opiniones, pensamientos, reflexiones, respeto, vida

Lo que sentimos con las redes sociales.

¿Cuántas veces han escuchado a alguien hablando de lo que los demás suben a sus redes sociales? ¿Cuántas veces han escuchado algo como “¿terminaron? pero si se veían tan felices en sus fotos…” o “nunca sube foto con ella, seguro está tratando de ocultar algo”? ¿Cuántas veces han escuchado juicios en base sólo a lo que hay en una red social?

Esos que creen que los que suben muchas fotos a Facebook están desesperados por llamar la atención, o los que creen que las personas que comparten todo lo que hacen en pareja están fingiendo, o los que por no compartir tantas cosas como alguien más se sienten mejores personas que ese otro… todos pueden estar equivocados y todos pueden estar en lo correcto.

Todos llegamos a lo mismo, juzgar o suponer de los demás por medio de las redes, al final de cuentas, todos estamos metidos en el mismo círculo, una manera de pensar que adoptamos gracias a que empezamos a usar esto. Algunos piensan que alguien está pasándola mal porque no ha compartido nada en mucho tiempo, algunos piensan todo lo contrario. La verdad es que una persona que comparte muchas fotos con su pareja puede estar muy feliz en su vida real o puede estar muy triste pero hay momentos en su día en que esas fotos le dan algo de luz… puede estar trantando de demostrarle algo a alguien o solo quiere compartir su felicidad… puede sentirse segura o insegura… puede estar en un momento bonito de su relación o puede estar en la peor crisis… no lo podemos saber a menos que nos acerquemos de verdad.

No se olviden que las redes sociales están llenas de momentos, solo instantes dentro de los días y de las vidas de las personas. Entre una foto y otra puede haber mucho más. Las redes sociales no son vidas. Las redes sociales no sustituyen el contacto humano.

Juzgar menos, acercarnos más.

Lucía Victoria.

 

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Vivir completo

Desde pequeños, viendo a los grandes, aprendemos que no podemos o debemos estar tranquilos hasta que tengamos todo bajo control. Los grandes queremos controlar el comportamiento de nuestros hijos, controlar la forma en la que aprenden, controlar que pase lento o rápido el tiempo, controlar la forma en la que nuestra pareja nos demuestra su amor, controlar nuestros sentimientos, controlar lo que hacen o deciden los demás, controlar incluso lo que piensan los demás de nosotros ¿qué loco no?

Las personas complicamos todo. Lo complicamos para no tener que enfrentarnos a nuestros miedos. Cuando hay conflictos evitamos hablarlos como si así desaparecieran, cuando sentimos algo lo callamos hasta que no podemos más, cuando alguien piensa diferente o vive diferente algún asunto preferimos señalarlo como un error en lugar de hacernos más flexibles y adoptar nuevas posturas o pensamientos que atenten contra lo que nos hace sentirnos seguros (lo que ya conocemos); preferimos vivir como se nos enseñó en lugar de probar nuevas formas, preferimos vivir a medias que aprender a vivir todo lo que podemos, preferimos “cuidarnos” a nosotros mismos poniendo una barrera, antes que aprender a disfrutar las cosas aún sabiendo que pueden terminar en algún momento. Tenemos voz y no la usamos siempre que podemos, tenemos ojos y no los usamos para expresar sin hablar, tenemos brazos y no los usamos para abrazar todas las veces que podríamos. Es un desperdicio. Una manera de protegernos a nosotros mismos de lo que sea que sintamos como amenazante.

¿Por qué queremos controlar todo? ¿A qué le tenemos tanto miedo?

Parece que le tememos a vivir, a sentir lo que podemos que sentir, a sufrir lo que podemos sufrir, a amar lo que podemos amar, a emocionarnos con algo, a hacernos ilusiones porque tememos que lo bueno vaya a terminar. Tenemos miedo de que vaya a doler…

¿Realmente vale la pena seguir toda la vida pensando igual, sintiendo igual, haciendo lo mismo? ¿Es mejor evitar encontrarnos a una persona que decirle todo lo que le queremos decir a la cara? ¿Es mejor no entregar el corazón completo a algo o alguien por si acaso después eso acaba? ¿Es preferible quedarnos con las ganas de hacer algo con tal de que no vayan a pensar algo equivocado de nosotros? ¿Por qué es importante lo que los demás piensan de nosotros?

¿Por qué no darnos permiso de cambiar nuestros esquemas mentales? ¿Por qué no cuestionar y refutar nuestras propias ideas?

La vida no se detiene, algunas veces viviremos situaciones incómodas, intensas, duras, tristes; otra veces pasaremos por momentos alegres, bonitos o agradables… Es parte de vivir. Pero no podemos experimentar muchas cosas si seguimos anclados por miedo. Al fin y al cabo, si vamos a sentirnos tristes, pues estemos tristes un tiempo. Si vamos a sentirnos incómodos, pues estemos incómodos, si vamos a amar, amemos, sintiéndolo con todo nuestro cuerpo, pues por algo sentimos lo que sentimos. Si vamos a darnos cuenta de que estábamos equivocados, podemos reconocerlo y seguir aprendiendo. ¡Es normal que sintamos muchas cosas! ¡Estamos vivos! No podemos evitarlo… ¿por qué queremos evitarlo?

Si alguien tiene algo que decir, que lo diga. Si alguien tiene que confrontar a otra persona, que lo haga. Si alguien necesita ayuda, que pida ayuda. Si alguien tiene dudas o no sabe qué hacer, que pregunte. Si alguien se siente tan mal que necesite llorar, que llore. Ninguno de éstos sentimientos va a durar para siempre.

Las creencias irracionales se encuentran en la mayoría de nuestros problemas. Buscar la creencia irracional que tenemos y cambiarla puede hacer un gran cambio en nuestra vida. Empezar a decir ‘Sí’ a lo que siempre hemos dicho que no, es un buen comienzo.

Eso que no quieres sentir, siéntelo y deja que la vida siga…

 

Lucía Victoria.

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“Disfruta del pánico que te provoca tener la vida por delante. Vívela intensamente sin mediocridad”

Walt Whitman

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Llora.

¿Por qué no?good-cry

Llora todo lo que tengas que llorar, hasta que se vacíe tu cuerpo de esos sentimientos para que quepan otros.

Siente todo el dolor que necesites sentir dentro de ti, vívelo completo, siéntelo en el cuerpo y date cuenta que si le das permiso de estar, en lugar de tratar de evitarlo, ese dolor también va a pasar.

Deja llorar a tu niño interior herido. Date permiso.

Siente cómo esas lágrimas purifican todo y te dejan el camino libre para seguir.

Llora todo lo que tengas que llorar sin limitarte, una hora, un día o dos semanas, pues muchas veces eso es lo único que necesita tu alma para volver a empezar.

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Y después toma responsabilidad por lo tuyo; haz lo que tengas que hacer contigo para estar mejor.

Lucía Victoria.

 

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Intentar demasiado.

Pues bien, lo he pensado durante años y al fin he llegado a una conclusión.

Si me preguntan a mí, yo creo que la mayoría de mis equivocaciones a lo largo de mi vida pueden resumirse en un único error reproducido en diferentes situaciones: he sentido que tengo tanto amor para dar al mundo que he querido hacer feliz a muchas personas de maneras incorrectas, poco ortodoxas o que pocos entienden. Fue muy soberbio de mi parte pensar que yo tenía tanto más que los demás, que la felicidad de otros dependía de mi y obviamente tampoco me daba cuenta que no me quería más a mí misma que a los demás, eso era lo que sí hacía que todo esto estuviera muy equivocado, pero eso hace tiempo lo entendí. El “dar amor” no era el error; el error era hacerlo porque en el fondo necesitaba ser vista y valorada por las personas, era un vacío que nunca se llenaría porque el único que podría llenarlo es papá. Sé que no es fácil de aceptar para los demás… no importa, yo ya lo entendí, lo acepté y vivo feliz.

Lucía Victoria.

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Demasiado tarde.

Creo que aprender de nuestros errores y pedir perdón es muy importante, y sí, también creo que en tales casos más vale tarde que nunca. Pero también es importante saber que la vida que te rodea no se detiene para esperar a que te des cuenta de las cosas. Y para algunas personas, cuando te das cuenta, ya es demasiado tarde.

Lucía Victoria.

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Haz, di, usa lo que quieras… No tienes nada que demostrar.

No creo tener qué demostrarle nada a nadie, no me interesa lo que “crean” de mi. No pienso que sea necesario eso de intentar dar explicaciones a todo el mundo o querer quedar bien con terceras personas.

A estas alturas de mi vida ya aprendí que yo vivo para mi y no para los demás y se que hay otras personas que aún no se dan cuenta de eso (porque pasan mucho tiempo hablando de lo que hacen los demás “bien o mal”). Además, creo que cuando alguien se esfuerza demasiado por demostrarle algo a los demás sin que se lo pidan (algo que vemos muy seguido ahora con las redes sociales: demostrar que su pareja es “la/el mejor”, que su vida “es la mejor”, que se es feliz…), probablemente esté tratando de convencerse de eso a sí mismo porque algo falta.

También sé que aún tengo muchas cosas (que otras personas ven en mi y yo aún no he terminado de darme cuenta) que me faltan aprender por mí misma… Pero yo entiendo que cada persona aprende en el momento en el que está destinado a hacerlo y respeto eso. Creo que si pensamos que alguien se va a equivocar o está haciendo algo mal, está perfecto; para nosotros será obvio (desde nuestro punto de vista, claro…), pero la otra persona estará avanzando un escalón más para aprender alguna lección cuando sea su momento. He aprendido a respetar ese proceso. Si no respetamos a las personas que no han podido cambiar, si deseamos, nos quejamos o insistimos en que cambien, no podremos avanzar. Cuando alguien no cambia es por su fidelidad al pasado. No puede cambiar. Siempre hay una razón, y no todos podrán llegar a entenderla, simplemente hay que aceptar que cada uno es como tiene que ser, exactamente como tiene que ser. Hay que aceptar a esa persona, no juzgarla. Porque además, muchas veces etiquetamos a las personas describiéndolas con dos o tres características, pero cuando intentamos hacer eso perdemos el tiempo. Las personas somos mucho más que eso. Somos algo diferente a cada momento y en cada circunstancia.

Nunca vas a poder agradarle a todo el mundo, así que si tienes una opinión, defiéndela, como sea nadie tiene la verdad absoluta. Cuando tengas un error, acéptalo, de cualquier manera todo mundo se equivoca, no es la gran cosa… pero eso sí, no todo mundo acepta que se ha equivocado. Y entonces, aquellos que no asumen cuando se equivocan, ¿cómo se supone que van a aprender algo si ya son perfectos?

Todos vamos por nuestro camino aprendiendo a nuestro ritmo, por lo tanto, mientras tú sepas quién eres, no tienes nada qué demostrarle a los demás.

Lucía Victoria.

“Tienes tanto derecho a ser como eres, como yo tengo el derecho de ser tal como soy. Por favor quiéreme tal y como soy.” Bert Hellinger.

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