opiniones, pensamientos, reflexiones, vida

Lo que NO QUIERES con todas tus fuerzas.

¿Han escuchado a personas decir que no quieren cometer los mismos errores que cometieron sus padres con ellos? ¿Que no quieren ser nunca como fueron sus padres, que están tratando de hacer todo lo contrario, que quieren hacerlo mejor (utilizando un tono como diciendo que sus padres no hicieron un buen trabajo, por lo tanto agradeciendo poco o nada)? ¿Conocen a gente que haya dicho que odia ser de alguna u otra manera? ¿Que busca e intenta de diferentes maneras dejar de tener tal conducta o actitud y no puede hacerlo?

Conozco a algunas personas que han dicho cosas similares, creo que es un problema común.

LUCHAR contra esas cosas no va a funcionar. Es como cuando estamos peleados con alguien, el coraje o el enojo hace que tengamos mucho más presente a esa persona. En lugar de alejarla, la atraemos. En lugar de soltar, nos atamos más. ¿De qué le sirve a la gente estar recordando lo malo, buscarle lo negativo a todo, aferrarse al pasado? A fin de cuentas todo lo «malo» trae también su ganancia, tuvo que haber servido por lo menos para aprender o valorar algo, y además, nos ha hecho ser lo que somos ahora.

“Aquellos que no aprenden nada de los hechos desagradables de sus vidas, fuerzan a la conciencia cósmica a que los reproduzca tantas veces como sea necesario para aprender lo que enseña el drama de lo sucedido. Lo que niegas te somete. Lo que aceptas te transforma.» – Carl Jung.

Podemos cambiar cuando primero aceptamos. Sólo cuando empezamos por apreciar, reconocer y amar las cosas tal cual son, después podremos buscar la manera de transformarlas.

Lucía Victoria.

 

despierta

 

pensamientos, reflexiones, respeto, vida

Si realmente llegáramos a comprender no podríamos juzgar.

otra perspectiva

Siempre me ha interesado éste tema, durante años he estado trabajando con mis ideas irracionales y evitando mis propias suposiciones sobre el concepto que tienen los demás de mi. Sí, para algunas personas es más fácil vivir despreocupadas; supongo que mi historia familiar no me dejó ésta tarea tan fácil, puesto que es una de mis más grandes debilidades, a pesar de que si me detengo a pensarlo sólo un momento regreso pronto a la idea de que no puedo tomar en cuenta todo lo que piensan de mi para sentirme tranquila.

Todos los días lo escucho de las personas que vienen conmigo a consulta, en especial de niños y adolescentes a los que molestan en la escuela o secundaria, «es que me molestan», «me da mucho coraje que me digan cosas, yo no me dejo…», «me da pena pasar al frente porque se van a reír de mi»; pequeños, no saben lo que les espera si siguen preocupándose por todo lo que piensen los demás… pueden acabar como yo jajaja.

En mi trabajo y con las situaciones que vivo a diario he aprendido a ser paciente, a escuchar primero y a no juzgar a la gente sólo teniendo 2 o 3 datos del caso, aunque a veces resulte difícil deslindarse de ciertos prejuicios. Entiendo que para algunas personas no es fácil pensar más allá de lo que quieren ver o suponer, así como comprendo también que la mayoría de ellas son inconscientes del alcance que tienen sus palabras y los graves problemas que pueden crearse a partir de una simple suposición.

Por mi parte, he entendido que siempre hay una explicación, que siempre hay una historia detrás de cada persona, hay una razón por la que actúa así (por horrendo que nos pueda parecer lo que algunas personas hacen). A veces nos atrevemos a decir: «yo nunca hubiera hecho algo así, ¿qué le pasa?, ¿por qué no pensó…?» pero difícilmente podremos saber lo que pasan los demás realmente porque no estamos en sus zapatos; y con ésto me refiero no sólo a estar en la misma situación, sino a que no estamos en su mundo mental, no fuimos criados por las mismas personas, con las mismas costumbres, con esas ideas, miedos, cultura, principios y creencias que le inculcaron desde niño. Solemos pensar que no haríamos «tal o cual cosa» que hacen los demás y a veces terminamos sorprendidos de las decisiones que tomamos ante diversas situaciones.

Hablando de entender para no juzgar, por ejemplo, cuando los hijos nos atrevemos a juzgar a nuestros padres. Un gran número de circunstancias en la vida de las familias pueden llevar a los hijos a crear un concepto negativo de uno de los padres («mi papá fue un irresponsable, nunca se hizo cargo y se fue», «mi mamá no tiene perdón», «mi padre no se merece ni las gracias», “por culpa de mi mamá no pude vivir con mi papá” y podría seguir la lista). Algo parecido pudo haberme pasado, de hecho alguna vez en mi vida llegaron a pasar por mi cabeza pensamientos similares. Con el tiempo fui dándome cuenta que un padre o una madre que podríamos considerar como «malos» llevan cargando historias de vida muy difíciles (lo que no justifica sus actos, aclaro). Ahora he conocido un poco más sobre la vida de mi papá, cómo fue su infancia y adolescencia, lo que me hacía entender mucho acerca de sus decisiones y actitudes; entendí por qué no se pudo quedar. A mi edad y con ayuda de buenos maestros, sé que una de las peores decisiones que podemos tomar es la de juzgar a nuestros padres y lo mejor que podemos hacer es agradecerles, ellos nos dieron la vida y hayan hecho lo que hayan hecho después, nunca podremos saldar esa deuda con ellos. Lo mejor es nosotros mismos acercarnos a ellos con humildad.

Podría decirse entonces que no existen las personas malas, sólo existen personas intentando sentirse bien de maneras equivocadas. A fin de cuentas todos lidiamos nuestras propias batallas, luchamos para salir adelante haciendo lo mejor que podemos, enfrentamos dolor, renuncias, desilusiones, miedos, etc. Cuando recibo gente en el consultorio primero escucho las «terribles» cosas que han hecho y después tengo la oportunidad de conocer su historia de vida; cuando me encuentro con personas que fueron abandonadas, rechazadas, maltratadas en la infancia, puedo ver por un momento frente a mi a ese niño indefenso que se siente desprotegido y que toma decisiones equivocadas para tratar de llenar ese vacío. Entonces en lugar de ver una mujer con sobrepeso puedo ver a una niña que después de sufrir un abuso trató de protegerse de otro ataque escondiéndose detrás de esa gran figura; en lugar de ver a un hombre violento puedo ver a un niño humillado y temeroso que busca protegerse de los supuestos ataques de los otros; en lugar de ver a una mujer que busca muchos hombres puedo ver a una niña abandonada buscando la aprobación de una figura masculina; en lugar de ver a un adicto que no quiere cambiar veo a un niño que piensa que ni su propio padre lo quiso;  la lista podría seguir…

No se trata de justificar todos los horrores humanos, sino de entender. Hay una diferencia muy grande entre éstas dos palabras, y lo que nos pudiera ayudar a comprender un poco a la humanidad (y a no vivir frustrados preguntándonos porqué la gente está tan «loca», «mal», «tonta», etc.) es precisamente tener en mente que no conocemos su historia, pero que debe haber una razón por la que esa persona es lo que es. Si es posible ayudar a hacer un cambio necesario, hacerlo; pero si no, simplemente respetar su vida y continuar con la nuestra.

El estar continuamente juzgando, evaluando, interpretando, suponiendo y creando historias «noveleras» en nuestra mente nos genera inseguridad, rencores y hasta puede llegar a deteriorar nuestras relaciones interpersonales porque cambiamos de actitudes a partir de nuestras suposiciones, y aunque después conozcamos la verdadera historia, esos sentimientos negativos ¡ya los generamos!

Cuando tomamos la decisión de no juzgar, nos estamos dando la oportunidad de encontrar la calma en nuestra conciencia. Además, comprender a los demás no solo nos ayuda a relacionarnos mejor, sino que nos deja con mucha más libertad. Cuando nos acostumbramos a no tomarnos nada personalmente y a soltar personas, cosas o situaciones, no necesitamos depositar nuestra confianza en lo que hacen o dicen los demás como manera de evaluarnos, por lo que estaremos más cerca de ser verdaderamente auténticos.

Lucía Victoria.

«Para juzgar cosas grandes y nobles, es necesario poseer un alma igual de grande y noble.» – Michel Eyquem de Montaigne.

never judge

escritores, vida

Infidelidades necesarias.

new things“He estado intentando convencerme de que abandonar a una persona no es lo peor que se le puede hacer. Puede resultar doloroso, pero no tiene por qué ser una tragedia. Si uno no dejase nunca nada ni a nadie, no tendría espacio para lo nuevo. Sin duda, evolucionar constituye una infidelidad…, a los demás, al pasado, a las antiguas opiniones de uno mismo. Tal vez cada día debería contener al menos una infidelidad esencial o una traición necesaria. Se trataría de un acto optimista, esperanzador, que garantizaría la fe en el futuro…, una afirmación de que las cosas pueden ser no sólo diferentes, sino mejores.”

Éste es un fragmento de “Intimidad”, de Hanif Kureishi, novelista, autor teatral, guionista y director de cine británico. Me encanta porque nos invita a crecer.

Últimamente he estado pensando en esto de cambiar y lo resistente que puede volverse la gente a veces.

Que algo haya sido siempre así, no significa que no necesite cambiarse para mejorar. Tal vez pueda seguir funcionando si se sigue haciendo igual, pero quizá también puede perfeccionarse si se busca renovar.

Que te hayan tocado unos padres que hacían las cosas de cierta manera, porque sus padres también lo hacían así, no necesariamente significa que esa manera sea la mejor para ti y para los que vienen.

Que las cosas siempre se hayan hecho como te lo han dicho los demás, no quiere decir que a ti también te vaya a funcionar.

Que sigas haciendo las cosas así sólo porque ya estás acostumbrado de hacerlo igual toda tu vida, no significa que no lo vas a poder cambiar.

Puedo entender que hay cosas a las que hay que ser leales, pero lo que es una necedad es seguir intentando hacer las cosas de la misma manera cuando sabemos que podríamos hacerlas diferente y mejor. Busca lo que sea mejor para ti, lo que te funcione a ti. Cambia.

Y es que ¿cómo sabes que la manera en la que siempre has hecho las cosas es la mejor si no has probado algo diferente?

Lucía Victoria.

 

fidelidad

ocio, pasiones, pensamientos, vida

Conversación interna. Hablando de las bajas pasiones.

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Yo: Mírala, ahí está una foto de ella.

Super yo: ¿Quién?

Ello: Esa mujer, la que te hizo la vida imposible hace años.

Yo: Está embarazada, mira, se ve muy bonita así de mamá. Me da mucho gusto que vaya a vivir algo tan bonito que yo ya viví, le va a hacer bien. Mmmm, realmente no me hizo la vida «imposible», tampoco tanto, pero sí me hizo llorar… muchas veces… y vaya que se esforzó en lograrlo.

Super yo: No deberías juzgarla sin saber sus razones.

Yo: Hizo lo que quiso con la excusa de que estaba «enamorada» pero aún así nunca pensó en lo que pasaba yo embarazada o ya cuando tenía a mi hijo… apenas era una adolescente y ya tenía un hijo y además de eso tenía que vivir preocupada todo el tiempo de qué era lo que iba a pasar cada día, si el papá iba a estar conmigo o iba a pasar algo con ella. No le importó nada de eso nunca y mucho menos pensó en lo que podía sufrir mi hijo con las consecuencias.

Super yo: ¿Qué no uno de los cuatro acuerdos dice que no te tomes nada personal? Entonces ella no lo hizo por molestarte, si salió con tu novio, a pesar de que él y tu tenían una relación y un hijo, fue porque estaba enamorada, fue por ella, no por ti.

Yo: Mmmm, pues sí, de hecho, aunque me cuesta trabajo aceptarlo porque ¡fueron años!, años de sufrir por lo mismo… y ella parecía que se empeñaba en hacerme saber lo que hacía con el. ¡Si hubiera sido sólo por amor ni al caso que me «avisara» lo que hacía con él para que los descubriera, lo hacía para que yo sufriera! Pff, mira ya ya ya, eso ya fue hace mucho tiempo, ya no he sabido nada de ella. No creo que siga siendo como en ese entonces. Además creo que tengo un recuerdo de que me pidió disculpas una día.

Ello: ¡Ay, por favor! ¡Te pidió disculpas y lo siguió haciendo! Eso no vale como disculpa, además como si sólo bastara con unas disculpas… Ahora que es madre y está en la misma circunstancia que tú cuando ella hizo hasta lo imposible por arruinar tu relación con el papá de tu hijo, alguien debería hacerle lo mismo.

Super yo: Claro que no. Además, ¡¿qué no es más responsable aquí el hombre quien sí tenía una relación contigo?!

Yo: Mmm pues sí, él primeramente… pero ella también lo hacía con ganas de fregar y lo sabes. Si alguien le hiciera lo mismo por fin podría sentir todo lo que me hizo pasar, ahora sí tiene lo mismo qué perder.

Ello: Arruina la confianza que hay en su relación. Solo bastan unos mensajes.

Yo: Es algo muy tentador.

Super yo: Tu perfectamente sabes las consecuencias que puede llegar a tener que hagas algo así.

Ello: Sólo que sienta un poquito de celos y miedo de quedarse con su hijo y sin el papá. No tiene que llegar a divorciarse ni nada por el estilo, solo miedo y desconfianza para que se de cuenta de lo que quiso hacer antes contigo. ¡Además todavía después de años sigue haciéndose presente para estar en contacto con su familia sabiendo que tú te das cuenta! ¡¿No puede controlarse?! ¡Qué coraje! !Nunca respetó la relación! Pffff…

Super yo: ¿No que ya no importaba? Mmm… como sea, sólo por quitarte esas estúpidas ganas no vas a arruinar la vida de un niño.

Ello: No tiene nada que ver con el niño.
 Además son consecuencias de sus actos también, no solo sería mi culpa.

Super yo: Sabes que unos simples mensajes pueden llegar a convertirse en una depresión, en una relación violenta, ¡en lo que sea! Sabes que una madre deprimida es una carga muy muy grande para un niño y que tiene graves consecuencias para el resto de su vida. No puedes saber qué es lo que realmente va a pasar con ella y no vas a arriesgarlo todo por un simple deseo de venganza.

Yo: Mmm si ya lo se, pues ya qué. Además no se ni qué ganaría.

Ello: ¡Esa deliciosa sensación de satisfacción!

Yo: ¿Por cuánto tiempo? Unos minutos seguramente. Después me pondría a pensar que no sirvió de nada, sólo para complicarle la vida a alguien que ni tiene la culpa de lo que hacen sus padres.

Ello: Pfff, olvídalo entonces.

Super yo: No es posible que lleves años pensando en eso.

Yo: No he pensado en eso durante años, sólo la vi así y me acordé de cosas…

Super yo: Ya deja ese asunto por la paz, fue hace mucho tiempo, tal vez ella ya ni se acuerde.

Ello: ¿Y eso qué? ¡Por eso! anda por la vida como si no hubiera pasado nada, muy feliz como si siempre hubiera sido una blanca paloma. ¡Que pague!

Yo: «No te tomes nada personal, nada de lo que hacen las otras personas tiene que ver contigo, lo que hacen es porque piensan que eso es lo mejor para ellos mismos…» Respira, piensa…

Super yo: Bueno pues, ¿qué sería entonces lo que te dejaría satisfecha?

Ello: ¿Que sienta lo mismo?

Super yo: ¿Y eso en qué forma te ayudaría a ti?

Ello: Pues en darle lo que creo que se merece.

Super yo: Tu no puedes saber qué es lo que la gente se merece. Y ¿podrías seguir tu vida tranquila sabiendo que hiciste el mismo daño en la vida de alguien, tomando una decisión totalmente consciente de lo que podría causar?

Yo: No. Supongo que nada me hará sentir completamente satisfecha. Mi vida seguiría siendo totalmente igual, nada se puede ya borrar.

Super yo: ¿Y entonces?… «Ojo por ojo y el mundo acabará ciego»…

Yo: Lo mejor será aceptar las cosas como pasaron y dejar que cada quien siga su vida de la mejor manera.

Ello: Mmmm… pues si ¡ya qué!

Super yo: Eso es lo correcto.

Ello: Sí, aha…

Yo: (Mirando la fotografía) Se ve muy bonita así, la verdad es que sí espero que le vaya bien.

Lo que me hacen inventar las tardes de ocio.

Lucía Victoria.

vida

¡Eso ya fue!

«Ojalá pudieras darte cuenta que ESO YA PASÓ» pienso mientras escucho a algunos pacientes hablar sobre cosas que les hicieron daño hace ya varios años, buscando formular las preguntas adecuadas para que den con la respuesta que les permita darse cuenta que hay que soltar las cosas del pasado que ya no les sirven para nada bueno. Algunas de esas veces me interrumpen ideas que me hablan a mí, no a ellos, diciéndome que «primero hay que tomar los consejos que damos a otros», que tal vez yo también tengo cosas que no he querido soltar, que muchas veces ya he pensado que estoy mal… y revolotean por mi cabeza más y más ideas que se vuelven paradójicas y acabo sin una respuesta correcta… «correcta» ¡ja!, esa maldita palabra que siempre me amenaza. Me pregunto, ¿cómo es posible llegar al punto en que te enredas a tí mismo en una camisa de fuerza de rencores y culpas sin poder desatarte tu mismo?, ¿cómo es posible culpar a otras personas de eso que decidiste cambiar dentro de tí, cómo una persona pudiera tener el mágico poder de modificar tu forma de comportarte, si es algo que ni siquiera es posible tocar?: pareciera simplemente imposible hacer algo así; pero recordé lo difícil que a veces se vuelve sacar el rencor, lo fácil que se vuelve echarle la culpa a algo externo para volvernos víctimas, no tener que comportarnos como verdaderos adultos y hacernos cargo, recordé que entonces para dejar todo eso atrás se necesita tener una fuerte decisión y dejar de ser niños berrinchudos, y a mí me etiquetaron hace tiempo como una persona indecisa, ¡qué gran problema! jaja pero creo también que tomé la decisión de dejar de ser indecisa en ese momento, lo que debería haberme ayudado a solucionar lo primero… justamente así empiezan a lloverme las ideas… ¿me estoy volviendo loca? jajaja no cabe duda que nuestra mente se puede convertir en nuestro peor enemigo. Al final lo único que sé es que TODO ESO ya pasó.

 

Lucía Victoria.