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Mi cuerpo se queda chico.

Mientras va pasando el tiempo vas siendo más consciente de lo importante que es disfrutar las cosas sencillas (estoy segura que no a toda la gente la pasa así, pero me alegra creer que a la mayoría sí), sabes que no hay que dejar las cosas para después, que no hay que perder mucho tiempo en enojos, que no hay que guardar vestidos bonitos para momentos especiales, que el peinado a veces no es tan importante, que hay que agradecer el tiempo que sea que puedes pasar jugando con tu hijo a lo que le gusta, que es un mega regalote tener oportunidad de viajar con tu familia a algún lugar, que tu vida no sería la misma sin tu mamá cerca, que vale muchísimo la pena desvelarte viendo cómo una tortuga enorme sale del mar, cava en la arena y entierra sus huevos, que cuando tu sobrino llorando te hace pipí en la cara por accidente (jajaja) lo que importa no es correr a limpiarte sino arrullarlo para que se calme, que si tienes ganas de cantar en el karaoke, cantas aunque desafines, que no hay que esperar a que las personas se acerquen a tí si tú quieres acercarte, que cuando una persona que quieres mucho muere puedes seguir hablando todos los días con ella y realmente te escucha, que no tiene caso enfocarse en lo que no tienes, que aunque las cosas no salgan como tú quisieras puedes elegir no pelearte con la realidad, que cuando tienes una de las pocas oportunidades de abrazar a tu papá no hay que pensarlo dos veces, que hay que valorar el tiempo que aún tienes con los que quieres, que hay que agradecer que puedes ver las maravillas que tiene la naturaleza… y no acabaría.

No puedo dejar de dar las gracias por poder saberlo, por permitirme darme cuenta… a quien tenga que agradecerle eso.

Por que aunque mi vida no es para nada perfecta y hay también muchos momentos en los que estoy muy triste, muy enojada o con pensamientos negativos, sé que es pasajero y es así como mi vida se equilibra. Entonces después viene el amor de nuevo, más grande que todo eso.

Hace pocos días soplé las velas de mi pastel improvisado de cumpleaños, rodeada de mi familia, casi al final de unas vacaciones con ellos, que hasta ahora han sido las mejores que he tenido. Lo que no sabían ellos era que mientras me cantaban, pensaba qué deseo pedir, y lo único que vino a mi mente es que ya tenía todo, entonces mientras apagaba las velas sólo di las gracias y deseé seguir teniéndolos.

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No sé si a alguien más le pasa pero hay veces, cada vez más seguido, que tengo ésta sensación de tener tanto amor dentro de mí que mi cuerpo se queda chico para contenerlo todo. Es una sensación que me llena totalmente físicamente, como una luz amarilla y otra roja más adentro que salen de mi cuerpo atravesando mi pecho y mi espalda.  A veces siento como si fuera a explotar. Y sólo puedo llorar de alegría. Y no se me ocurre otra cosa qué hacer con tanto, mas que repartir algo de eso a todos los que pueda.

Tal vez ésto explique el por qué de algunas de mis (extrañas) acciones.

En fin, así llegué a los 31.

GRACIAS.

Lucía Victoria.

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