opiniones, pensamientos

No hay nada más importante que aprender a ser «persona»

«Daniel Goleman, psicólogo estadounidense, postula en su libro Inteligencia emocional que el C.I. contribuye solo en un 20% al éxito en la vida, mientras que el C.E. es responsable del mismo en un 80%. Un niño bloqueado emocionalmente no puede aprender. Gestionar las propias emociones, tener una buena autoestima, saber interactuar con los demás adecuadamente, son los factores realmente importantes para gozar de una vida emocionalmente sana y feliz. Este psicólogo alerta sobre la importante disminución del C.E. en la juventud de los últimos veinte años, debido, en su opinión, al impacto de las tecnologías.»

Éste texto lo tomé de la siguiente página:

http://www.revistaesfinge.com/entrevistas/item/899-educacion-holistica-una-educacion-para-los-nuevos-tiempos

Y es algo que desde hace años he pensado: la educación emocional es mucho más importante para ser personas exitosas y felices. Simplemente sé, que si yo hubiera llevado una educación un poco más centrada en el aspecto humano, mi vida hubiera resultado hasta ahora muy diferente. No es responsabilidad de nadie, mas que mía, ya como adulta, lo que haya pasado con mi vida, pero el punto que quiero señalar es que realmente muchos de los problemas de la sociedad no existen porque la gente no haya aprendido bien matemáticas, álgebra o geografía, ni porque no se haya «macheteado» la tabla periódica ni las fórmulas que se utilizan en física; esos problemas existen y aumentan porque allá afuera hay millones de personas lastimadas emocionalmente, con un niño interior herido, con resentimiento, enojo, ira, confusión… haciendo cosas que creen que está bien hacer pero que resultan dañinas para ellos y para quienes les rodean. Así es, esa es la dura verdad.

Me parece muy buena idea que se tome en cuenta cada vez más el aspecto emocional en algunas escuelas, las que trabajan en conjunto con los padres de los alumnos (quienes por su puesto tienen también la educación de sus hijos en sus manos). Pero creo que falta muchísimo por hacer… por ejemplo, se podría cambiar el modelo educativo tradicional, que parece querer llenarnos la cabeza de datos, por una educación holística, que tenga el objetivo de formar personas felices y exitosas (en la liga que mencioné arriba se explica en qué consiste). Estoy segura que si llegara éste cambio por completo, todo el mundo notaría la diferencia.

 

Lucía Victoria.

 

pensamientos, reflexiones, relaciones, respeto, vida

¿Parejas felices o personas felices que hacen pareja?

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No tengo temor de perderte porque no eres de mi propiedad ni de nadie mas. Te quiero por quien eres, sin ataduras, sin temores, sin condiciones, sin egoísmos, intentando no absorberte. Te amo libremente porque amo tu libertad tanto como la mía. 

Anthony de Mello

 

No todas las personas logran comprender o practicar éstas palabras. Muchos ven las relaciones de pareja como un sinónimo de posesión, se aferran a una ilusión de lo que esa relación va a ser, esperan que la otra persona sea de cierta manera y cuando se dan cuenta que la realidad no es como la esperaban la relación se viene abajo. Parece que a la gente le gustara amar sólo a una imagen que ellos mismos crean sobre la otra persona y, desafortunadamente, eso no es amor.

Gandhi una vez lo dijo así: El amor y la posesión exclusiva no pueden ir juntos. Ahí donde el amor es perfecto debe haber una ausencia total de posesión.

Y es que es totalmente cierto, la persona que ama con un amor adulto es capaz de soltar, de dejar ser libre al otro, y también es capaz de soltar esas expectativas. En cambio, cuando amamos como niños buscamos llenar necesidades insatisfechas de la infancia, creemos que hay que darle al otro lo que a nosotros nos hace falta para luego exigirle que nos dé lo mismo. Pero así no funciona, estar todo el tiempo dándole al otro lo que NO nos pidió se convierte en algo agotador para ambos. De hecho, cuando das más de lo que el otro puede devolver, lo más seguro es que el otro tendrá una carga tan pesada que terminará por alejarse de una u otra manera. En la pareja debe existir el equilibrio entre lo que se da y lo que se toma. Por eso es importante que ninguno de los miembros reciba o dé más de lo que es necesario porque cuando eso pasa se generan posturas de «yo soy el pequeño, cuida de mí» (como niños) o «tengo que cuidar a mi pareja» (como mamá/papá), lo que puede hacer que la otra persona desee buscar a alguien con quien pueda estar en igualdad y se vaya. Aquí aplica la típica frase: “Yo no sé qué hago mal, si yo siempre les doy todo y aún así me engañan o me dejan.” Si tienes ese problema lo más probable es que estés dando de más a alguien que no puede darte lo mismo.

Cuando amamos como adultos no exigimos, no mendigamos, no manipulamos para lograr lo que nosotros queremos, no utilizamos al otro para levantar nuestro ego, no deseamos controlar que esa persona sólo nos mire a nosotros, no nos sentimos solos cuando no estamos con esa persona, no actuamos como algo que no somos ni pedimos que el otro actúe, aceptamos al otro como humano con errores. Cuando amamos como adultos damos un amor reconfortante, estamos con esa persona porque la queremos tal cual es y porque nos quiere tal cual somos, el amor que damos y recibimos trae paz.

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Pero ¿qué es lo que pasa?, ¿por qué para algunos resulta difícil vivirlo así?

El problema es que tenemos una idea equivocada de que el DESAPEGO es frío y duro, se ve como indiferencia o insensibilidad, y eso no es así. No está mal ser afectivamente libres, el desapego no es desamor, sino una manera sana de relacionarse, más independiente, sin que esté de por medio el miedo al abandono ni en juego la identidad de las personas que participan en la pareja. Ser desapegado tampoco quiere decir ser egoísta ni deshonesto, no promueve la promiscuidad o la falta de moral.

La realidad es que necesitamos hacernos muchas preguntas: ¿Por qué nos ofendemos si el otro no se angustia cuando no estamos?, ¿por qué vemos como algo malo si nuestra pareja no siente celos?, ¿por qué sentimos amenazante que el otro disfrute también el tiempo solo?, ¿por qué queremos que nuestra pareja nos necesite? Y una de las más importantes: ¡¿Por qué esperamos que la otra persona sea perfecta y no cometa errores?! Tal vez cuando nos contestemos esas preguntas nos demos cuenta que realmente no estamos preparados para una relación no dependiente. Habría primero qué enfrentar todos esos miedos de manera personal para luego poder compartir con alguien un amor maduro.

El mito de la media naranja parte de la idea de buscar lo que nos complementa. Lo que implica que no estamos completos ni felices hasta que encontramos al otro. Es algo parecido a la “pareja feliz”, que nos da una idea de que esas dos personas son felices porque están juntos (sólo por eso y sin eso no podrían estarlo). Pero sin duda, una persona que no es feliz estando sola, no podrá serlo buscando lo que “le falta” en otra. Si no somos felices sin esperar que el otro “nos haga feliz”, difícilmente podremos tener una relación de pareja sana. Tú no eres el responsable de la felicidad de tu pareja, si te sientes así, probablemente algo esté en desequilibrio.

La vida es un movimiento constante, el deseo de que todo permanezca igual va contra la vida. Sólo si sueltas el apego a que las cosas permanezcan siempre iguales podrás disfrutar de los cambios que existen en una relación de pareja, pues el amor más pleno es una serie de muertes y renacimientos: La pasión muere y es traída de regreso; el dolor es ahuyentado y resurge en otro momento. Todo esto en una misma relación.

Mientras estemos en pareja con una persona, lo mejor que podemos hacer es alentarla a dejar salir lo que realmente ES, cada vez más, y sin tener la intención de cambiarla, apoyarla en su proceso personal para ir convirtiéndose en un mejor ser humano, a su tiempo y porque así lo desea ella. Si te ama, te entiende, sabe tu ritmo, y a veces se unirá a él, pero en otras ocasiones simplemente te tendrá que dejar libre para que lo vivas tú.

Cuando en una pareja los dos se permiten ser auténticos no se pueden juzgar uno al otro; pueden hacer lo que realmente sienten, sin sentirse condicionadas, sin tener que “demostrarle” al otro su amor o tener que cumplir las expectativas, simplemente SON, viven su amor y lo comparten. Es entonces cuando no somos sólo una pareja feliz, sino algo mucho mejor, somos dos personas felices (y sin máscaras) haciendo pareja.

 

Lucía Victoria.

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pensamientos, vida

¿Y cómo no ser feliz?

Es asombroso cómo puedo ir pasando por la calle manejando y al ver a un niño pequeño en su carrito se aparece una sonrisa en mi rostro. Ver a un niño, su carita que refleja esa inocencia perfecta, esa alegría y esas interminables ganas de vivir, ¿cómo permanecer insensible ante eso? Imposible, al menos para mí. Eso me hace recordar que no se necesitan cosas complicadas para disfrutar ésto. Para disfrutar la vida. La cara de tu perro cuando llegas a casa, cómo te recibe después de haber estado todo el día ahí solito, y aún así… ¿hay alguien más en el mundo que se muestre así de feliz al verte todos los días, sin importar lo que haya pasado antes de dejar la casa?. Esos besos y abrazos de la gente que te quiere. Las miradas de todas las personas que te dedicaron unos segundos de su día. El olor de una rica comida que te trae grandes recuerdos. Las risas con los amigos. Los paisajes espectaculares que nos da la naturaleza todos los días. El sentir tu cama fresca después de un día largo y cansado. Sentir el viento en la cara. La infinidad de sensaciones que podemos experimentar con las situaciones que vivimos día a día; sentirnos libres, orgullosos, capaces, llenos de vida, felices… Es asombroso… hermoso… fascinante, todo esto que se nos puso enfrente, tan accesible, para que no tuviéramos que andar buscándolo. Todo esto que nos puso la vida para que fuera facilísimo disfrutarla. Tanto, y tan pequeñísimas cosas qué agradecer. Es entonces cuando pienso: estaría desperdiciando todo esto si no intento hacer de mi vida diaria una oportunidad única para simplemente ser feliz.

 

Lucía Victoria.