pensamientos, vida

¿Y si todos nos volvemos locos?

y-en-mi-locura-encontre-mi-libertad

Estoy empezando a creer que la locura es una de las mejores cosas que podemos practicar.

Que los que creemos locos son realmente los únicos que no están tan locos.

Que si ni una sola persona te ha etiquetado de LOCO, tal vez resultas ser sólo uno más del rebaño haciendo lo que se supone que debes hacer.

Después de todo, sin algo de locura no podríamos arriesgarnos, aventarnos a vivir, crear recuerdos que nunca se borran. Sin ese algo de locura nos moriríamos de miedo y por miedo a equivocarnos dejaríamos pasar tantas oportunidades de las que después nos arrepentiríamos más.

Estoy empezando a creer que para cambiar al mundo no bastan muchos hombres cuerdos, sino alguien que tenga un poco de locura y valentía para hacer las cosas diferentes. Que un poco de locura es lo que nos ayuda a pasar por lo que tengamos que pasar en ésta vida sin perder ese toque de positivismo que nos permite divertirnos en el proceso. Estoy empezando a entender que vivir con esa locura es la decisión más sabia que podemos tomar para ser felices.

Lucía Victoria.
pensamientos, reflexiones, vida

Si algún día te llegara a faltar…

Si algún día te llegara a faltar me gustaría que supieras que está bien equivocarse, que sólo así es posible aprender, no tienes de qué avergonzarte, nadie nace sabiendo que hacer. Que cuando te equivoques no te quedes pensando en el pasado, en esas ocasiones el pasado sólo te va a servir como punto de referencia para cambiar y aprender. Deja ir lo de antes cuando sientas que ya no te sirve para algo bueno.

A veces cuando te equivoques podrás perder a alguien de tu lado, no te preocupes de más, muchas veces va a parecerte que aprendes las cosas demasiado tarde pero sólo será demasiado tarde para estar con algunas personas, y aunque esas personas se alejen y duela mucho, aún podrás aplicar lo que aprendiste con otras personas que llegarán, espero que confíes en que todo es parte de un plan que el universo tiene para ti.

No te preocupes por «ser diferente» a algunos. Todos lo somos… solo que a veces la gente tarda en darse cuenta que lo NORMAL es que todos seamos DIFERENTES. ¿Qué tan aburrida te imaginas la vida si a todos nos gustaran exactamente las mismas cosas, si todos pensáramos, vistiéramos, actuáramos igual? Sí, aburrida…

Me gustaría también que supieras que no debes sentirte ni más ni menos que nadie, todos somos buenos para algo y malos en otras cosas. Es natural, todos los seres vivos tenemos nuestro valor y estamos aquí por una razón.

Me encantaría que supieras que a las personas no hay que atarlas, hay que dejarlas ser, si quieren seguir a tu lado lo harán. Y por mucho que quieras a algunas, debes soltarlas cuando ya es tiempo, puede ser que se vayan, pero algunas siempre permanecerán. Es parte de la vida. Siempre llegarán nuevas personas, justo las que necesitas, sin que pidas por ellas. Estoy segura que sea como sea vas a poder con eso.

Quisiera que sepas lo que pienso de la violencia, no tiene justificación, ninguna, a menos que tu vida dependa de ello. Siempre habrá mejores maneras de resolver las cosas, si no las encuentras fácilmente, busca a alguien que te guie.

Ojalá que con el tiempo aprendas que está bien pedir ayuda, es algo muy humano. Que sepas que hasta lo que pareciera fracaso, te enseña algo. Y hablando de ayudar… AYUDA. A quien puedas, como puedas, no preguntes por qué, sólo hazlo y después sabrás por qué. Cuando te sientas triste, haz algo bueno por los demás, verás que ayudando a otros te ayudas a ti mismo.

Es importante que algún día comprendas que nadie más tiene la culpa de cómo te sientes, haya pasado lo que haya pasado, si te sientes mal, de eso debes encargarte tú. Confía en ti y en tu poder de sentirte bien a pesar de todo, no le des ese poder a los demás. Si quieres ser feliz sólo decídelo. Si tienes que hablar con alguien para solucionar una situación que te afecta, inténtalo; muchas veces funcionará, otras no; si es necesario aléjate.

No te preocupes, preocuparte no sirve de nada, planea algo para solucionar algo y si no está en tus manos déjalo ir; «Si tu problema tiene solución ¿para qué te preocupas?; si no tiene solución ¿para qué te preocupas?».

No olvides aquel librito que leíste sobre los regalos del corazón (el que tanto te molesté para que leyeras), te enseñó que todos los días están llenos de oportunidades, oportunidades para ser más paciente, para aprender a calmarte, para hacerte más fuerte, para aprender a dar gracias por lo que sí tienes, para aceptar que no siempre todo depende de ti; oportunidades para demostrar algo que has guardado en tu corazón durante mucho tiempo, para aprender algo nuevo, nunca acabaría…

No olvides que es bueno hacer planes pero que aquí el que tiene la última palabra es Dios, si algo no sale como lo querías podrás enojarte con él, pero te aseguro que será sólo por un tiempo, porque al final, y aunque te cueste trabajo reconocerlo, te darás cuenta que lo que pasó tenía una buena razón de ser.

Ojalá no tardes mucho en darte cuenta que no necesitas buscar una pareja perfecta, nunca la vas a encontrar; una buena pareja para compartir tu vida es la que no intenta cambiarte, que te acepta tal como eres con todo y tus peores defectos, que entiende que compartir la vida también es compartir los momentos no tan buenos, que se queda aun cuando parece ser todo un desafío seguir y aunque no comprenda totalmente tu forma de pensar te apoya para que puedas crecer (si se queda pero no para mejorar como personas, tal vez no sea «la buena»). Una buena pareja no es la que hace todo como te gusta o como quieres, tal vez sea al contrario, es alguien que te hará desesperar tanto que te hará desarrollar una parte de tu personalidad que tenías olvidada o que no sabías que tenías. Lo importante es aprender a ser mejores personas juntos. Las parejas que vengan antes probablemente las vayas a encontrar porque estaban destinadas a enseñarte algo, si sus destinos se separan no significa que fue un fracaso, siempre todas las pérdidas te van a dejar algo luminoso.

Aunque no comprendas a algunos de tu familia, llévate bien con ellos, que sea como una ley para ti estar cerca emocionalmente (a menos que eso te haga daño). La familia es lo más importante, no esperes a que sea demasiado tarde cuando ya no estén. Abrázalos siempre que puedas.

No te olvides de tus amigos, con ellos cerca la vida es más fácil. Y recuerda siempre que ellos tampoco tienen por qué ser perfectos. Que no piensen como tú no significa que haya algún problema, mientras ellos y tú respeten el modo de vida de cada quién y esta diferencia no les perjudique mantén cerca a los verdaderos amigos.

Quiero que sepas que tienes que hablar, decir lo que piensas y lo que sientes. Cuando nos olvidamos de hablar las cosas las relaciones se van deteriorando, empezamos a suponer y a crear ideas equivocadas que nos confunden. Te lo digo porque pasé por eso, no te quedes callado por temor a lastimar a alguien o por vergüenza, siempre va a resultar mejor que digas la verdad. Por muy difícil que parezca, habla con los demás. Está bien decir lo que nos gusta y lo que no.

No subestimes a nadie y mucho menos los juzgues, todas las personas que nos cruzamos en el camino pueden enseñarnos algo, sólo basta tener humildad para permitirte tomar todo lo bueno de ellos. Por muy difícil que te resulte entender a alguien, acuérdate que todos pueden ser tus maestros, aun aquellos que tú pensabas que querían hacerte daño.

Así también haz tú lo que tú quieras, mientras no afectes a los demás, no tienes nada que demostrarle a nadie. Toma tus decisiones, si tú te sientes bien contigo mismo y sabes por qué haces las cosas, con eso basta. Compite sólo contra ti mismo.

Agradece todos los días, todo lo que tengas que agradecer. Si se te olvida qué razones tienes para hacerlo, repasa las cosas materiales para empezar, hasta lo más pequeño, luego piensa en todas esas cosas con valor emocional y en las personas que están cerca de ti y te quieren, todo eso que otras personas que has conocido no han podido tener.

Come bien, lava bien tus dientes, usa protector solar, cuida tu cuerpo, no tienes otro. Si no lo haces te vas a arrepentir y ya no habrá vuelta atrás. Disfruta de la fuerza y la belleza de la juventud, es cuando más posibilidades tienes de hacer lo que te plazca, cuando pase el tiempo te darás cuenta que ya no eres tan fuerte ni tan guapo y que no volverás a sentirte igual jamás. Pide perdón cuando sepas que te equivocaste. Mira bien, observa a tu alrededor, disfrútalo. Mira también hacia adentro de ti, es ahí donde están todas las respuestas. Si de alguna manera algo no funciona como lo estás haciendo, intenta hacerlo de manera diferente, prueba algo nuevo, experimenta. Baila mucho. Canta mucho. Viaja mucho. Ríete. Mira a las personas a los ojos. Haz las cosas que temes hacer. No tengas miedo, a menos que pienses que puedes morir (realmente morir). Lee. Busca siempre el lado positivo de todo. Llora mucho cuando tengas que hacerlo. Siente cómo duelen algunas cosas pero no te estanques ahí. Fluye con la vida como te va llegando. Ah, y cuando veas una luna hermosa no intentes sacarle fotos, nunca saldrá tan hermosa como la están viendo tus ojos, mejor solo disfrútala.

Creo que tal vez nunca acabaría con esta lista, pero lo último que sí tengo que decirte es que si yo te llego a faltar quiero que sepas que el amor existe, a pesar de lo que digan tus amigos cuando estén enojados, de lo que digan las películas o las novelas, a pesar de lo que sea… el amor es infinito, nunca lo dudes, quisiera que pasaras tu vida disfrutándolo, en todas las presentaciones en que se te aparezca en el camino, y si estás teniendo problemas para encontrarlo, búscalo más, pasa la vida buscándolo en todas esas situaciones de la vida cotidiana en las que dudes que esté presente, porque te aseguro que si buscas bien siempre lo vas a encontrar. El amor es lo más grande, es lo que hace que el mundo siga girando. 

Estoy segura que he olvidado algunas cosas, espero que esas también las aprendas en el camino y saques el mejor provecho de ellas. Claro que me gustaría estar ahí para apoyarte siempre, pero es algo que no te puedo asegurar.

Mientras esté a tu lado seguiré tratando de enseñarte lo que sé, aunque como todos, no sé hasta cuando esté yo aquí… Entonces, cuando te des cuenta de que ya has comprobado por ti mismo todo esto de lo que te hablo, tal vez ese día estaré más tranquila… Aunque pensándolo bien, acabo de darme cuenta que yo tardé 27 años en conocer todo esto y aun sabiéndolo es difícil llevarlo todo a cabo. Supongo que tendré que dejar que vayas experimentándolo…

Como sea, disfruta tu viaje mi amor.

Lucía Victoria.

WhatsApp Image 2020-08-19 at 22.45.48

pensamientos, vida

Lo confieso…

Lo confieso: toda mi vida he tenido miedo…

Primero que nada, discúlpenme si he tenido demasiados errores o no he cumplido expectativas (en realidad sé que no venimos a cumplir expectativas de otros), y más si de manera indirecta mis errores los perjudicaron alguna vez , de verdad duele que algo que hagas, sin querer dañe de alguna manera a otros. Si alguna vez alguien se llegó a preguntar ¿cuál demonios era mi problema? porque no lograban entenderme; la única buena noticia que les puedo dar es que YO (la única persona que necesita saberlo) sí lo sé, yo sí sé cuál es mi problema. Y lo he sabido desde hace algún tiempo… el problema fue cómo traté de resolverlo, que al parecer no resultó… y todo por ese maldito miedo.

Toda la vida con miedo; miedo a las cosas más absurdas, a las que ni siquiera sabía que se les podía temer, un miedo que paraliza. Un miedo que muchos podrán no entender. No me había dado cuenta que por eso fue que llegué a equivocarme tanto. Odio todo esto. Odio equivocarme tanto.

He vivido luchando todos los días conmigo misma para atreverme a ser yo, animarme a ser la que iniciara esa conversación difícil, ser la primera en hablar, poder defender algo que quería, poder decir que sí cuando sí quería y no cuando no quería, hablar sin tener que pensarlo demasiado, dejar de analizar demasiado las cosas por miedo a hacerle daño a alguien más. Siempre buscaba «pensarlo lo suficiente» (para mí nunca era suficiente) y así no equivocarme tanto, lo que me llevaba a equivocarme el triple. Obviamente nadie nunca puede estar seguro de que todo va a salir bien después de tomar una decisión, pero no se por qué yo me aferraba a esa idea «tengo que estar segura de lo que voy a hacer». Para algunos sonará fácil de vencer,  pero lo mío, a pesar de intentarlo, iba más allá de lo racional. 

Y hasta hoy, he metido tantas veces la pata que he pasado más vergüenzas de las que me hubiera gustado, he cometido más tonterías de las que hubiera querido, me he sentido terriblemente arrepentida más veces de las que hubiera querido, me he reclamado y juzgado a mí misma duramente más veces de las que me parecieran «suficientes» para aprender y me he sentido culpable por el sufrimiento de otras personas mucho más de lo que hubiera imaginado en mi vida… Siempre parecía que ya había sido suficiente… pero al final el miedo seguía siendo más grande que todos los pensamientos que me repitiera para darme valor.

Lo único positivo que puedo admitir a estas alturas es que gracias a todas esas caídas que casi logran acabar conmigo, sigo sabiendo cuál es mi problema y supongo que no puedo seguir esperando otros 10 o 20 años a que alguien me anime o me dé valor, no puedo seguir perdiendo y perdiendo oportunidades para avanzar, así que tengo que hacerlo…

Alguien me dijo que sólo son necesarios 20 segundos de valor (o coraje irracional) para aventarte, y que si no corres aunque sea un mínimo riesgo nunca lo vas a hacer. Creo que llegué demasiado lejos, hasta un punto en el que no me queda de otra, ya debo ELEGIR, lo que debía hacer hace mucho, elegir si voy a dejarme ganar por esto o si voy a empezar a vivir.

Quisiera poder gritarle al miedo ¡Adiós!, pero yo sé que no es tan sencillo, no puede desaparecer para siempre, sé que en cada paso puede volver. Hay que aceptar que ahí va a estar porque es parte del camino y la mejor manera de lidiar con él es negociar paso a paso para ir ganando batallas.

Cómo quisiera que mis decisiones no afectaran a los demás, cómo quisiera que el hecho de que yo dé este paso que me ayude a crecer, no dañara de ninguna forma a los que me rodean, pero tal vez eso es imposible, siempre que se gana también se pierde.

Mmmm… Y entonces, aquí voy… ¿Cómo voy hacerlo? Fácil (¡ja!). Deséenme suerte con esos 20 segundos.

 

Lucía Victoria.

decisión

pensamientos, reflexiones, respeto, vida

Si realmente llegáramos a comprender no podríamos juzgar.

otra perspectiva

Siempre me ha interesado éste tema, durante años he estado trabajando con mis ideas irracionales y evitando mis propias suposiciones sobre el concepto que tienen los demás de mi. Sí, para algunas personas es más fácil vivir despreocupadas; supongo que mi historia familiar no me dejó ésta tarea tan fácil, puesto que es una de mis más grandes debilidades, a pesar de que si me detengo a pensarlo sólo un momento regreso pronto a la idea de que no puedo tomar en cuenta todo lo que piensan de mi para sentirme tranquila.

Todos los días lo escucho de las personas que vienen conmigo a consulta, en especial de niños y adolescentes a los que molestan en la escuela o secundaria, «es que me molestan», «me da mucho coraje que me digan cosas, yo no me dejo…», «me da pena pasar al frente porque se van a reír de mi»; pequeños, no saben lo que les espera si siguen preocupándose por todo lo que piensen los demás… pueden acabar como yo jajaja.

En mi trabajo y con las situaciones que vivo a diario he aprendido a ser paciente, a escuchar primero y a no juzgar a la gente sólo teniendo 2 o 3 datos del caso, aunque a veces resulte difícil deslindarse de ciertos prejuicios. Entiendo que para algunas personas no es fácil pensar más allá de lo que quieren ver o suponer, así como comprendo también que la mayoría de ellas son inconscientes del alcance que tienen sus palabras y los graves problemas que pueden crearse a partir de una simple suposición.

Por mi parte, he entendido que siempre hay una explicación, que siempre hay una historia detrás de cada persona, hay una razón por la que actúa así (por horrendo que nos pueda parecer lo que algunas personas hacen). A veces nos atrevemos a decir: «yo nunca hubiera hecho algo así, ¿qué le pasa?, ¿por qué no pensó…?» pero difícilmente podremos saber lo que pasan los demás realmente porque no estamos en sus zapatos; y con ésto me refiero no sólo a estar en la misma situación, sino a que no estamos en su mundo mental, no fuimos criados por las mismas personas, con las mismas costumbres, con esas ideas, miedos, cultura, principios y creencias que le inculcaron desde niño. Solemos pensar que no haríamos «tal o cual cosa» que hacen los demás y a veces terminamos sorprendidos de las decisiones que tomamos ante diversas situaciones.

Hablando de entender para no juzgar, por ejemplo, cuando los hijos nos atrevemos a juzgar a nuestros padres. Un gran número de circunstancias en la vida de las familias pueden llevar a los hijos a crear un concepto negativo de uno de los padres («mi papá fue un irresponsable, nunca se hizo cargo y se fue», «mi mamá no tiene perdón», «mi padre no se merece ni las gracias», “por culpa de mi mamá no pude vivir con mi papá” y podría seguir la lista). Algo parecido pudo haberme pasado, de hecho alguna vez en mi vida llegaron a pasar por mi cabeza pensamientos similares. Con el tiempo fui dándome cuenta que un padre o una madre que podríamos considerar como «malos» llevan cargando historias de vida muy difíciles (lo que no justifica sus actos, aclaro). Ahora he conocido un poco más sobre la vida de mi papá, cómo fue su infancia y adolescencia, lo que me hacía entender mucho acerca de sus decisiones y actitudes; entendí por qué no se pudo quedar. A mi edad y con ayuda de buenos maestros, sé que una de las peores decisiones que podemos tomar es la de juzgar a nuestros padres y lo mejor que podemos hacer es agradecerles, ellos nos dieron la vida y hayan hecho lo que hayan hecho después, nunca podremos saldar esa deuda con ellos. Lo mejor es nosotros mismos acercarnos a ellos con humildad.

Podría decirse entonces que no existen las personas malas, sólo existen personas intentando sentirse bien de maneras equivocadas. A fin de cuentas todos lidiamos nuestras propias batallas, luchamos para salir adelante haciendo lo mejor que podemos, enfrentamos dolor, renuncias, desilusiones, miedos, etc. Cuando recibo gente en el consultorio primero escucho las «terribles» cosas que han hecho y después tengo la oportunidad de conocer su historia de vida; cuando me encuentro con personas que fueron abandonadas, rechazadas, maltratadas en la infancia, puedo ver por un momento frente a mi a ese niño indefenso que se siente desprotegido y que toma decisiones equivocadas para tratar de llenar ese vacío. Entonces en lugar de ver una mujer con sobrepeso puedo ver a una niña que después de sufrir un abuso trató de protegerse de otro ataque escondiéndose detrás de esa gran figura; en lugar de ver a un hombre violento puedo ver a un niño humillado y temeroso que busca protegerse de los supuestos ataques de los otros; en lugar de ver a una mujer que busca muchos hombres puedo ver a una niña abandonada buscando la aprobación de una figura masculina; en lugar de ver a un adicto que no quiere cambiar veo a un niño que piensa que ni su propio padre lo quiso;  la lista podría seguir…

No se trata de justificar todos los horrores humanos, sino de entender. Hay una diferencia muy grande entre éstas dos palabras, y lo que nos pudiera ayudar a comprender un poco a la humanidad (y a no vivir frustrados preguntándonos porqué la gente está tan «loca», «mal», «tonta», etc.) es precisamente tener en mente que no conocemos su historia, pero que debe haber una razón por la que esa persona es lo que es. Si es posible ayudar a hacer un cambio necesario, hacerlo; pero si no, simplemente respetar su vida y continuar con la nuestra.

El estar continuamente juzgando, evaluando, interpretando, suponiendo y creando historias «noveleras» en nuestra mente nos genera inseguridad, rencores y hasta puede llegar a deteriorar nuestras relaciones interpersonales porque cambiamos de actitudes a partir de nuestras suposiciones, y aunque después conozcamos la verdadera historia, esos sentimientos negativos ¡ya los generamos!

Cuando tomamos la decisión de no juzgar, nos estamos dando la oportunidad de encontrar la calma en nuestra conciencia. Además, comprender a los demás no solo nos ayuda a relacionarnos mejor, sino que nos deja con mucha más libertad. Cuando nos acostumbramos a no tomarnos nada personalmente y a soltar personas, cosas o situaciones, no necesitamos depositar nuestra confianza en lo que hacen o dicen los demás como manera de evaluarnos, por lo que estaremos más cerca de ser verdaderamente auténticos.

Lucía Victoria.

«Para juzgar cosas grandes y nobles, es necesario poseer un alma igual de grande y noble.» – Michel Eyquem de Montaigne.

never judge

pensamientos, reflexiones, relaciones, respeto, vida

¿Parejas felices o personas felices que hacen pareja?

relaciondepareja

 

No tengo temor de perderte porque no eres de mi propiedad ni de nadie mas. Te quiero por quien eres, sin ataduras, sin temores, sin condiciones, sin egoísmos, intentando no absorberte. Te amo libremente porque amo tu libertad tanto como la mía. 

Anthony de Mello

 

No todas las personas logran comprender o practicar éstas palabras. Muchos ven las relaciones de pareja como un sinónimo de posesión, se aferran a una ilusión de lo que esa relación va a ser, esperan que la otra persona sea de cierta manera y cuando se dan cuenta que la realidad no es como la esperaban la relación se viene abajo. Parece que a la gente le gustara amar sólo a una imagen que ellos mismos crean sobre la otra persona y, desafortunadamente, eso no es amor.

Gandhi una vez lo dijo así: El amor y la posesión exclusiva no pueden ir juntos. Ahí donde el amor es perfecto debe haber una ausencia total de posesión.

Y es que es totalmente cierto, la persona que ama con un amor adulto es capaz de soltar, de dejar ser libre al otro, y también es capaz de soltar esas expectativas. En cambio, cuando amamos como niños buscamos llenar necesidades insatisfechas de la infancia, creemos que hay que darle al otro lo que a nosotros nos hace falta para luego exigirle que nos dé lo mismo. Pero así no funciona, estar todo el tiempo dándole al otro lo que NO nos pidió se convierte en algo agotador para ambos. De hecho, cuando das más de lo que el otro puede devolver, lo más seguro es que el otro tendrá una carga tan pesada que terminará por alejarse de una u otra manera. En la pareja debe existir el equilibrio entre lo que se da y lo que se toma. Por eso es importante que ninguno de los miembros reciba o dé más de lo que es necesario porque cuando eso pasa se generan posturas de «yo soy el pequeño, cuida de mí» (como niños) o «tengo que cuidar a mi pareja» (como mamá/papá), lo que puede hacer que la otra persona desee buscar a alguien con quien pueda estar en igualdad y se vaya. Aquí aplica la típica frase: “Yo no sé qué hago mal, si yo siempre les doy todo y aún así me engañan o me dejan.” Si tienes ese problema lo más probable es que estés dando de más a alguien que no puede darte lo mismo.

Cuando amamos como adultos no exigimos, no mendigamos, no manipulamos para lograr lo que nosotros queremos, no utilizamos al otro para levantar nuestro ego, no deseamos controlar que esa persona sólo nos mire a nosotros, no nos sentimos solos cuando no estamos con esa persona, no actuamos como algo que no somos ni pedimos que el otro actúe, aceptamos al otro como humano con errores. Cuando amamos como adultos damos un amor reconfortante, estamos con esa persona porque la queremos tal cual es y porque nos quiere tal cual somos, el amor que damos y recibimos trae paz.

1401105287883

Pero ¿qué es lo que pasa?, ¿por qué para algunos resulta difícil vivirlo así?

El problema es que tenemos una idea equivocada de que el DESAPEGO es frío y duro, se ve como indiferencia o insensibilidad, y eso no es así. No está mal ser afectivamente libres, el desapego no es desamor, sino una manera sana de relacionarse, más independiente, sin que esté de por medio el miedo al abandono ni en juego la identidad de las personas que participan en la pareja. Ser desapegado tampoco quiere decir ser egoísta ni deshonesto, no promueve la promiscuidad o la falta de moral.

La realidad es que necesitamos hacernos muchas preguntas: ¿Por qué nos ofendemos si el otro no se angustia cuando no estamos?, ¿por qué vemos como algo malo si nuestra pareja no siente celos?, ¿por qué sentimos amenazante que el otro disfrute también el tiempo solo?, ¿por qué queremos que nuestra pareja nos necesite? Y una de las más importantes: ¡¿Por qué esperamos que la otra persona sea perfecta y no cometa errores?! Tal vez cuando nos contestemos esas preguntas nos demos cuenta que realmente no estamos preparados para una relación no dependiente. Habría primero qué enfrentar todos esos miedos de manera personal para luego poder compartir con alguien un amor maduro.

El mito de la media naranja parte de la idea de buscar lo que nos complementa. Lo que implica que no estamos completos ni felices hasta que encontramos al otro. Es algo parecido a la “pareja feliz”, que nos da una idea de que esas dos personas son felices porque están juntos (sólo por eso y sin eso no podrían estarlo). Pero sin duda, una persona que no es feliz estando sola, no podrá serlo buscando lo que “le falta” en otra. Si no somos felices sin esperar que el otro “nos haga feliz”, difícilmente podremos tener una relación de pareja sana. Tú no eres el responsable de la felicidad de tu pareja, si te sientes así, probablemente algo esté en desequilibrio.

La vida es un movimiento constante, el deseo de que todo permanezca igual va contra la vida. Sólo si sueltas el apego a que las cosas permanezcan siempre iguales podrás disfrutar de los cambios que existen en una relación de pareja, pues el amor más pleno es una serie de muertes y renacimientos: La pasión muere y es traída de regreso; el dolor es ahuyentado y resurge en otro momento. Todo esto en una misma relación.

Mientras estemos en pareja con una persona, lo mejor que podemos hacer es alentarla a dejar salir lo que realmente ES, cada vez más, y sin tener la intención de cambiarla, apoyarla en su proceso personal para ir convirtiéndose en un mejor ser humano, a su tiempo y porque así lo desea ella. Si te ama, te entiende, sabe tu ritmo, y a veces se unirá a él, pero en otras ocasiones simplemente te tendrá que dejar libre para que lo vivas tú.

Cuando en una pareja los dos se permiten ser auténticos no se pueden juzgar uno al otro; pueden hacer lo que realmente sienten, sin sentirse condicionadas, sin tener que “demostrarle” al otro su amor o tener que cumplir las expectativas, simplemente SON, viven su amor y lo comparten. Es entonces cuando no somos sólo una pareja feliz, sino algo mucho mejor, somos dos personas felices (y sin máscaras) haciendo pareja.

 

Lucía Victoria.

IMG_52567233241642