ocio, pensamientos

Preguntas sin respuestas…

De esas preguntas que ni siquiera quieres hacerte, que cansan de sólo imaginarlas. Preguntas que en el intento de responderse dan paso al juego entre la obediencia a la prohibición y el deseo imposible, llenas de miedos… y desafortunadamente, muchas veces, llenas también de no hacer nada.

 

Lucía Victoria.

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pensamientos, reflexiones, vida

Pensamientos de regadera.

 

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Pensaba sobre las lecciones que nos da la vida… siempre digo que yo he aprendido mucho, eso creo. Sé que todavía me falta. Pensaba en que de verdad me da mucha pena que haya gente que no pueda reconocer una crítica y tomarla para crecer, porque la confunde con envidia; que no pueda reconocer que la gente le dice que está mal aunque sea verdad, porque lo confunde con mala suerte o cree que todo lo malo que le ha pasado ha sido resultado de la mala vibra de otros que “no tienen vida” y que “quieren ser como el/ella”; que no pueda reconocer que la gente que antes se equivocó puede cambiar su vida y mejorar si realmente se lo propone; que en lo único que se fija es en los defectos de los otros cuando nunca han intentado examinar lo que ellos han estado haciendo mal; las personas que se dan “baños de pureza”, que juzgan a otros como si se les borrara la memoria y no pudieran recordar que ellos también han cometido muchos errores aunque sean errores diferentes; las que se quejan y quejan de lo que reciben de las personas pero si abrieran bien los ojos se darían cuenta que eso es lo que ellos mismos han provocado; que piensan que siempre tienen la razón porque otra persona no vea las cosas de la misma manera; da tristeza esa gente que no puede reconocer que podría mejorar y que no es el resto del mundo entero el que está mal. Da tristeza que no aprovechen todas esas oportunidades para aprender ALGO BUENO y no para hacer más daño. Y bueno, no digo que a mi no me ha pasado… pero también sigo aprendiendo. Porque no importa qué tan lento avances, lo importante es que no te quedes donde estás.

La vida está dándote constantemente oportunidades de aprender la lección que más te hace falta; sólo de ti depende cuándo abrir bien los ojos para reconocerla y aceptarla. Pero no te preocupes, al final, si no has logrado aprender la lección, la vida se encarga.

Lucía Victoria.

 

ocio, pasiones, pensamientos, vida

Conversación interna. Hablando de las bajas pasiones.

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Yo: Mírala, ahí está una foto de ella.

Super yo: ¿Quién?

Ello: Esa mujer, la que te hizo la vida imposible hace años.

Yo: Está embarazada, mira, se ve muy bonita así de mamá. Me da mucho gusto que vaya a vivir algo tan bonito que yo ya viví, le va a hacer bien. Mmmm, realmente no me hizo la vida “imposible”, tampoco tanto, pero sí me hizo llorar… muchas veces… y vaya que se esforzó en lograrlo.

Super yo: No deberías juzgarla sin saber sus razones.

Yo: Hizo lo que quiso con la excusa de que estaba “enamorada” pero aún así nunca pensó en lo que pasaba yo embarazada o ya cuando tenía a mi hijo… apenas era una adolescente y ya tenía un hijo y además de eso tenía que vivir preocupada todo el tiempo de qué era lo que iba a pasar cada día, si el papá iba a estar conmigo o iba a pasar algo con ella. No le importó nada de eso nunca y mucho menos pensó en lo que podía sufrir mi hijo con las consecuencias.

Super yo: ¿Qué no uno de los cuatro acuerdos dice que no te tomes nada personal? Entonces ella no lo hizo por molestarte, si salió con tu novio, a pesar de que él y tu tenían una relación y un hijo, fue porque estaba enamorada, fue por ella, no por ti.

Yo: Mmmm, pues sí, de hecho, aunque me cuesta trabajo aceptarlo porque ¡fueron años!, años de sufrir por lo mismo… y ella parecía que se empeñaba en hacerme saber lo que hacía con el. ¡Si hubiera sido sólo por amor ni al caso que me “avisara” lo que hacía con él para que los descubriera, lo hacía para que yo sufriera! Pff, mira ya ya ya, eso ya fue hace mucho tiempo, ya no he sabido nada de ella. No creo que siga siendo como en ese entonces. Además creo que tengo un recuerdo de que me pidió disculpas una día.

Ello: ¡Ay, por favor! ¡Te pidió disculpas y lo siguió haciendo! Eso no vale como disculpa, además como si sólo bastara con unas disculpas… Ahora que es madre y está en la misma circunstancia que tú cuando ella hizo hasta lo imposible por arruinar tu relación con el papá de tu hijo, alguien debería hacerle lo mismo.

Super yo: Claro que no.

Yo: Mmm así por fin podría sentir todo lo que me hizo pasar, ahora sí tiene lo mismo qué perder.

Ello: Arruina la confianza que hay en su relación. Solo bastan unos mensajes.

Yo: Es algo muy tentador.

Super yo: Tu perfectamente sabes las consecuencias que puede llegar a tener que hagas algo así.

Ello: Sólo que sienta un poquito de celos y miedo de quedarse con su hijo y sin el papá. No tiene que llegar a divorciarse ni nada por el estilo, solo miedo y desconfianza para que se de cuenta de lo que quiso hacer antes contigo. ¡Además todavía después de años sigue haciéndose presente para estar en contacto con su familia sabiendo que tú te das cuenta! ¡¿No puede controlarse?! ¡Qué coraje! !Nunca respetó la relación! Pffff…

Super yo: ¿No que ya no importaba? Mmm… como sea, sólo por quitarte esas estúpidas ganas no vas a arruinar la vida de un niño.

Ello: No tiene nada que ver con el niño.
 Además son consecuencias de sus actos también, no solo sería mi culpa.

Super yo: Sabes que unos simples mensajes pueden llegar a convertirse en una depresión, en una relación violenta, ¡en lo que sea! Sabes que una madre deprimida es una carga muy muy grande para un niño y que tiene graves consecuencias para el resto de su vida. No puedes saber qué es lo que realmente va a pasar con ella y no vas a arriesgarlo todo por un simple deseo de venganza.

Yo: Mmm si ya lo se, pues ya qué. Además no se ni qué ganaría.

Ello: ¡Esa deliciosa sensación de satisfacción!

Yo: ¿Por cuánto tiempo? Unos minutos seguramente. Después me pondría a pensar que no sirvió de nada, sólo para complicarle la vida a alguien que ni tiene la culpa de lo que hacen sus padres.

Ello: Pfff, olvídalo entonces.

Super yo: No es posible que lleves años pensando en eso.

Yo: No he pensado en eso durante años, sólo la vi así y me acordé de cosas…

Super yo: Ya deja ese asunto por la paz, fue hace mucho tiempo, tal vez ella ya ni se acuerde.

Ello: ¿Y eso qué? ¡Por eso! anda por la vida como si no hubiera pasado nada, muy feliz como si siempre hubiera sido una blanca paloma. ¡Que pague!

Yo: “No te tomes nada personal, nada de lo que hacen las otras personas tiene que ver contigo, lo que hacen es porque piensan que eso es lo mejor para ellos mismos…” Respira, piensa…

Super yo: Bueno pues, ¿qué sería entonces lo que te dejaría satisfecha?

Ello: ¿Que sienta lo mismo?

Super yo: ¿Y eso en qué forma te ayudaría a ti?

Ello: Pues en darle lo que creo que se merece.

Super yo: Tu no puedes saber qué es lo que la gente se merece. Y ¿podrías seguir tu vida tranquila sabiendo que hiciste el mismo daño en la vida de alguien, tomando una decisión totalmente consciente de lo que podría causar?

Yo: No. Supongo que nada me hará sentir completamente satisfecha. Mi vida seguiría siendo totalmente igual, nada se puede ya borrar.

Super yo: ¿Y entonces?… “Ojo por ojo y el mundo acabará ciego”…

Yo: Lo mejor será aceptar las cosas como pasaron y dejar que cada quien siga su vida de la mejor manera.

Ello: Mmmm… pues si ¡ya qué!

Super yo: Eso es lo correcto.

Ello: Sí, aha…

Yo: (Mirando la fotografía) Se ve muy bonita así, la verdad es que sí espero que le vaya bien.

Lo que me hacen inventar las tardes de ocio.

Lucía Victoria.