Yo elijo darle vuelta a la página.

Muchas cosas han pasado antes y a veces puede ser difícil dejar ir algunas de ellas, pareciera que mientras más nos aferramos al pasado es más sencillo no tener que esforzarnos por mover un dedo o por cambiar una idea.

Hay gente que pasa toda una vida sintiéndose mal por lo que los demás “les han hecho sufrir”, por el daño que se les ha causado. Toda una vida de martirios y autocompasión. Lo cierto es que, como lo he escrito antes, todo tiene un lado luminoso y uno oscuro, por lo tanto cuando buscamos la ganancia de vivir fijándonos en “todo lo malo que nos han hecho” podremos encontrar esa comodidad de sentarnos a esperar a que nuestro alrededor cambie… algo que probablemente no pasará.

Aunque con esa cierta comodidad también venga una incapacidad de hacernos responsables como adultos. Esa responsabilidad de retirarnos de lugares que no nos hacen bien, de tomar decisiones por muy difíciles que sean, de cargar las consecuencias de esas decisiones, de cambiar un pensamiento o manera de ver las cosas que sólo nos están haciendo daño, de ver hacia dentro de nosotros y aceptar los miedos más grandes que tenemos.

Y es que muchas veces no es fácil dejar ir…

Dejar ir es para valientes, para los que se atreven a quitarse el traje de víctima, para los que pueden hacerse responsables de sus decisiones, para los que pueden encargarse y tomar fuerza para comenzar a vivir desde el adulto en vez de seguir viviendo como niños que dependen de alguien más para cubrir sus necesidades emocionales.

También creo que el dejar ir está relacionado con la capacidad para ser humilde. Para dejar ir se requiere de cierta apertura del corazón, de un alma en paz con el universo, de esa sencillez que nos permite ver que todos somos personas imperfectas con historias que nos han marcado y que nadie es menos o más que nadie.

Creo que dejar ir es para los fuertes. Ojalá cada vez haya más gente en el mundo que se permita buscar y encontrar su propia fuerza.

Mientras tanto yo hago lo mío; elijo darle vuelta a la página.

 

Lucía Victoria.

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Namaste

El gesto Namaste representa la creencia de que hay una chispa Divina en cada uno de nosotros. Es una expresión de alma a alma. Puede usarse como saludo o despedida, con alguien que conoces o con un desconocido, incluso puede significar que algo está perfectamente hecho.

En sánscrito tiene un significado parecido a “yo me postro ante ti”, por lo que puede tomarse como una manera de señalar que reduces tu propio ego ante la presencia del otro, para poder decirle “yo te honro y te respeto”.

Para mí significa que puedo ver al otro en mí, sin máscaras ni pretensiones, desde una humildad que me permita apreciar el valor que cada ser humano tiene por el simple hecho de existir. Para mí Namaste es hablar desde el corazón.

Lucía Victoria

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No era para tanto.

En la vida nunca se deja de aprender, quien asegure lo contrario se cierra a toda posibilidad.

Claro que cuesta aceptar que estuvimos equivocados en algo durante muchos años pero si se tiene el valor y la humildad suficiente para reconocerlo, al final nos encontramos dándonos cuenta que no pasaba nada malo al “evidenciarnos” equivocados frente a otros, nadie se muere, nadie se enferma, nadie se burla (bueno, tal vez algunos con una realidad diferente a la tuya lo harán, pero no es responsabilidad tuya); al contrario, te reconoces a ti mismo como alguien que tiene potencial para seguir creciendo y te das cuenta de que no era para tanto.

¿Qué tiene de malo estar equivocado? ¿Qué no todos podemos estarlo en algún momento? ¿No sería peor seguir equivocado para siempre? Cuando alguien acepta que estaba equivocado, ¿qué los demás no lo reconocerán como una persona capaz de seguir mejorando y abierta a todas las posibilidades de aprendizaje?… Yo creo que así es.

Para reconocer mi sabiduría debo antes aceptar mi ignorancia, aceptar que todo tiene un lado luminoso y uno oscuro. Si estoy en paz reconociendo mi ignorancia puedo darme la libertad de equivocarme, como lo hacen TODAS las personas, sin juzgarme, y así doy paso a la sabiduría.

Entonces si te das cuenta que en algo estabas mal ¡acéptalo!… lo que sea que pueda pasar: no es para tanto.

Lucía Victoria.

humildad

Lo que te choca, te checa… aunque no lo quieras ver.

Nunca le di crédito a esa frase de “Lo que te choca, te checa”, siempre había una parte de mi que no aceptaba, como muchas otras personas, que yo tenía algo qué ver con todas esas cosas que me molestaban de los demás sin razón. La gente suele criticar éste dicho, pues dicen que si les molesta que alguien sea tan gritón no es porque ellos mismos sean gritones; si les choca alguien que consideran superficial o tonto no es porque ellos mismos sean superficiales o tontos. De hecho no, no funciona así, no es tan simple como eso. Va más allá y no se puede llegar a ver si no se es completamente sincero.

A mi me pasó con ésta chica (quien nunca fue de mi agrado porque tuve conflictos personales con ella en la adolescencia y además siempre la consideré tonta, superficial y otras cosas…), hasta hace pocos meses, cuando alguien me platicaba de sus publicaciones, sus fotos, sus comentarios, yo pensaba: “¡Ash, qué molesta!, escribe como si su esposo fuera lo mejor del mundo cuando todo mundo sabe que no está cerca de serlo, parece que su vida entera es eso, sólo eso, seguramente va a terminar lastimada cuando se les acabe la luna de miel y no le va a quedar más remedio que seguir en esa relación porque no tiene nada más en su vida… Prefiero no estar casada aún en lugar de apresurarme a tener una vida como la de ella y tener qué esforzarme en parecer feliz…”

Suena duro, lo sé. Ahora que lo leo, es un fuerte prejuicio, de los más grandes que anduve cargando durante años, creo que nunca hablé de eso con alguien, sólo lo cargaba para mi por todos lados. Veía a las personas que se entregaban demasiado (“demasiado” a mi modo de ver las cosas) como personas débiles, dependientes, necesitadas… desesperadas, como si ellas necesitaran llenar un vacío, y automáticamente pensaba: “¡Qué mal está…!”

Hasta que un día lo hice consciente… no creo que haya sido cosa de un solo día como “¡pum! me di cuenta”. Creo que fueron pequeños sucesos que fui hilando poco a poco hasta llegar al increíble DARME CUENTA. Me di cuenta de que sí, ¡sí había una razón por la que eso me molestaba, y por la que yo criticaba tan fríamente a éstas mujeres! En el fondo, (y vaya que me costó reconocerlo) yo quería una relación en la que pudiera entregarme así, con total confianza, sin dudar de que lo que estaba haciendo era lo mejor que podía y QUERIA hacer.

Al recriminar y rechazar esos defectos en otras personas, parecería que yo veía esas actitudes como lo más ajeno a mí. Pero no era que esas actitudes me molestaran porque yo era igual, sino que el preguntarme porqué me molestaba algo que ni siquiera me afectaba a mí, examinándome muy detenidamente, me llevaba a la verdadera razón: eso me molestaba porque yo tenía algo pendiente con ese tema, algo qué trabajar y qué resolver relacionado con eso. Realmente lo que nos choca, nos choca como una manera de defensa psicológica ante lo que no nos permitimos a nosotros mismos.

Empecé a ver las cosas un poco diferentes, comencé a mirar el lado luminoso de todo eso que me parecía “enfermo”, lo transformaba poco a poco en mi cabeza, de negativo a positivo, de debilidad a confianza, de dependencia a entrega, de necesidad a amor… Me di cuenta que yo había aprendido sin darme cuenta que había qué esperar un hombre casi perfecto, que veía las relaciones de pareja como algo desequilibrado, de hecho un poco egoísta. Entonces supe que tal vez ellas habían visto algo que yo no había podido ver, o se permitían sentir algo que yo no me permitía a mí misma, ver el amor desde esa otra perspectiva; vi que lo mejor que podía hacer la gente enamorada, era confiar, confiar plenamente en su pareja, sin ver más allá, sin preocuparse por lo que sucedería en los próximos años; tampoco esperaban tener una pareja perfecta, sabían que no tenían un novio o esposo sin defectos pero no se preocupaban por cómo iban a enfrentar los problemas que obviamente aún no se presentaban.

Empezó a resultarme más ilógico lo que yo creía antes; el detenerme a pensar demasiado, el miedo a darlo todo, el esperar que el otro hiciera…, el “no te muestres así porque qué tal si luego pasa…”, ¡era una bola de prejuicios que no me dejaban vivir en el ahora! Y ¿cómo me di cuenta? ¿Gracias a “esa” que tanto me chocaba? Así fue… Y no significaba que entonces ahora sería igual que ella en mi relación de pareja, pero por lo menos había mirado hacia mi lado oscuro y de ahí podría sacar lo que me sirviera.

En ese momento no me quedó más remedio que aceptar que algo de realidad tiene ese dicho “Lo que te choca, te checa”. Se necesita HUMILDAD para reconocer que te diste cuenta que alguien a quien considerabas (fríamente) “inútil, superficial o bobo” te enseñó algo involuntariamente… Y ésta era sólo la primera cosa que aceptaba como apendizaje, seguramente iré topándome en el camino con muchas más. De sólo pensarlo ya me cansé jajaja.

Me queda claro que algunas personas vienen a enseñarnos aunque ellas no lo sepan. Esta chica estaba aquí y se cruzó en mi camino para que yo pudiera ver reflejada en ella una parte negativa de mi y (si yo realmente quería) aprender algo de su vida. Y por eso le doy las gracias.

De hecho, atraemos al mismo tipo de personas todo el tiempo, personas con el mismo tema de vida, hasta que podemos aprender la lección. Por ejemplo, una mujer que se siente víctima de malos tratos por parte de todos o que siente todos deciden por ella sin tomarla en cuenta, en su trabajo o en su casa, puede intentar alejarse de quien considere sus victimarios, pero probablemente vaya y busque inconscientemente a otro y a otro, todos éstos que se “encuentra” en su camino, lo único que hacen es ayudarla a seguirle siendo fiel a su problema, ella misma busca a sus victimarios y así sigue siendo víctima. Todo esto sigue así hasta que le llega el momento de aprender la lección, el momento en que se hace cargo y dejar ir su papel de víctima. Es aquí cuando dejará de “necesitar inconscientemente” a alguien que pase por encima de ella.

Muchas veces no llegamos hasta la parte del aprendizaje, pues solemos huir de las personas que no nos agradan o que encontramos molestas y dejamos pendiente la lección. Luego la vida nos presentará de nuevo la misma oportunidad de aprender pero en otras circunstancias (con algo que nos desagrade, claro), pero seguirán apareciendo y apareciendo oportunidades hasta que hayamos resuelto el tema. Por eso es importante ser sinceros con nosotros mismos y que cuando nos sintamos molestos por los defectos de los otros, miremos hacia adentro y aprovechemos la oportunidad de resolver algo importante en nuestra vida… meditar y aprender. Esto también nos ayudará a dejar de sufrir o preocuparnos por la vida de los demás y nos hace sentir más ligeros. Es así como vamos a poder aprender HASTA DE LO QUE CRITICAMOS.

Lucía Victoria.

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“Quizás cuando me criticas estás criticando, en realidad, a las partes mías idénticas a las que no te gustan de ti. Una piedra nunca me irrita, a menos que esté en mi camino” – Jorge Bucay