pensamientos, reflexiones, relaciones, vida

Nada es casualidad.

Nada que llegue a nuestra vida es casualidad, todo lo que nos sucede es atraído por nuestro inconsciente, situaciones, personas, trabajos, lugares, todo… atraídos por nuestros miedos, inseguridades, creencias, enojos, asuntos inconclusos… para trabajar esas partes de nosotros que queríamos evitar tocar. Realmente todo tiene una razón: son señales, oportunidades disfrazadas, oportunidades para aprender. No es fácil verlo. Tienes que abrir tu alma.

aprenderLucía Victoria.

pensamientos, reflexiones, vida

Pensamientos de regadera.

 

1888615_806076092753237_1094435756_n

Pensaba sobre las lecciones que nos da la vida… siempre digo que yo he aprendido mucho, eso creo. Sé que todavía me falta. Pensaba en que de verdad me da mucha pena que haya gente que no pueda reconocer una crítica y tomarla para crecer, porque la confunde con envidia; que no pueda reconocer que la gente le dice que está mal aunque sea verdad, porque lo confunde con mala suerte o cree que todo lo malo que le ha pasado ha sido resultado de la mala vibra de otros que “no tienen vida” y que “quieren ser como el/ella”; que no pueda reconocer que la gente que antes se equivocó puede cambiar su vida y mejorar si realmente se lo propone; que en lo único que se fija es en los defectos de los otros cuando nunca han intentado examinar lo que ellos han estado haciendo mal; las personas que se dan “baños de pureza”, que juzgan a otros como si se les borrara la memoria y no pudieran recordar que ellos también han cometido muchos errores aunque sean errores diferentes; las que se quejan y quejan de lo que reciben de las personas pero si abrieran bien los ojos se darían cuenta que eso es lo que ellos mismos han provocado; que piensan que siempre tienen la razón porque otra persona no vea las cosas de la misma manera; da tristeza esa gente que no puede reconocer que podría mejorar y que no es el resto del mundo entero el que está mal. Da tristeza que no aprovechen todas esas oportunidades para aprender ALGO BUENO y no para hacer más daño. Y bueno, no digo que a mi no me ha pasado… pero también sigo aprendiendo. Porque no importa qué tan lento avances, lo importante es que no te quedes donde estás.

La vida está dándote constantemente oportunidades de aprender la lección que más te hace falta; sólo de ti depende cuándo abrir bien los ojos para reconocerla y aceptarla. Pero no te preocupes, al final, si no has logrado aprender la lección, la vida se encarga.

Lucía Victoria.

 

pensamientos, vida

Lo confieso…

Lo confieso: toda mi vida he tenido miedo…

Primero que nada, discúlpenme si he tenido demasiados errores o no he cumplido expectativas (en realidad sé que no venimos a cumplir expectativas de otros), y más si de manera indirecta mis errores los perjudicaron alguna vez , de verdad duele que algo que hagas, sin querer dañe de alguna manera a otros. Si alguna vez alguien se llegó a preguntar ¿cuál demonios era mi problema? porque no lograban entenderme; la única buena noticia que les puedo dar es que YO (la única persona que necesita saberlo) sí lo sé, yo sí sé cuál es mi problema. Y lo he sabido desde hace algún tiempo… el problema fue cómo traté de resolverlo, que al parecer no resultó… y todo por ese maldito miedo.

Toda la vida con miedo; miedo a las cosas más absurdas, a las que ni siquiera sabía que se les podía temer, un miedo que paraliza. Un miedo que muchos podrán no entender. No me había dado cuenta que por eso fue que llegué a equivocarme tanto. Odio todo esto. Odio equivocarme tanto.

He vivido luchando todos los días conmigo misma para atreverme a ser yo, animarme a ser la que iniciara esa conversación difícil, ser la primera en hablar, poder defender algo que quería, poder decir que sí cuando sí quería y no cuando no quería, hablar sin tener que pensarlo demasiado, dejar de analizar demasiado las cosas por miedo a hacerle daño a alguien más. Siempre buscaba «pensarlo lo suficiente» (para mí nunca era suficiente) y así no equivocarme tanto, lo que me llevaba a equivocarme el triple. Obviamente nadie nunca puede estar seguro de que todo va a salir bien después de tomar una decisión, pero no se por qué yo me aferraba a esa idea «tengo que estar segura de lo que voy a hacer». Para algunos sonará fácil de vencer,  pero lo mío, a pesar de intentarlo, iba más allá de lo racional. 

Y hasta hoy, he metido tantas veces la pata que he pasado más vergüenzas de las que me hubiera gustado, he cometido más tonterías de las que hubiera querido, me he sentido terriblemente arrepentida más veces de las que hubiera querido, me he reclamado y juzgado a mí misma duramente más veces de las que me parecieran «suficientes» para aprender y me he sentido culpable por el sufrimiento de otras personas mucho más de lo que hubiera imaginado en mi vida… Siempre parecía que ya había sido suficiente… pero al final el miedo seguía siendo más grande que todos los pensamientos que me repitiera para darme valor.

Lo único positivo que puedo admitir a estas alturas es que gracias a todas esas caídas que casi logran acabar conmigo, sigo sabiendo cuál es mi problema y supongo que no puedo seguir esperando otros 10 o 20 años a que alguien me anime o me dé valor, no puedo seguir perdiendo y perdiendo oportunidades para avanzar, así que tengo que hacerlo…

Alguien me dijo que sólo son necesarios 20 segundos de valor (o coraje irracional) para aventarte, y que si no corres aunque sea un mínimo riesgo nunca lo vas a hacer. Creo que llegué demasiado lejos, hasta un punto en el que no me queda de otra, ya debo ELEGIR, lo que debía hacer hace mucho, elegir si voy a dejarme ganar por esto o si voy a empezar a vivir.

Quisiera poder gritarle al miedo ¡Adiós!, pero yo sé que no es tan sencillo, no puede desaparecer para siempre, sé que en cada paso puede volver. Hay que aceptar que ahí va a estar porque es parte del camino y la mejor manera de lidiar con él es negociar paso a paso para ir ganando batallas.

Cómo quisiera que mis decisiones no afectaran a los demás, cómo quisiera que el hecho de que yo dé este paso que me ayude a crecer, no dañara de ninguna forma a los que me rodean, pero tal vez eso es imposible, siempre que se gana también se pierde.

Mmmm… Y entonces, aquí voy… ¿Cómo voy hacerlo? Fácil (¡ja!). Deséenme suerte con esos 20 segundos.

 

Lucía Victoria.

decisión

pensamientos, vida

¿Y cómo no ser feliz?

Es asombroso cómo puedo ir pasando por la calle manejando y al ver a un niño pequeño en su carrito se aparece una sonrisa en mi rostro. Ver a un niño, su carita que refleja esa inocencia perfecta, esa alegría y esas interminables ganas de vivir, ¿cómo permanecer insensible ante eso? Imposible, al menos para mí. Eso me hace recordar que no se necesitan cosas complicadas para disfrutar ésto. Para disfrutar la vida. La cara de tu perro cuando llegas a casa, cómo te recibe después de haber estado todo el día ahí solito, y aún así… ¿hay alguien más en el mundo que se muestre así de feliz al verte todos los días, sin importar lo que haya pasado antes de dejar la casa?. Esos besos y abrazos de la gente que te quiere. Las miradas de todas las personas que te dedicaron unos segundos de su día. El olor de una rica comida que te trae grandes recuerdos. Las risas con los amigos. Los paisajes espectaculares que nos da la naturaleza todos los días. El sentir tu cama fresca después de un día largo y cansado. Sentir el viento en la cara. La infinidad de sensaciones que podemos experimentar con las situaciones que vivimos día a día; sentirnos libres, orgullosos, capaces, llenos de vida, felices… Es asombroso… hermoso… fascinante, todo esto que se nos puso enfrente, tan accesible, para que no tuviéramos que andar buscándolo. Todo esto que nos puso la vida para que fuera facilísimo disfrutarla. Tanto, y tan pequeñísimas cosas qué agradecer. Es entonces cuando pienso: estaría desperdiciando todo esto si no intento hacer de mi vida diaria una oportunidad única para simplemente ser feliz.

 

Lucía Victoria.