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Yo también estoy rota.

Yo también estoy rota.

Aunque a veces no lo recuerde o actúe como si no.

La verdad es a que veces siento que no sirvo para ciertas cosas, que no soy tan buena persona, que no voy a poder dejar de repetir lo mismo una y otra vez, que no logro entenderme, que no puedo controlar un miedo estúpido, a veces me caigo mal y a veces siento que ya no puedo más…

Lamento si actuar como si no sintiera lo que siento nos aleja, haciéndote pensar que eres la única persona rota aquí.

Yo también estoy rota.

Y cuando me hablas de tus heridas, de las cosas que no entiendes de ti, de lo que sientes que está mal ahí dentro, me es más fácil admitirlo, yo también soy así… Y nos volvemos iguales, ya no estamos solos.

Podríamos simplemente no hablarlo e ignorarlo, fingir que no hay más que lo que mostramos, como muchos lo hacen; como si al no hablarlo fuera a desaparecer ese universo desordenado que sentimos dentro… y probablemente eso nos haría sentir miserables.

Pero también podríamos tratar, de mirarnos de verdad, de contarnos lo peor y lo mejor. Podemos intentar… aunque no sea fácil

Gracias por tratar de mostrarme tu universo y por hacerme ver que no soy la única.

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¿Te eres fiel?

La infidelidad que más fácilmente cometemos y de la que menos nos damos cuenta es la infidelidad hacia nosotros mismos.

El no escucharnos y no darle prioridad a nuestras necesidades hace mucho más fácil que ni siquiera identifiquemos lo que realmente queremos. Y por eso nos resulta más fácil o conocido basar nuestras decisiones en lo que pensamos, en la idea que tenemos de lo que es adecuado para nosotros mismos, según lo que es considerado correcto o incorrecto. Si ponemos atención con más conciencia en lo que sentimos podríamos detectar cuándo estamos siendo infieles a lo que sentimos: cuando hacemos algo que no nos gusta sólo por agradar a alguien más, cuando seguimos soportando una situación por miedo, por vergüenza, por no atrevernos a decidir otra cosa, cuando no somos capaces de decir que no a lo que no queremos, cuando anteponemos los deseos o el bienestar de otra persona por encima del nuestro, cuando no le damos valor a lo que sentimos u opinamos, cuando repetimos automáticamente lo que se hace en nuestra familia aunque eso no nos esté haciendo bien o simplemente cuando tenemos ganas de llorar y nos aguantamos «para no hacer un drama».

¿Por qué aprendimos a reprimirnos así?
¿Por qué aprendimos a no escucharnos?

Pudo ser simplemente un día en que siendo niños alguien dijo algo que nosotros interpretamos o sentimos como una idea de éstas. «No es importante lo que digas», «no importa lo que sientas, tienes que hacer lo que te dicen que hagas», «así se hace en esta familia y así debes hacerlo», «no puedes cambiar de opinión», «no está bien llorar», etc.

Es bueno identificar lo que sentimos y quitarnos ideas que ya no nos funcionan. Si escuchamos con sinceridad lo que sentimos y hacemos lo necesario para cuidarnos a nosotros mismos estaremos alcanzando una manera de vivir mucho más ligera y amorosa.

Lucía Victoria

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Disfruta LO QUE HAY

¿La música que había en la fiesta no era lo que esperabas? Disfruta que vas a escuchar algo diferente por primera vez, aprende a bailar ese tipo de música o ponte a platicar con alguien que acabas de conocer, yo que sé… como sea, la música no la van a cambiar por ti. Te quedas quejándote de eso, te vas de ahí o te quedas y aprovechas todo, tú decides cómo la vas a pasar.

¿Tenías planeado ir a algún lugar y tuviste que ir a otro? No te va a pasar nada por que las cosas no salieron como querías, tal vez debías estar en donde estás para aprender a apreciar otro tipo de cosas.

¿Tus amigos no pudieron ir a última hora y ya estás en ese lugar donde quedaron de verse? No necesariamente tienes que irte a tu casa molesto, puedes aprovechar tu tiempo y hacer lo que quieras.

¿Te tocó ir en el viaje al lado de una mujer 40 años mayor que tú o un hombre al que nunca hubieras pensado dirigirle la palabra? Si platicas con alguien desconocido puedes aprovechar mucho la experiencia, nunca sabes con las historias que te vas a topar.

La vida está en constante cambio, es común que las cosas no salgan tal como quisiéramos, y también es normal que a veces sintamos frustración… ¡pero es que hay personas que exageran! Teniendo muchísimas opciones eligen la de vivir quejándose o evitando las cosas «que no les gustan», se quedan sentados viendo cómo se les va la vida, esperando que las cosas cambien. No digo que tengamos que hacer siempre cosas que no nos gustan, sólo creo que muchas veces podemos aprovechar lo que tenemos en frente en ese preciso momento. La vida es eso, fluir, estar en movimiento. Van a pasarnos cosas que queríamos y también van a pasarnos cosas que no queríamos, entonces ¿por qué no aprovecharlas todas al máximo?

Si vas a bailar, baila como te de la gana; si vas a sufrir, ¿quién te lo va a impedir?; si vas a fastidiarte de algo, fastídiate y sigue ahí o decide hacer otra cosa; si vas a estar en un lugar en cierto momento, ¡disfrútalo! Experiméntalo con todo tu ser.
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No estás en el pasado, no estás en el futuro, no puedes cambiar muchas cosas que no dependen de ti. No pierdas tanto tiempo en pensarlo.
Estás aquí, ahora y con lo que tienes enfrente: Disfruta lo que vives HOY.
Lucía Victoria.
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Buscar ayuda no es para los débiles.

Cuando las personas cometemos errores sufrimos, nos avergonzamos, tenemos pérdidas y nos vemos obligados a buscar el cambio si es que queremos no vivir siempre con los mismos conflictos o dificultades. Hay personas que viven creyendo que no han cometido errores tan graves, y eso está bien, mientras eso no les impida ver que siempre hay algo que mejorar. Sin las crisis que se nos presentan no necesitaríamos buscar algo más, por eso son necesarias, para que no continuemos eternamente en la misma postura que nos mantenga estancados.

Cuando somos honestos con nosotros mismos, tenemos el suficiente valor para reconocer nuestra propia vulnerabilidad y nos atrevemos a pedir ayuda podemos obtener muchísimos beneficios. También creo que no todos los psicólogos son para toda la gente; así como todos tenemos diferentes gustos, lo mismo puede pasar con los profesionales a los que recurrimos. Tal vez la primera vez que fui con un terapeuta no me encantó, pero cuando fui con otra(o) me sentí mejor. Tal vez no me gustó porque no me dijo lo que quería escuchar (lo cual es parte de enfrentarte con tu realidad y con tu disposición para hacer cambios) o por que simplemente no me sentí en confianza. Si no es con una persona puedes buscar otra, no tienes que generalizar en base a una experiencia…

Yo creo en el cambio, creo en los niveles de consciencia, creo en que se puede ser mejor cada día. Doy gracias porque a pesar de la vergüenza, el dolor, la decepción, que me han traído mis errores, también me han traído ganas de buscar algo más, sin esas malditas tonterías que me obligaron a buscar comprenderme realmente no hubiera encontrado lo que he encontrado hasta ahora. Si no hubiera estado tan confundida antes no habría buscado en la historia de mi familia, no habría conocido lo que me llevaba inconscientemente a hacer las cosas, no habría experimentado ésta nueva manera de ver hacia dentro de mi. Hoy puedo decir que estoy orgullosa de que mi vida años atrás estuvo llena de altibajos, pues puedo confirmar ese dicho: Un mar en calma nunca hizo marineros expertos. Me encanta ser «la buscadora» de mi familia porque me he encontrado con un mundo maravilloso y he podido despertar a ver el amor de muchas maneras.

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El punto es que en una terapia (y a veces con otro tipo de situaciones) puedes no hacer ningún cambio y sentir que sólo perdiste tu tiempo o puedes encontrar más de lo que algún día pudiste imaginar, todo depende de qué tanta apertura y humildad tengas para recibir. En una terapia puedes desahogarte, sentirte escuchado(a), puedes conocerte y conocer tu sistema familiar, puedes entender qué hay en tu inconsciente que te lleva a hacer las cosas de cierta manera o que te lleva a pensar y sentir de cierta manera, puedes sanar heridas infantiles que ni siquiera te imaginabas que tenías, puedes experimentar una manera de vivir totalmente distinta, puedes aprender a relacionarte contigo, con los demás y con el mundo o el universo de una manera hermosa.

La terapia no es sólo para «los locos», para «los malos», para los que les ha ido mal en algo ni para los que no pueden solos. La terapia puede ser para todos, para los que están pasando por crisis, para los que no quieren repetir historias, para los que no tienen nunca con quien platicar, para los que tienen con quién platicar pero algo no les permite hacerlo, para los que se sienten estancados, para los que quieren conocerse más o para los que simplemente quieren mejorar en algún aspecto.

No nos engañemos a nosotros sí mismos, es bueno perder el miedo a pedir ayuda. Así como cuando nos enfermamos vamos a un especialista y le pagamos por sus servicios, también cuando nos enfermamos emocionalmente tenemos la responsabilidad de cuidarnos a nosotros mismos. Soltar un poco el ego y darnos permiso de sentirnos vulnerables sin que sea algo negativo sino para pedirle ayuda a alguien definitivamente vale la pena.

Lucía Victoria.

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«De la abundancia del corazón habla la boca»

Cosas por hacer cuando la gente habla de ti:

1. Si es algo bueno puedes sentirte agradecida(o) y sentir cualquier otra cosa bonita que te haga bien. Seguramente quienes lo dijeron son personas positivas ante la vida.

2. Si es algo malo o falso, dejar que hablen creyendo que te critican a ti cuando en realidad tú te das cuenta que hablan proyectando sus propios pensamientos y frustraciones sin darse cuenta. (A veces esto puede darte un poco de risa. Intenta mantener una actitud discreta).

3. Seguir con tu vida…

Todo depende del cristal con que se mira

Lucía Victoria.