momento no me quedó más remedio que aceptar que algo de realidad tiene ese dicho “Lo que te choca, te checa”. Se necesita HUMILDAD para reconocer que te diste cuenta que alguien a quien considerabas (fríamente) «inútil, superficial o bobo» te enseñó algo involuntariamente… Y ésta era sólo la primera cosa que aceptaba como apendizaje, seguramente iré topándome en el camino con muchas más. De sólo pensarlo ya me cansé jajaja.

Me queda claro que algunas personas vienen a enseñarnos aunque ellas no lo sepan. Esta chica estaba aquí y se cruzó en mi camino para que yo pudiera ver reflejada en ella una parte negativa de mi y (si yo realmente quería) aprender algo de su vida. Y por eso le doy las gracias.

De hecho, atraemos al mismo tipo de personas todo el tiempo, personas con el mismo tema de vida, hasta que podemos aprender la lección. Por ejemplo, una mujer que se siente víctima de malos tratos por parte de todos o que siente todos deciden por ella sin tomarla en cuenta, en su trabajo o en su casa, puede intentar alejarse de quien considere sus victimarios, pero probablemente vaya y busque inconscientemente a otro y a otro, todos éstos que se «encuentra» en su camino, lo único que hacen es ayudarla a seguirle siendo fiel a su problema, ella misma busca a sus victimarios y así sigue siendo víctima. Todo esto sigue así hasta que le llega el momento de aprender la lección, el momento en que se hace cargo y dejar ir su papel de víctima. Es aquí cuando dejará de «necesitar inconscientemente» a alguien que pase por encima de ella.

Muchas veces no llegamos hasta la parte del aprendizaje, pues solemos huir de las personas que no nos agradan o que encontramos molestas y dejamos pendiente la lección. Luego la vida nos presentará de nuevo la misma oportunidad de aprender pero en otras circunstancias (con algo que nos desagrade, claro), pero seguirán apareciendo y apareciendo oportunidades hasta que hayamos resuelto el tema. Por eso es importante ser sinceros con nosotros mismos y que cuando nos sintamos molestos por los defectos de los otros, miremos hacia adentro y aprovechemos la oportunidad de resolver algo importante en nuestra vida… meditar y aprender. Esto también nos ayudará a dejar de sufrir o preocuparnos por la vida de los demás y nos hace sentir más ligeros. Es así como vamos a poder aprender HASTA DE LO QUE CRITICAMOS.

Lucía Victoria.

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“Quizás cuando me criticas estás criticando, en realidad, a las partes mías idénticas a las que no te gustan de ti. Una piedra nunca me irrita, a menos que esté en mi camino” – Jorge Bucay

escritores, vida

Infidelidades necesarias.

new things“He estado intentando convencerme de que abandonar a una persona no es lo peor que se le puede hacer. Puede resultar doloroso, pero no tiene por qué ser una tragedia. Si uno no dejase nunca nada ni a nadie, no tendría espacio para lo nuevo. Sin duda, evolucionar constituye una infidelidad…, a los demás, al pasado, a las antiguas opiniones de uno mismo. Tal vez cada día debería contener al menos una infidelidad esencial o una traición necesaria. Se trataría de un acto optimista, esperanzador, que garantizaría la fe en el futuro…, una afirmación de que las cosas pueden ser no sólo diferentes, sino mejores.”

Éste es un fragmento de “Intimidad”, de Hanif Kureishi, novelista, autor teatral, guionista y director de cine británico. Me encanta porque nos invita a crecer.

Últimamente he estado pensando en esto de cambiar y lo resistente que puede volverse la gente a veces.

Que algo haya sido siempre así, no significa que no necesite cambiarse para mejorar. Tal vez pueda seguir funcionando si se sigue haciendo igual, pero quizá también puede perfeccionarse si se busca renovar.

Que te hayan tocado unos padres que hacían las cosas de cierta manera, porque sus padres también lo hacían así, no necesariamente significa que esa manera sea la mejor para ti y para los que vienen.

Que las cosas siempre se hayan hecho como te lo han dicho los demás, no quiere decir que a ti también te vaya a funcionar.

Que sigas haciendo las cosas así sólo porque ya estás acostumbrado de hacerlo igual toda tu vida, no significa que no lo vas a poder cambiar.

Puedo entender que hay cosas a las que hay que ser leales, pero lo que es una necedad es seguir intentando hacer las cosas de la misma manera cuando sabemos que podríamos hacerlas diferente y mejor. Busca lo que sea mejor para ti, lo que te funcione a ti. Cambia.

Y es que ¿cómo sabes que la manera en la que siempre has hecho las cosas es la mejor si no has probado algo diferente?

Lucía Victoria.

 

fidelidad

pensamientos, vida

Haz, di, usa lo que quieras… No tienes nada que demostrar.

No creo tener qué demostrarle nada a nadie, no me interesa lo que «crean» de mi. No pienso que sea necesario eso de intentar dar explicaciones a todo el mundo o querer quedar bien con terceras personas.

A estas alturas de mi vida ya aprendí que yo vivo para mi y no para los demás y se que hay otras personas que aún no se dan cuenta de eso (porque pasan mucho tiempo hablando de lo que hacen los demás «bien o mal»). Además, creo que cuando alguien se esfuerza demasiado por demostrarle algo a los demás sin que se lo pidan (algo que vemos muy seguido ahora con las redes sociales: demostrar que su pareja es «la/el mejor», que su vida «es la mejor», que se es feliz…), probablemente esté tratando de convencerse de eso a sí mismo porque algo falta.

También sé que aún tengo muchas cosas (que otras personas ven en mi y yo aún no he terminado de darme cuenta) que me faltan aprender por mí misma… Pero yo entiendo que cada persona aprende en el momento en el que está destinado a hacerlo y respeto eso. Creo que si pensamos que alguien se va a equivocar o está haciendo algo mal, está perfecto; para nosotros será obvio (desde nuestro punto de vista, claro…), pero la otra persona estará avanzando un escalón más para aprender alguna lección cuando sea su momento. He aprendido a respetar ese proceso. Si no respetamos a las personas que no han podido cambiar, si deseamos, nos quejamos o insistimos en que cambien, no podremos avanzar. Cuando alguien no cambia es por su fidelidad al pasado. No puede cambiar. Siempre hay una razón, y no todos podrán llegar a entenderla, simplemente hay que aceptar que cada uno es como tiene que ser, exactamente como tiene que ser. Hay que aceptar a esa persona, no juzgarla. Porque además, muchas veces etiquetamos a las personas describiéndolas con dos o tres características, pero cuando intentamos hacer eso perdemos el tiempo. Las personas somos mucho más que eso. Somos algo diferente a cada momento y en cada circunstancia.

Nunca vas a poder agradarle a todo el mundo, así que si tienes una opinión, defiéndela, como sea nadie tiene la verdad absoluta. Cuando tengas un error, acéptalo, de cualquier manera todo mundo se equivoca, no es la gran cosa… pero eso sí, no todo mundo acepta que se ha equivocado. Y entonces, aquellos que no asumen cuando se equivocan, ¿cómo se supone que van a aprender algo si ya son perfectos?

Todos vamos por nuestro camino aprendiendo a nuestro ritmo, por lo tanto, mientras tú sepas quién eres, no tienes nada qué demostrarle a los demás.

Lucía Victoria.

«Tienes tanto derecho a ser como eres, como yo tengo el derecho de ser tal como soy. Por favor quiéreme tal y como soy.» Bert Hellinger.

quiensoy