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Mirar(se) en los ojos del otro.

Mirar a los ojos a otra persona es ir más allá. Me atrevería a decir que es una de las pocas cosas que realmente necesitamos y que nos hace mucha falta, el mundo sería diferente si nos diéramos esa oportunidad, de no sólo ver, de no quedarnos en lo superficial.

Y es que hay tanto que mirar… podemos hablar con los ojos, podemos agradecer con los ojos, podemos honrar con los ojos, podemos sentir con los ojos, podemos compadecer con los ojos, podemos apoyar, gozar y hasta tener una conversación profunda que nos lleve a sentir paz sólo con los ojos.

Para algunos puede ser difícil, son los miedos, las inseguridades, los pensamientos que no nos dejan abrir el corazón para permitirnos practicar esto. Hace años no podía mantener la mirada en los ojos de alguien que me estuviera hablando, ni por dos segundos. Hacerlo no fue nada fácil pero con el tiempo fui acostumbrándome (primero) y luego fui dándome cuenta de lo maravilloso que era y de todo lo que los demás y yo podíamos recibir con ésta práctica. Es algo que sin duda debo recomendar.

Si nos miramos a los ojos podemos romper barreras, podemos ver el alma de quien está en frente, podemos ir tan profundo que podemos encontrar el amor que hay dentro de cada persona e incluso encontrar el amor que está dentro de nosotros mismos. Podemos vernos a nosotros mismos en esos ojos. Si buscas bien, te das cuenta que detrás de cada mirada siempre hay una gran historia.

Lucía Victoria.

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Si los perros ladran…?

La verdad es que no siempre que «los perros ladran es señal de que vamos avanzando»… algunas veces te estarán ladrando para advertirte de algo que tú no has visto, algunas otras tal vez sólo le estarán ladrando a la luna o a la bolsa de plástico que llevó el aire por ahí. En fin… No cabe duda que, a pesar de las señales, sólo vemos lo que queremos ver y lo que estamos preparados para aceptar en ese momento.

Lucía Victoria.

 

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Lo que te choca, te checa… aunque no lo quieras ver.

Nunca le di crédito a esa frase de “Lo que te choca, te checa”, siempre había una parte de mi que no aceptaba, como muchas otras personas, que yo tenía algo qué ver con todas esas cosas que me molestaban de los demás sin razón. La gente suele criticar éste dicho, pues dicen que si les molesta que alguien sea tan gritón no es porque ellos mismos sean gritones; si les choca alguien que consideran superficial o tonto no es porque ellos mismos sean superficiales o tontos. De hecho no, no funciona así, no es tan simple como eso. Va más allá y no se puede llegar a ver si no se es completamente sincero.

A mi me pasó con ésta chica (quien nunca fue de mi agrado porque tuve conflictos personales con ella en la adolescencia y además siempre la consideré tonta, superficial y otras cosas…), hasta hace pocos meses, cuando alguien me platicaba de sus publicaciones, sus fotos, sus comentarios, yo pensaba: “¡Ash, qué molesta!, escribe como si su esposo fuera lo mejor del mundo cuando todo mundo sabe que no está cerca de serlo, parece que su vida entera es eso, sólo eso, seguramente va a terminar lastimada cuando se les acabe la luna de miel y no le va a quedar más remedio que seguir en esa relación porque no tiene nada más en su vida… Prefiero no estar casada aún en lugar de apresurarme a tener una vida como la de ella y tener qué esforzarme en parecer feliz…”

Suena duro, lo sé. Ahora que lo leo, es un fuerte prejuicio, de los más grandes que anduve cargando durante años, creo que nunca hablé de eso con alguien, sólo lo cargaba para mi por todos lados. Veía a las personas que se entregaban demasiado (“demasiado” a mi modo de ver las cosas) como personas débiles, dependientes, necesitadas… desesperadas, como si ellas necesitaran llenar un vacío, y automáticamente pensaba: “¡Qué mal está…!”

Hasta que un día lo hice consciente… no creo que haya sido cosa de un solo día como “¡pum! me di cuenta”. Creo que fueron pequeños sucesos que fui hilando poco a poco hasta llegar al increíble DARME CUENTA. Me di cuenta de que sí, ¡sí había una razón por la que eso me molestaba, y por la que yo criticaba tan fríamente a éstas mujeres! En el fondo, (y vaya que me costó reconocerlo) yo quería una relación en la que pudiera entregarme así, con total confianza, sin dudar de que lo que estaba haciendo era lo mejor que podía y QUERIA hacer.

Al recriminar y rechazar esos defectos en otras personas, parecería que yo veía esas actitudes como lo más ajeno a mí. Pero no era que esas actitudes me molestaran porque yo era igual, sino que el preguntarme porqué me molestaba algo que ni siquiera me afectaba a mí, examinándome muy detenidamente, me llevaba a la verdadera razón: eso me molestaba porque yo tenía algo pendiente con ese tema, algo qué trabajar y qué resolver relacionado con eso. Realmente lo que nos choca, nos choca como una manera de defensa psicológica ante lo que no nos permitimos a nosotros mismos.

Empecé a ver las cosas un poco diferentes, comencé a mirar el lado luminoso de todo eso que me parecía “enfermo”, lo transformaba poco a poco en mi cabeza, de negativo a positivo, de debilidad a confianza, de dependencia a entrega, de necesidad a amor… Me di cuenta que yo había aprendido sin darme cuenta que había qué esperar un hombre casi perfecto, que veía las relaciones de pareja como algo desequilibrado, de hecho un poco egoísta. Entonces supe que tal vez ellas habían visto algo que yo no había podido ver, tal vez ellas sí habían crecido viendo a sus padres juntos y entendieron algo que yo no conocía, se permitían sentir algo que yo no me permitía a mí misma, ver el amor desde esa otra perspectiva; vi que lo mejor que podía hacer la gente enamorada, era confiar, confiar plenamente en su pareja, sin ver más allá, sin preocuparse por lo que sucedería en los próximos años; tampoco esperaban tener una pareja perfecta, sabían que no tenían un novio o esposo sin defectos pero no se preocupaban por cómo iban a enfrentar los problemas que obviamente aún no se presentaban.

Empezó a resultarme más ilógico lo que yo creía antes; el detenerme a pensar demasiado, el miedo a darlo todo, el esperar que el otro hiciera…, el “no te muestres así porque qué tal si luego pasa…”, ¡era una bola de prejuicios que no me dejaban vivir en el ahora! Y ¿cómo me di cuenta? ¿Gracias a “esa” que tanto me chocaba? Así fue… Y no significaba que entonces ahora sería igual que ella en mi relación de pareja, pero por lo menos había mirado hacia mi lado oscuro y de ahí podría sacar lo que me sirviera.

En ese momento no me quedó más remedio que aceptar que algo de realidad tiene ese dicho “Lo que te choca, te checa”. Se necesita HUMILDAD para reconocer que te diste cuenta que alguien a quien considerabas (fríamente) «inútil, superficial o bobo» te enseñó algo involuntariamente… Y ésta era sólo la primera cosa que aceptaba como apendizaje, seguramente iré topándome en el camino con muchas más. De sólo pensarlo ya me cansé jajaja.

Me queda claro que algunas personas vienen a enseñarnos aunque ellas no lo sepan. Esta chica estaba aquí y se cruzó en mi camino para que yo pudiera ver reflejada en ella una parte negativa de mi y (si yo realmente quería) aprender algo de su vida. Y por eso le doy las gracias.

De hecho, atraemos al mismo tipo de personas todo el tiempo, personas con el mismo tema de vida, hasta que podemos aprender la lección. Por ejemplo, una mujer que se siente víctima de malos tratos por parte de todos o que siente todos deciden por ella sin tomarla en cuenta, en su trabajo o en su casa, puede intentar alejarse de quien considere sus victimarios, pero probablemente vaya y busque inconscientemente a otro y a otro, todos éstos que se «encuentra» en su camino, lo único que hacen es ayudarla a seguirle siendo fiel a su problema, ella misma busca a sus victimarios y así sigue siendo víctima. Todo esto sigue así hasta que le llega el momento de aprender la lección, el momento en que se hace cargo y dejar ir su papel de víctima. Es aquí cuando dejará de «necesitar inconscientemente» a alguien que pase por encima de ella.

Muchas veces no llegamos hasta la parte del aprendizaje, pues solemos huir de las personas que no nos agradan o que encontramos molestas y dejamos pendiente la lección. Luego la vida nos presentará de nuevo la misma oportunidad de aprender pero en otras circunstancias (con algo que nos desagrade, claro), pero seguirán apareciendo y apareciendo oportunidades hasta que hayamos resuelto el tema. Por eso es importante ser sinceros con nosotros mismos y que cuando nos sintamos molestos por los defectos de los otros, miremos hacia adentro y aprovechemos la oportunidad de resolver algo importante en nuestra vida… meditar y aprender. Esto también nos ayudará a dejar de sufrir o preocuparnos por la vida de los demás y nos hace sentir más ligeros. Es así como vamos a poder aprender HASTA DE LO QUE CRITICAMOS.

Lucía Victoria.

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“Quizás cuando me criticas estás criticando, en realidad, a las partes mías idénticas a las que no te gustan de ti. Una piedra nunca me irrita, a menos que esté en mi camino” – Jorge Bucay