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Al que no habla, Dios no lo oye.

Si «al que no habla, Dios no lo oye»… ¡mucho menos los mortales!

Ni con indirectas en Facebook, Twitter, Instagram o cualquier otra red social, ni aunque lleven años de conocerse dos personas, ni por los gestos que se hacen, ni por que él le dijo a su amigo que le dijera al otro, ni por chismes, ni por nada…

Nadie tiene por qué estar adivinando lo que piensan otros y nadie tiene por qué creer que los demás van a leerle la mente. Es responsabilidad de cada quien comunicar lo que sentimos o pensamos si queremos que las cosas marchen bien.

En serio, si tienes algo que decir, DILO.

 

Lucía Victoria.