reflexiones, relaciones, vida

Ya no estamos para morir de miedo…

Afortunadamente llega un momento en la vida en la que nos damos cuenta que ya no estamos como para seguir teniendo miedo… que ya no estamos para engañarnos a nosotros mismos… que ya no estamos para seguir pensando que los demás pueden adivinar lo que sentimos o para esperar a que el otro diga algo primero, que ya no estamos para preocuparnos por andar bien peinados, que ya no estamos para pretender, para disimular algo que no es o para preocuparnos por el qué dirán, que ya no estamos para aguantarnos lo que no nos hace bien, ni convivir con personas que no queremos ver más, para posponer planes, decisiones, palabras, besos o abrazos…

Ese momento en el que entendemos que el tiempo sigue pasando y que ya no estamos para seguir perdiendo vida.

Lucía Victoria.

 

ya no estamos

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pensamientos, reflexiones, vida

Humildad.

Ser humilde no es sencillo, pareciera que se tratara solamente de no demostrar que nos sentimos superiores o más importantes que otros pero la realidad es que va mucho más allá. Es un trabajo constante, de estar alerta a nuestros propios sentimientos, pensamientos y acciones.

Es reconocer que todos tenemos derecho de pertenecer a éste mundo; reconocer que no somos cómo nos vemos, lo que tenemos, ni siquiera lo que sabemos; aceptar que no tenemos la razón; entender que algunas veces es más sabio callar; respetar el destino de cada persona, respetar que tiene derecho de pensar como lo hace y que la forma en la que siente tiene una razón que puede ir más allá de nuestra comprensión; es reconocer en otros las virtudes y en nosotros mismos lo que aún podemos mejorar sin sentir que eso nos hace menos, sino tomándolo como parte de la vida y permaneciendo abiertos al aprendizaje. La humildad nos permite no necesitar llamar la atención, no sentirnos tranquilos sólo cuando alguien más nos ve, sentirnos en paz a pesar de pensar que alguien más nos juzga en ese momento; nos permite saber que todos tenemos historias que nadie conoce y momentos diferentes en que abrimos los ojos.

Quien cree que ya lo sabe todo no aprenderá más. Quien cree que merece todo vivirá en disgusto. Quien se reconoce como uno igual a los demás en un todo vivirá agradecido.

Sólo a través de la humildad podremos conocer el amor verdadero, el amor a todo tal como es, porque después de sentir que todo tiene razón de existir, descubrimos el amor puro hacia nosotros mismos, formando parte del todo.

Lucía Victoria.

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pasiones, pensamientos, vida

Sentir lo que tengamos que sentir

A veces es necesario pasar por tu propia oscuridad para volver a tomar el ritmo.

Si bien es cierto que el tiempo no perdona, que no hay que perderlo en cosas que no nos hacen bien, que es bueno centrarnos en las cosas positivas de nuestra vida y agradecer, también creo que es importante no negar nuestras realidades. Quiero decir, así como podemos ser muy resilientes, aprender de los errores y tomar fuerza de los episodios difíciles que nos toque vivir, también necesitamos esos momentos en los que vivimos nuestro lado más oscuro. Creo que necesitamos darnos algo de tiempo para sentir la tristeza, el dolor, la decepción, el coraje, la frustración, lo que sea que algo nos evoque.

No podemos sólo saltarnos eso. No tenemos que fingir que no está.

Muchas personas tienen miedo de sentir demasiado, le tienen miedo a la tristeza, a la decepción. Yo creo que es algo que es normal vivir en algún momento. Me refiero a que ¿si no fuera bueno llorar cuando estamos tristes o felices, por qué venimos al mundo con unos ojos listos para llorar?, ¿acaso puede alguien vivir alegre todo el tiempo?, ¿si no sintiéramos la tristeza y el dolor podríamos valorar la alegría y la paz?, ¿por qué si hay tantas posibilidades en cuanto a emociones y sentimientos que podemos vivir, tendríamos que experimentar sólo algunos pocos?

En base a mis propias respuestas me atrevería a decir que sentir TODO es necesario.

Y para poder atravesar todo, primero es necesario asumir lo que sentimos, reconocerlo, dejar que se quede el tiempo que tenga que quedarse… y darnos permiso de vivirlo completamente (y de una manera responsable).

A veces además del dolor llega también el sufrimiento, que es diferente. También creo que podemos vivirlo, pero aquí hay que ser más cuidadosos pues hay que saber cuánto tiempo tomarlo. Puede durar el tiempo que queramos, hay personas que lo viven unos días y otras que lo viven hasta que mueren… A veces comenzamos a cambiar nuestros pensamientos, eligimos pensar lo más negativo posible, cargamos rencores, nos sentimos víctimas de todo y de todos, sólo nos centramos en lo oscuro… y podemos seguir así hasta el momento que lo decidamos. Puede llegar un día en el que sintamos que estamos peor que nunca y desde ahí, desde ese hartazgo, desde ese aburrimiento, desde ese como lo quieran llamar, tomar la decisión de dejar de sufrir, por que lo único que nos queda después de bajar hasta el fondo es volver a subir. Puede llegar el día en el que logremos deshacernos de toda esa bola de sentimientos y que al mismo tiempo eso nos haga entendernos y hacernos cargo para poder continuar.

Darnos permiso de sentir y de sacar a nuestro ritmo esos sentimientos es importante para poder seguir; elegir cuánto tiempo vamos a sufrir también.

A ésto es a lo que me refiero cuando hablo de sentir lo que tengamos que sentir…

 

Lucía Victoria.llorarlo

opiniones, pensamientos, reflexiones, vida

Yo elijo darle vuelta a la página.

Muchas cosas han pasado antes y a veces puede ser difícil dejar ir algunas de ellas, pareciera que mientras más nos aferramos al pasado es más sencillo no tener que esforzarnos por mover un dedo o por cambiar una idea.

Hay gente que pasa toda una vida sintiéndose mal por lo que los demás “les han hecho sufrir”, por el daño que se les ha causado. Toda una vida de martirios y autocompasión. Lo cierto es que, como lo he escrito antes, todo tiene un lado luminoso y uno oscuro, por lo tanto cuando buscamos la ganancia de vivir fijándonos en “todo lo malo que nos han hecho” podremos encontrar esa comodidad de sentarnos a esperar a que nuestro alrededor cambie… algo que probablemente no pasará.

Aunque con esa cierta comodidad también venga una incapacidad de hacernos responsables como adultos. Esa responsabilidad de retirarnos de lugares que no nos hacen bien, de tomar decisiones por muy difíciles que sean, de cargar las consecuencias de esas decisiones, de cambiar un pensamiento o manera de ver las cosas que sólo nos están haciendo daño, de ver hacia dentro de nosotros y aceptar los miedos más grandes que tenemos.

Y es que muchas veces no es fácil dejar ir…

Dejar ir es para valientes, para los que se atreven a quitarse el traje de víctima, para los que pueden hacerse responsables de sus decisiones, para los que pueden encargarse y tomar fuerza para comenzar a vivir desde el adulto en vez de seguir viviendo como niños que dependen de alguien más para cubrir sus necesidades emocionales.

También creo que el dejar ir está relacionado con la capacidad para ser humilde. Para dejar ir se requiere de cierta apertura del corazón, de un alma en paz con el universo, de esa sencillez que nos permite ver que todos somos personas imperfectas con historias que nos han marcado y que nadie es menos o más que nadie.

Creo que dejar ir es para los fuertes. Ojalá cada vez haya más gente en el mundo que se permita buscar y encontrar su propia fuerza.

Mientras tanto yo hago lo mío; elijo darle vuelta a la página.

 

Lucía Victoria.

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Hablando conmigo

Mientras manejo a casa veo un conductor metiéndose a la fila y desobedeciendo las señales de tránsito.

Dentro de mi:

Ello: ¡Ahí va otro pen…! ¡No se meta! ¡Espere haciendo fila como todos los demás! Seguro es un señor que siempre hace lo que se le da la gana… ¿Por qué hay gente así?

Yo: Tú siempre hablando como si tu fueras mejor que todos.

Super yo: Acuérdate de no juzgar a la ligera, realmente no sabes por qué hacen las cosas los demás.

Yo: Sí, tienes razón ¿qué tal si lleva mucha prisa porque tiene una emergencia, un familiar grave o algo así?

Ello: ¡Ay sí! seguramente todos tienen algo urgente, entonces media ciudad tiene gente muriéndosele porque todos manejan como unos idiotas.

Super yo: Bueno ya, tu puedes mantener la calma, tienes cierta consciencia.

Yo: Pfff… ¿Y si dejas de perder el tiempo en hacer corajes por lo que hacen los demás? Ya analizaste demasiado. A otra cosa… súbele a la música.

Comienzo a cantar y relajarme, mientras las otras personas me ven.

Ello: Todos me ven con cara de loca, debe ser porque ellos no saben divertirse. Si yo quiero bailar mientras manejo, ¡bailo!

Super yo: ¿Cómo sabes que te ven y piensan eso? ¡Deja de creerte que sabes todo!

Yo: Parece que se te olvida ser más humilde. Para eso estoy aquí, para recordártelo.

Ello: También podrías sólo dejar de pensar tanto… ¡Qué aburrida! Deja eso ya…

Yo: Ok yaaaaaaaaaaaaaaa. ¡Mente en blanco!

Canto mientras pienso algunas otras cosas.

Llego a la casa, pongo música y sólo bailo. Apago la mente y empiezo a sentir.

Y después de un buen rato… volvemos a empezar. Y así todas las veces que quepa ésto en un día.cropped-overthinking_wallpaper_by_pipa10-d5v8nri2.jpg

pensamientos, vida

La vida da muchas vueltas

Hasta mis 29 años descubrí que los dichos populares, refranes y proverbios no son sólo palabras para leer y pensar; son las verdades más grandes del universo. O por lo menos, de mi universo.

 

Para mi es verdad que vemos el mundo como somos.

Que reconocemos en los demás lo que tenemos dentro.

Que la vida da muchas vueltas, a veces te toca estar en el lugar de la persona que menos pensaste. Algunas veces hablarás y juzgarás a alguien pero otras veces alguien te juzgará a ti. Algún día le ayudarás mucho a alguien y otras veces alguien te ayudará. Puede ser que un día te sorprendas haciendo lo mismo que esa persona que hace 5 años pensaste que estaba loca o tonta. Ser humilde ayuda a ver lo maravilloso que es esto.

Que el universo nos cumple lo que pensamos todos los días. He podido comprobar que ese alguien que está allá arriba te puede conceder a su manera algo que aunque dijeras que no querías, no te cansabas de pensar o decir.

Que tal vez no comprendas cómo alguien puede sufrir tanto por algo hasta que te toca vivir algo parecido a ti.

Que no se puede vivir en el pasado o en el futuro porque se te acaba el presente.

Que los ojos son la ventana del alma.

Que mucha gente si puede cambiar y que habrá también gente que siempre será igual.

Que todo lo que vale la pena vivir, trae consigo también una parte difícil. Y nosotros decidimos qué pesa más para nosotros en la balanza.

Que cuando no dejas salir una emoción probablemente vayas a enfermar.

Que somos tercos al tratar de cambiar lo que piensan los demás para que piensen como nosotros queremos.

Que nosotros elegimos todos los días de qué alimentamos nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestra alma.

Que nada se compara a estar en paz con papá y mamá.

Que si no renuncias a algo y te das el tiempo suficiente puedes disfrutar del aprendizaje que viene al final de la crisis. Que a veces valdrá la pena quedarse y otras veces será mejor irse, pero siempre verás con el tiempo las consecuencias.

Que para ser grande, primero tienes que aprender a ser pequeño. En muchos sentidos…

Que la locura a veces no está tan mal después de todo.

Que es mejor ocuparnos de entendernos a nosotros mismos antes de tratar de hacer que los demás nos comprendan.

Definitivamente la vida da muchas vueltas… y ahora trato de aprovechar cada una. Si no, ¿cuál sería el chiste?

Lucía Victoria.

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Él

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Ser su mamá es lo más  difícil que me ha pasado en la vida. Primero fue lo que más temía, sentir que no podría decirle a nadie por el miedo a lo que vendría después, estar ese día en el quirófano con esa luz que no me dejaba ver nada, no saber qué le iban a hacer a mi cuerpo para que él saliera de ahí; tener un hijo a los 16 años era algo que nunca hubiera planeado, tener que cuidarlo, bañarlo, darle de comer y hacer todo yo sola se veía como algo tan peligroso a pesar de que había gente que me pudiera ayudar. Fue lo más cansado que me haya pasado, desvelarme por ver si dormido aún respiraba, ver si necesitaba algo todo el tiempo, cuando iba creciendo seguirlo por toda la casa para que no fuera a lastimarse con algo. Fue lo más desconcertante que me haya pasado, empezar a repartir mis horas del día, una parte para estudiar y seguir siendo una adolescente y otra para darle lo mejor que podía. Fue lo más asombroso que me haya pasado, cómo una personita que antes no estaba ahora estaba ahí y había salido de mi cuerpo. Fue lo más amoroso que me haya pasado, nunca había sentido tanto amor por una sola persona, es como si en todo mi cuerpo no cupiera tanto… darme cuenta que era afortunada de tener a personas que me ayudaron a cuidarlo, me enseñaron como hacer todo, me acompañaron todo el tiempo. Hasta hoy, ser su mamá es lo más difícil que me ha pasado, el no poder protegerlo de todo y de todos, incluso no poder protegerlo de mi misma con todos mis errores; querer que siempre sea feliz es imposible y muchas veces dejar que la vida siga su curso y dejarlo aprender algunas cosas aunque le causen tristeza, duele en el alma.

Él es lo más difícil que me ha pasado, pero también es lo mejor que pudo haberme pasado. Es el que me enseña algo todos los días, el que me hace ver que mi amor es aún más grande que cualquier situación difícil, la razón más importante por la que no dejo de querer ser mejor persona, lo más bonito que he tenido en mi vida. ❤

Lucía Victoria.