Hablando conmigo

Mientras manejo a casa veo un conductor metiéndose a la fila y desobedeciendo las señales de tránsito.

Dentro de mi:

Ello: ¡Ahí va otro pen…! ¡No se meta! ¡Espere haciendo fila como todos los demás! Seguro es un señor que siempre hace lo que se le da la gana… ¿Por qué hay gente así?

Yo: Tú siempre hablando como si tu fueras mejor que todos.

Super yo: Acuérdate de no juzgar a la ligera, realmente no sabes por qué hacen las cosas los demás.

Yo: Sí, tienes razón ¿qué tal si lleva mucha prisa porque tiene una emergencia, un familiar grave o algo así?

Ello: ¡Ay sí! seguramente todos tienen algo urgente, entonces media ciudad tiene gente muriéndosele porque todos manejan como unos idiotas.

Super yo: Bueno ya, tu puedes mantener la calma, tienes cierta consciencia.

Yo: Pfff… ¿Y si dejas de perder el tiempo en hacer corajes por lo que hacen los demás? Ya analizaste demasiado. A otra cosa… súbele a la música.

Comienzo a cantar y relajarme, mientras las otras personas me ven.

Ello: Todos me ven con cara de loca, debe ser porque ellos no saben divertirse. Si yo quiero bailar mientras manejo, ¡bailo!

Super yo: ¿Cómo sabes que te ven y piensan eso? ¡Deja de creerte que sabes todo!

Yo: Parece que se te olvida ser más humilde. Para eso estoy aquí, para recordártelo.

Ello: También podrías sólo dejar de pensar tanto… ¡Qué aburrida! Deja eso ya…

Yo: Ok yaaaaaaaaaaaaaaa. ¡Mente en blanco!

Canto mientras pienso algunas otras cosas.

Llego a la casa, pongo música y sólo bailo. Apago la mente y empiezo a sentir.

Y después de un buen rato… volvemos a empezar. Y así todas las veces que quepa ésto en un día.cropped-overthinking_wallpaper_by_pipa10-d5v8nri2.jpg

“De la abundancia del corazón habla la boca”

Cosas por hacer cuando la gente habla de ti:

1. Si es algo bueno puedes sentirte agradecida(o) y sentir cualquier otra cosa bonita que te haga bien. Seguramente quienes lo dijeron son personas positivas ante la vida.

2. Si es algo malo o falso, dejar que hablen creyendo que te critican a ti cuando en realidad tú te das cuenta que hablan proyectando sus propios pensamientos y frustraciones sin darse cuenta. (A veces esto puede darte un poco de risa. Intenta mantener una actitud discreta).

3. Seguir con tu vida…

Todo depende del cristal con que se mira

Lucía Victoria.

“No creo que seas capaz de entenderlo…”

superioridad

Detrás de una burla hay siempre escondido un sentimiento de superioridad. Y probablemente detrás de ésto un complejo. Sí, cuando hacemos comentarios o pensamos cosas con la intención de burlarnos de alguien, de hacer ver a los demás lo mal que están, de juzgar la conducta de alguien o incluso cuando queremos “ayudar” a alguien que ni siquiera nos ha pedido ayuda,  nos colocamos a nosotros mismos en un nivel superior, olvidándonos que también somos personas que no sabemos todo (nos equivocaremos en diferentes cosas, pero al final son equivocaciones), y que no somos ni más ni menos que nadie. El que se burla busca sentirse sabio escondiendo su complejo porque es más fácil ver hacia afuera que hacia adentro de sí mismo. Así que cuando te sorprendas a ti mismo diciendo (o pensando) algo como: “Ni cómo ayudarle…”, “Pobre (sustantivo despectivo cualquiera)…”, “Yo soy mejor que tal o cual persona…”, acuérdate que eso refleja totalmente cómo te sientes con respecto a ti mismo.

“El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona.” – Aristóteles.

No es fácil pero convendría empezar a hacerlo consciente.

Lucía Victoria.

ego

Lo importante de la primera impresión.

No hablo aquí sobre tener cuidado con la primera impresión que das ante los demás sino al contrario. Digo que no juzgues demasiado rápido. Las primeras impresiones son difíciles de cambiar, incluso influyen en la manera de interactuar con esa persona luego de conocerla mejor. Lo interesante es que esa impresión del otro que se queda instalada en nuestra mente no tiene sólo que ver con el otro, sino también con algún asunto de nosotros mismos. Detén más al juez dentro de ti y mira bien hacia adentro, frente a ti tienes a un maestro.

Lucía Victoria.

somos espejos

Si realmente llegáramos a comprender no podríamos juzgar.

otra perspectiva

Siempre me ha interesado éste tema, durante años he estado trabajando con mis ideas irracionales y evitando mis propias suposiciones sobre el concepto que tienen los demás de mi. Sí, para algunas personas es más fácil vivir despreocupadas; supongo que mi historia familiar no me dejó ésta tarea tan fácil, puesto que es una de mis más grandes debilidades, a pesar de que si me detengo a pensarlo sólo un momento regreso pronto a la idea de que no puedo tomar en cuenta todo lo que piensan de mi para sentirme tranquila.

Todos los días lo escucho de las personas que vienen conmigo a consulta, en especial de niños y adolescentes a los que molestan en la escuela o secundaria, “es que me molestan”, “me da mucho coraje que me digan cosas, yo no me dejo…”, “me da pena pasar al frente porque se van a reír de mi”; pequeños, no saben lo que les espera si siguen preocupándose por todo lo que piensen los demás… pueden acabar como yo jajaja.

En mi trabajo y con las situaciones que vivo a diario he aprendido a ser paciente, a escuchar primero y a no juzgar a la gente sólo teniendo 2 o 3 datos del caso, aunque a veces resulte difícil deslindarse de ciertos prejuicios. Entiendo que para algunas personas no es fácil pensar más allá de lo que quieren ver o suponer, así como comprendo también que la mayoría de ellas son inconscientes del alcance que tienen sus palabras y los graves problemas que pueden crearse a partir de una simple suposición.

Por mi parte, he entendido que siempre hay una explicación, que siempre hay una historia detrás de cada persona, hay una razón por la que actúa así (por horrendo que nos pueda parecer lo que algunas personas hacen). A veces nos atrevemos a decir: “yo nunca hubiera hecho algo así, ¿qué le pasa?, ¿por qué no pensó…?” pero difícilmente podremos saber lo que pasan los demás realmente porque no estamos en sus zapatos; y con ésto me refiero no sólo a estar en la misma situación, sino a que no estamos en su mundo mental, no fuimos criados por las mismas personas, con las mismas costumbres, con esas ideas, miedos, cultura, principios y creencias que le inculcaron desde niño. Solemos pensar que no haríamos “tal o cual cosa” que hacen los demás y a veces terminamos sorprendidos de las decisiones que tomamos ante diversas situaciones.

Hablando de entender para no juzgar, por ejemplo, cuando los hijos nos atrevemos a juzgar a nuestros padres. Un gran número de circunstancias en la vida de las familias pueden llevar a los hijos a crear un concepto negativo de uno de los padres (“mi papá fue un irresponsable, nunca se hizo cargo y se fue”, “mi mamá no tiene perdón”, “mi padre no se merece ni las gracias”, “por culpa de mi mamá no pude vivir con mi papá” y podría seguir la lista). Algo parecido pudo haberme pasado, de hecho alguna vez en mi vida llegaron a pasar por mi cabeza pensamientos similares. Con el tiempo fui dándome cuenta que un padre o una madre que podríamos considerar como “malos” llevan cargando historias de vida muy difíciles (lo que no justifica sus actos, aclaro). Ahora he conocido un poco más sobre la vida de mi papá, cómo fue su infancia y adolescencia, lo que me hacía entender mucho acerca de sus decisiones y actitudes; entendí por qué no se pudo quedar. A mi edad y con ayuda de buenos maestros, sé que una de las peores decisiones que podemos tomar es la de juzgar a nuestros padres y lo mejor que podemos hacer es agradecerles, ellos nos dieron la vida y hayan hecho lo que hayan hecho después, nunca podremos saldar esa deuda con ellos. Lo mejor es nosotros mismos acercarnos a ellos con humildad.

Podría decirse entonces que no existen las personas malas, sólo existen personas intentando sentirse bien de maneras equivocadas. A fin de cuentas todos lidiamos nuestras propias batallas, luchamos para salir adelante haciendo lo mejor que podemos, enfrentamos dolor, renuncias, desilusiones, miedos, etc. Cuando recibo gente en el consultorio primero escucho las “terribles” cosas que han hecho y después tengo la oportunidad de conocer su historia de vida; cuando me encuentro con personas que fueron abandonadas, rechazadas, maltratadas en la infancia, puedo ver por un momento frente a mi a ese niño indefenso que se siente desprotegido y que toma decisiones equivocadas para tratar de llenar ese vacío. Entonces en lugar de ver una mujer con sobrepeso puedo ver a una niña que después de sufrir un abuso trató de protegerse de otro ataque escondiéndose detrás de esa gran figura; en lugar de ver a un hombre violento puedo ver a un niño humillado y temeroso que busca protegerse de los supuestos ataques de los otros; en lugar de ver a una mujer que busca muchos hombres puedo ver a una niña abandonada buscando la aprobación de una figura masculina; en lugar de ver a un adicto que no quiere cambiar veo a un niño que piensa que ni su propio padre lo quiso;  la lista podría seguir…

No se trata de justificar todos los horrores humanos, sino de entender. Hay una diferencia muy grande entre éstas dos palabras, y lo que nos pudiera ayudar a comprender un poco a la humanidad (y a no vivir frustrados preguntándonos porqué la gente está tan “loca”, “mal”, “tonta”, etc.) es precisamente tener en mente que no conocemos su historia, pero que debe haber una razón por la que esa persona es lo que es. Si es posible ayudar a hacer un cambio necesario, hacerlo; pero si no, simplemente respetar su vida y continuar con la nuestra.

El estar continuamente juzgando, evaluando, interpretando, suponiendo y creando historias “noveleras” en nuestra mente nos genera inseguridad, rencores y hasta puede llegar a deteriorar nuestras relaciones interpersonales porque cambiamos de actitudes a partir de nuestras suposiciones, y aunque después conozcamos la verdadera historia, esos sentimientos negativos ¡ya los generamos!

Cuando tomamos la decisión de no juzgar, nos estamos dando la oportunidad de encontrar la calma en nuestra conciencia. Además, comprender a los demás no solo nos ayuda a relacionarnos mejor, sino que nos deja con mucha más libertad. Cuando nos acostumbramos a no tomarnos nada personalmente y a soltar personas, cosas o situaciones, no necesitamos depositar nuestra confianza en lo que hacen o dicen los demás como manera de evaluarnos, por lo que estaremos más cerca de ser verdaderamente auténticos.

Lucía Victoria.

“Para juzgar cosas grandes y nobles, es necesario poseer un alma igual de grande y noble.” – Michel Eyquem de Montaigne.

never judge

Lo que te choca, te checa… aunque no lo quieras ver.

Nunca le di crédito a esa frase de “Lo que te choca, te checa”, siempre había una parte de mi que no aceptaba, como muchas otras personas, que yo tenía algo qué ver con todas esas cosas que me molestaban de los demás sin razón. La gente suele criticar éste dicho, pues dicen que si les molesta que alguien sea tan gritón no es porque ellos mismos sean gritones; si les choca alguien que consideran superficial o tonto no es porque ellos mismos sean superficiales o tontos. De hecho no, no funciona así, no es tan simple como eso. Va más allá y no se puede llegar a ver si no se es completamente sincero.

A mi me pasó con ésta chica (quien nunca fue de mi agrado porque tuve conflictos personales con ella en la adolescencia y además siempre la consideré tonta, superficial y otras cosas…), hasta hace pocos meses, cuando alguien me platicaba de sus publicaciones, sus fotos, sus comentarios, yo pensaba: “¡Ash, qué molesta!, escribe como si su esposo fuera lo mejor del mundo cuando todo mundo sabe que no está cerca de serlo, parece que su vida entera es eso, sólo eso, seguramente va a terminar lastimada cuando se les acabe la luna de miel y no le va a quedar más remedio que seguir en esa relación porque no tiene nada más en su vida… Prefiero no estar casada aún en lugar de apresurarme a tener una vida como la de ella y tener qué esforzarme en parecer feliz…”

Suena duro, lo sé. Ahora que lo leo, es un fuerte prejuicio, de los más grandes que anduve cargando durante años, creo que nunca hablé de eso con alguien, sólo lo cargaba para mi por todos lados. Veía a las personas que se entregaban demasiado (“demasiado” a mi modo de ver las cosas) como personas débiles, dependientes, necesitadas… desesperadas, como si ellas necesitaran llenar un vacío, y automáticamente pensaba: “¡Qué mal está…!”

Hasta que un día lo hice consciente… no creo que haya sido cosa de un solo día como “¡pum! me di cuenta”. Creo que fueron pequeños sucesos que fui hilando poco a poco hasta llegar al increíble DARME CUENTA. Me di cuenta de que sí, ¡sí había una razón por la que eso me molestaba, y por la que yo criticaba tan fríamente a éstas mujeres! En el fondo, (y vaya que me costó reconocerlo) yo quería una relación en la que pudiera entregarme así, con total confianza, sin dudar de que lo que estaba haciendo era lo mejor que podía y QUERIA hacer.

Al recriminar y rechazar esos defectos en otras personas, parecería que yo veía esas actitudes como lo más ajeno a mí. Pero no era que esas actitudes me molestaran porque yo era igual, sino que el preguntarme porqué me molestaba algo que ni siquiera me afectaba a mí, examinándome muy detenidamente, me llevaba a la verdadera razón: eso me molestaba porque yo tenía algo pendiente con ese tema, algo qué trabajar y qué resolver relacionado con eso. Realmente lo que nos choca, nos choca como una manera de defensa psicológica ante lo que no nos permitimos a nosotros mismos.

Empecé a ver las cosas un poco diferentes, comencé a mirar el lado luminoso de todo eso que me parecía “enfermo”, lo transformaba poco a poco en mi cabeza, de negativo a positivo, de debilidad a confianza, de dependencia a entrega, de necesidad a amor… Me di cuenta que yo había aprendido sin darme cuenta que había qué esperar un hombre casi perfecto, que veía las relaciones de pareja como algo desequilibrado, de hecho un poco egoísta. Entonces supe que tal vez ellas habían visto algo que yo no había podido ver, o se permitían sentir algo que yo no me permitía a mí misma, ver el amor desde esa otra perspectiva; vi que lo mejor que podía hacer la gente enamorada, era confiar, confiar plenamente en su pareja, sin ver más allá, sin preocuparse por lo que sucedería en los próximos años; tampoco esperaban tener una pareja perfecta, sabían que no tenían un novio o esposo sin defectos pero no se preocupaban por cómo iban a enfrentar los problemas que obviamente aún no se presentaban.

Empezó a resultarme más ilógico lo que yo creía antes; el detenerme a pensar demasiado, el miedo a darlo todo, el esperar que el otro hiciera…, el “no te muestres así porque qué tal si luego pasa…”, ¡era una bola de prejuicios que no me dejaban vivir en el ahora! Y ¿cómo me di cuenta? ¿Gracias a “esa” que tanto me chocaba? Así fue… Y no significaba que entonces ahora sería igual que ella en mi relación de pareja, pero por lo menos había mirado hacia mi lado oscuro y de ahí podría sacar lo que me sirviera.

En ese momento no me quedó más remedio que aceptar que algo de realidad tiene ese dicho “Lo que te choca, te checa”. Se necesita HUMILDAD para reconocer que te diste cuenta que alguien a quien considerabas (fríamente) “inútil, superficial o bobo” te enseñó algo involuntariamente… Y ésta era sólo la primera cosa que aceptaba como apendizaje, seguramente iré topándome en el camino con muchas más. De sólo pensarlo ya me cansé jajaja.

Me queda claro que algunas personas vienen a enseñarnos aunque ellas no lo sepan. Esta chica estaba aquí y se cruzó en mi camino para que yo pudiera ver reflejada en ella una parte negativa de mi y (si yo realmente quería) aprender algo de su vida. Y por eso le doy las gracias.

De hecho, atraemos al mismo tipo de personas todo el tiempo, personas con el mismo tema de vida, hasta que podemos aprender la lección. Por ejemplo, una mujer que se siente víctima de malos tratos por parte de todos o que siente todos deciden por ella sin tomarla en cuenta, en su trabajo o en su casa, puede intentar alejarse de quien considere sus victimarios, pero probablemente vaya y busque inconscientemente a otro y a otro, todos éstos que se “encuentra” en su camino, lo único que hacen es ayudarla a seguirle siendo fiel a su problema, ella misma busca a sus victimarios y así sigue siendo víctima. Todo esto sigue así hasta que le llega el momento de aprender la lección, el momento en que se hace cargo y dejar ir su papel de víctima. Es aquí cuando dejará de “necesitar inconscientemente” a alguien que pase por encima de ella.

Muchas veces no llegamos hasta la parte del aprendizaje, pues solemos huir de las personas que no nos agradan o que encontramos molestas y dejamos pendiente la lección. Luego la vida nos presentará de nuevo la misma oportunidad de aprender pero en otras circunstancias (con algo que nos desagrade, claro), pero seguirán apareciendo y apareciendo oportunidades hasta que hayamos resuelto el tema. Por eso es importante ser sinceros con nosotros mismos y que cuando nos sintamos molestos por los defectos de los otros, miremos hacia adentro y aprovechemos la oportunidad de resolver algo importante en nuestra vida… meditar y aprender. Esto también nos ayudará a dejar de sufrir o preocuparnos por la vida de los demás y nos hace sentir más ligeros. Es así como vamos a poder aprender HASTA DE LO QUE CRITICAMOS.

Lucía Victoria.

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“Quizás cuando me criticas estás criticando, en realidad, a las partes mías idénticas a las que no te gustan de ti. Una piedra nunca me irrita, a menos que esté en mi camino” – Jorge Bucay