Sentir lo que tengamos que sentir

A veces es necesario pasar por tu propia oscuridad para volver a tomar el ritmo.

Si bien es cierto que el tiempo no perdona, que no hay que perderlo en cosas que no nos hacen bien, que es bueno centrarnos en las cosas positivas de nuestra vida y agradecer, también creo que es importante no negar nuestras realidades. Quiero decir, así como podemos ser muy resilientes, aprender de los errores y tomar fuerza de los episodios difíciles que nos toque vivir, también necesitamos esos momentos en los que vivimos nuestro lado más oscuro. Creo que necesitamos darnos algo de tiempo para sentir la tristeza, el dolor, la decepción, el coraje, la frustración, lo que sea que algo nos evoque.

No podemos sólo saltarnos eso. No tenemos que fingir que no está.

Muchas personas tienen miedo de sentir demasiado, le tienen miedo a la tristeza, a la decepción. Yo creo que es algo que es normal vivir en algún momento. Me refiero a que ¿si no fuera bueno llorar cuando estamos tristes o felices, por qué venimos al mundo con unos ojos listos para llorar?, ¿acaso puede alguien vivir alegre todo el tiempo?, ¿si no sintiéramos la tristeza y el dolor podríamos valorar la alegría y la paz?, ¿por qué si hay tantas posibilidades en cuanto a emociones y sentimientos que podemos vivir, tendríamos que experimentar sólo algunos pocos?

En base a mis propias respuestas me atrevería a decir que sentir TODO es necesario.

Y para poder atravesar todo, primero es necesario asumir lo que sentimos, reconocerlo, dejar que se quede el tiempo que tenga que quedarse… y darnos permiso de vivirlo completamente (y de una manera responsable).

A veces además del dolor llega también el sufrimiento, que es diferente. También creo que podemos vivirlo, pero aquí hay que ser más cuidadosos pues hay que saber cuánto tiempo tomarlo. Puede durar el tiempo que queramos, hay personas que lo viven unos días y otras que lo viven hasta que mueren… A veces comenzamos a cambiar nuestros pensamientos, eligimos pensar lo más negativo posible, cargamos rencores, nos sentimos víctimas de todo y de todos, sólo nos centramos en lo oscuro… y podemos seguir así hasta el momento que lo decidamos. Puede llegar un día en el que sintamos que estamos peor que nunca y desde ahí, desde ese hartazgo, desde ese aburrimiento, desde ese como lo quieran llamar, tomar la decisión de dejar de sufrir, por que lo único que nos queda después de bajar hasta el fondo es volver a subir. Puede llegar el día en el que logremos deshacernos de toda esa bola de sentimientos y que al mismo tiempo eso nos haga entendernos y hacernos cargo para poder continuar.

Darnos permiso de sentir y de sacar a nuestro ritmo esos sentimientos es importante para poder seguir; elegir cuánto tiempo vamos a sufrir también.

A ésto es a lo que me refiero cuando hablo de sentir lo que tengamos que sentir…

 

Lucía Victoria.llorarlo

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Vivir completo

Desde pequeños, viendo a los grandes, aprendemos que no podemos o debemos estar tranquilos hasta que tengamos todo bajo control. Los grandes queremos controlar el comportamiento de nuestros hijos, controlar la forma en la que aprenden, controlar que pase lento o rápido el tiempo, controlar la forma en la que nuestra pareja nos demuestra su amor, controlar nuestros sentimientos, controlar lo que hacen o deciden los demás, controlar incluso lo que piensan los demás de nosotros ¿qué loco no?

¿Por qué queremos controlar todo? ¿A qué le tenemos tanto miedo?

Parece que le tememos a vivir, a sentir lo que podemos que sentir, a sufrir lo que podemos sufrir, a amar lo que podemos amar, a emocionarnos con algo, a hacernos ilusiones porque tememos que lo bueno vaya a terminar. La realidad es que no queremos sentir, preferimos vivir a medias que aprender a vivir completo, preferimos “cuidarnos” a nosotros mismos poniendo una barrera, antes que aprender a disfrutar las cosas aún sabiendo que pueden terminar en algún momento.

Hemos aprendido a complicarlo todo. Tenemos voz y no la usamos siempre que podemos, tenemos ojos y no los usamos para expresar sin hablar, tenemos brazos y no los usamos para abrazar todas las veces que podríamos. Es un maldito desperdicio. Una manera de protegernos a nosotros mismos de lo que sea que sintamos como amenazante.

Pero ¿realmente vale la pena? Puede ser que para algunos así sea… y está bien. Sólo detengámonos a poner las cosas en la balanza, después de hacer consciencia, cada quien es responsable de hacer lo suyo.

¿Por qué es importante lo que los demás piensan de nosotros? Si alguien piensa que soy una loca, inmadura, puta o lo que sea, ¿que más da? ¿es necesario que alguien que no tiene relevancia en nuestra vida, piense algo positivo de nosotros? ¿por qué tendríamos que estar preocupándonos por los miles de conceptos diferentes que tienen de nosotros las demás personas? ¡Eso no importa!

¿Es mejor evitar encontrarnos a una persona que decirle todo lo que le queremos decir a la cara? ¿Es mejor no entregar el corazón completo a algo o alguien por si acaso después eso acaba? ¿Es preferible quedarnos con las ganas de hacer algo con tal de que no vayan a pensar algo equivocado de nosotros?

La vida no se detiene, si hacemos o no planes para el futuro, si volteamos o no demasiado al pasado, como sea, la vida continúa. Las cosas pasaron como pasaron, esa es la realidad, no se puede cambiar, unas veces viviremos situaciones incómodas, intensas, duras, tristes; otra veces pasaremos por momentos alegres, bonitos o agradables… Es parte de vivir. Si vamos a sentirnos tristes, pues estemos tristes, no pasa nada. Si vamos a sentirnos incómodos, pues estemos incómodos, si vamos a amar, amemos, sintiéndolo con todo nuestro cuerpo, pues por algo sentimos lo que sentimos. ¿Por qué tanto miedo de sentir? Si precisamente estamos diseñados para eso, ¡SENTIR! ¡Qué bueno que no somos robots!

Entonces, ¿para qué pasar tanto tiempo evitando lo inevitable?

Si alguien tiene algo que decir, que lo diga. Si alguien tiene que confrontar a otra persona, que lo haga. Si alguien necesita ayuda, que pida ayuda. Si alguien tiene dudas o no sabe qué hacer, que pregunte. Si alguien se siente tan mal que necesite llorar, que llore. Ninguno de éstos sentimientos va a durar para siempre.

¿Es mejor vivir a medias que darnos permiso de sentir todo?

Vive lo que es. Disfruta lo que hay. Deja que la vida siga… No te detengas.

Lucía Victoria.

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“Disfruta del pánico que te provoca tener la vida por delante. Vívela intensamente sin mediocridad”

Walt Whitman

Llora.

¿Por qué no?good-cry

Llora todo lo que tengas que llorar, hasta que se vacíe tu cuerpo de esos sentimientos para que quepan otros.

Siente todo el dolor que necesites sentir dentro de ti, vívelo completo, siéntelo en el cuerpo y date cuenta que si le das permiso de estar, en lugar de tratar de evitarlo, ese dolor también va a pasar.

Deja llorar a tu niño interior herido. Date permiso.

Siente cómo esas lágrimas purifican todo y te dejan el camino libre para seguir.

Llora todo lo que tengas que llorar sin limitarte, una hora, un día o dos semanas, pues muchas veces eso es lo único que necesita tu alma para volver a empezar.

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Y después toma responsabilidad por lo tuyo; haz lo que tengas que hacer contigo para estar mejor.

Lucía Victoria.

 

Besos.

Se me antoja uno de esos besos… de esos que no sólo sientes con la boca, de los que empiezan incluso antes de tocarse los labios. De esos en que sientes electricidad al acercarte al cuerpo del otro, cuando te toman por la cintura y tocan tu cara.

De esos que te hacen tirarte hacia adelante, que te jalan desde el pecho y luego todo el cuerpo.

De esos besos que llegan hasta el fondo, hasta el fondo de todo, adentro de tu alma y te llenan por completo.

De esos besos que gritan por sí solos un juramento de pasión, que llegan hasta los sueños y se quedan en la memoria.

De esos que te hacen flotar, que te llevan a escenas de película y te convierten en protagonista.

Esos besos que sus efectos a cualquier nivel se convierten en un asombroso misterio, que no imaginabas que pudieran gustar tanto, que pudieran llenar tanto.

Esos que continúan con la mirada, que te dejan una sonrisa, que te dejan todo.

Lucía Victoria.